Arte

Opinión | Sturtevant y la imitación del arte


Por Andrea García Cuevas / @androsclesgc | Octubre, 2014

La originalidad es uno de los valores que más se le ha exigido al arte a través de la historia. Y es, se dice (o se cree), uno de los principales atributos que debe tener un artista. Así, los plagios —en el arte o cualquier disciplina creativa— irritan el deseo o la obsesión por lo nuevo; condenar tajantemente a la copia y a la imitación expresa un juicio de valor que promueve la genialidad creativa, aquella que descubre desde la nada. ¿Pero qué significa la originalidad en el arte?, ¿un artista que carece de originalidad no es artista?

En 1965, Elaine Sturtevant (Ohio, 1924 – París 2014), mejor conocida simplemente por su apellido, puso en crisis la noción de la obra de arte y la figura del artista con un ejercicio radical que escandalizó a los estratos más conservadores del medio: la imitación de obras de arte. En su primera exposición en la Bianchini Gallery de Nueva York, presentó una serie de obras que eran casi idénticas a piezas creadas por sus contemporáneos Frank Stella, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg. Incluso presentó serigrafías de flores que realizó con el mismo molde que Warhol utilizara para su serie.

Aunque la muestra causo incertidumbre, promovió la discusión crítica en torno a diferentes conceptos filosóficos y artísticos. Con la copia de obras de Joseph Beuys, Félix González Torres, Paul McCarthy, Marcel Duchamp o Keith Haring, la artista retomó el viejo concepto planteado por Aristóteles: la “mimesis” o imitación de la naturaleza como fundamento del arte. En este contexto, la imitación se ejercía en el terreno de la técnica y de la imagen, pero no de la estética y del concepto.

Entonces, ¿sus piezas presentan, representan o simulan? Para Sturtevant, la imitación del escenario de lo real era parte del proceso creativo de un artista. Su obra puso en escena, desde el lenguaje crítico visual, las nociones de autoría, repetición, creatividad y reproducción masiva, que más tarde fueron estudiadas por autores como Michel Foucault, Gilles Deleuze, Guy Debord y Roland Barthes. Cada pieza, aunque proyecta en la memoria una obra previamente  concebida por otro autor, está firmada por ella.

Fallecida el pasado mes de mayo, Elain Sturtevant fue constantemente calificada de farsante, pero también se le reconoció como artista. A lo largo de su carrera realizó diferentes exposiciones a nivel institucional, y  en 2011 la Bienal de Venecia le otorgó el León de Oro por su destacada trayectoria. El próximo 9 de noviembre el MoMA presentará Sturtevant: Double Trouble, la primera retrospectiva en Estados Unidos de la artista que mostró lo absurdo de la originalidad en el arte.

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