Arte

Opinión | Sublevaciones. El levantamiento como objeto de exposición


Por Paola Eguiluz | Marzo, 2018

“Tienes que aprender a dejar de ser tú mismo. Ahí es donde empieza, y todo lo demás viene de ahí. Debes dejarte evaporar. Dejar que tus músculos se relajen, respirar hasta que sientes que tu alma sale de ti, y luego cerrar los ojos. Así es como se hace. El vacío dentro de tu cuerpo se vuelve más ligero que el aire que te rodea. Poco a poco, empiezas a pesar menos que nada. Cierras los ojos; extiendes los brazos; te dejas evaporar. Y luego, poco a poco, te elevas del suelo”.

Paul Auster, Mr. Vértigo.

Este año, el cincuenta aniversario del movimiento estudiantil y una serie de manifestaciones de carácter social acompañarán las elecciones federales de México. Basta con entrar a una página de noticias para leer una gran lista de inconformidades que hay en el país: marchas exigiendo la presentación con vida de los normalistas, el descontento de los damnificados por el sismo del 19 de septiembre, paros en facultades universitarias por casos de violencia sexual hacia alumnas. Y si decidimos dirigir la mirada hacia el exterior, nos toparemos con la construcción de un muro fronterizo, bombardeos contra civiles, la situación que enfrentan miles de refugiados, tiroteos en escuelas y un largo etcétera. En efecto, el panorama resulta desalentador, pero lejos de paralizarnos, ¿qué podemos hacer con tanta consternación?

Sublevaciones, exposición curada por el historiador de arte y filósofo francés Georges Didi-Huberman (Francia, 1953), trata sobre los afectos. A través de materiales históricos y artísticos, se despliega una amplia investigación acerca del gesto de los levantamientos. De cómo, a raíz de una pérdida o injusticia, se inmoviliza el pensamiento y el cuerpo, y pese a ello —en esos momentos de incertidumbre— es capaz de surgir el deseo del levantamiento, de hacer algo, de sublevarse. Al confrontar al opresor en la colectividad y trasladar el cuerpo al espacio público, se ponen en movimiento una serie de fuerzas que originan nuevas gestualidades. Es aquí donde el gesto se convierte en imagen y ésta, a su vez, se transforma en objeto.

A lo largo de los cinco núcleos que componen la exhibición: Elementos (desencadenados); Gestos (intensos); Palabras (exclamadas); Conflictos (encendidos); y Deseos (indestructibles), Didi-Huberman, despliega decenas de imágenes y las reorganiza para mostrar que los levantamientos pueden ir desde un mínimo gesto corporal hasta una protesta multitudinaria. Así es como un puño al aire, una mujer cargando una bandera, un grito en medio de un paisaje desolado, un cartel desgarrado, un grupo de hombres cubriéndose detrás de una barricada construida de papel, una mano lanzando una piedra, niños jugando a la guerra durante la guerra, un manifiesto, un persona fumando un cigarro antes de ser fusilado, hasta una aglomeración de personas reunidas frente a un cuadro, poseen la misma relevancia en su discurso.

Si bien es cierto que para muchos curadores el cuestionamiento al cubo blanco ha sido rebasado, para el filósofo francés resulta preocupante que un espacio tan prístino, como la sala de un museo de arte contemporáneo, neutralice la potencia de las imágenes y, en el peor de los casos, contradiga la esencia misma del levantamiento. A pesar de su inquietud, la muestra logra diluir la sensación de discontinuidad y a su vez, borra cualquier limitación temporal o espacial que pudiese poseer una exposición concebida en otro contexto y con referencias tan locales. Lo interesante de la itinerancia de esta muestra en particular, es ver cómo surgen nuevas lecturas a medida que se van incorporando otras obras en cada una de las sedes que se presenta. Tanto en París, Barcelona, Montreal, Buenos Aires como en la Ciudad de México, la curaduría se convierte a sí misma en un modelo de investigación y un acto performativo; en el que se pueden desarrollar, según sea el caso, otros aspectos de la sublevación y, por consiguiente, nuevos afectos y posibilidades de identificación con el espectador en turno.

Lejos de ser una taxonomía del levantamiento o quedarse simplemente como una exposición monotemática más, Sublevaciones permite comprender la importancia que tienen las imágenes en la construcción de la memoria histórica. Permite a su vez, observar cómo cada una de las revueltas y revoluciones, aunque hayan sido consideradas como fracasos, son en realidad sedimentos que van formando los estratos sobre los que se erigirán las siguientes insurrecciones. Son las huellas que nos ayudarán a comprender el mundo y tomar conciencia sobre él. Serán esas imágenes las que se trasladarán al terreno del lenguaje y se trasmutarán en nuevas frases que permitan otras formas de actuar.

Esta propuesta expositiva nos abre la posibilidad de acercarnos y reflexionar sobre los acontecimientos del país bajo otra mirada. En un momento en el que parece que los problemas de hace cincuenta años lejos de acabarse regresan con mayor fuerza, quizá valga la pena recordar que las redes sociales son un nuevo espacio de movilización; que se organiza, llega a las calles, genera y circula miles de imágenes e inventa sus propias locuciones a manera de hashtags (#nosfaltan43 / #niunamenos). Coincidamos o no con sus posturas y formas, es innegable la fuerza del duelo. Una fuerza que al principio nos derrumba y después nos eleva y nos obligan a tomar postura.

Sublevaciones es un llamado a levantarse, a “levantar el miedo. Arrojarlo muy lejos. Dicho de otra forma, tirárselo directamente a la cara de aquél o de aquellos que obtienen su poder gestionando nuestros miedos”.[1]

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[1] Georges Didi-Huberman,”Por los deseos. Fragmentos sobre lo que nos levanta” en Sublevaciones, MUAC, Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM, 2018, p. 113.