Arte

Opinión | Pop-up House, de Taller DE2 Arquitectos


Por Andrea García Cuevas / @androclesgc | Enero, 2015

Cuando se piensa a la arquitectura como una noción abstracta, más allá de los límites de la construcción y el área física, el espacio habitable es su correspondiente primero. Toda arquitectura —en teoría o idealmente— puede ser habitada. Pero como sustantivo y verbo, respectivamente, su orden en términos de experiencia es vago: ¿El ejercicio de habitar produce arquitectura o los espacios arquitectónicos producen formas de habitabilidad? Y si se piensa a la habitabilidad como una relación de intercambio con un lugar, entonces se puede pensar en modelos de vida.

La pregunta, entonces, es la misma: ¿será la arquitectura una respuesta a los modelos de vida o viceversa? Un ejemplo es el reciente “fenómeno” sociológico que Taller DE2 Arquitectos tomó como base para el diseño y la conceptualización de su Pop-up House. En los últimos 10 años el fenómenos de los singles ha tenido un aumento exponencial. De acuerdo con un estudio consultado por el despacho español, el 40% de las viviendas en Alemania, Francia, Reino Unido y Japón son ocupadas por un single; mientras que en Estados Unidos hay al menos 30 millones de personas que se consideran y viven como tal.

A pesar de los efectos provocados por la crisis que ha azotado al país desde 2008, los singles en España van cada vez más en aumento. Pero los famosos “pisos” de las principales ciudades no ofrecen las condiciones necesarias para este estilo de vida. Así, a partir de la comisión de un cliente, el Taller DE2 concibió una casa que se puede acoplar prácticamente a cualquier lugar. Se trata de un modelo de composición espacial que aprovecha al máximo el área total de una superficie habitable a través de estructuras sencillas que no requieren de mayor atención.

Este experimento arquitectónico responde tanto a las necesidades de las viviendas unipersonales como a la recuperación de espacios que, en las casas convencionales, terminan por ser obsoletos por mínimos que sean. El taller lo llamó: construcción de un delgado (in)mueble aglutinador de infraestructura doméstica. Es decir, la disposición de elementos funcionales que pueden desplegarse o contraerse para definir los espacios de acuerdo a las necesidades del habitante.  De esta forma, las diferentes partes de la vivienda (unidades que van desde el inodoro y el lavabo hasta el dormitorio— se pueden conectar o reestructurar:

“Con estos componentes individuales abrimos un catálogo de posibilidades; aquí el cliente interactúa cuando escoge, descarta y redefine. Ensamblamos 54 unidades en un elemento infraestructural más que estético, denso y operativo. Al infiltrar este suplemento individual e interactivo en la vivienda, éste necesariamente se enreda en una especie de laberinto que confunde a quien se adentra en él… lo rodea y a la vez lo expulsa”.

La estructura de división puede ser construida con paneles de fibras orientadas, un material que, además de ser económico y versátil, favorece las capacidades acústicas y aislantes que son necesarias para la privacidad y el desarrollo de una vivienda. En términos estéticos, la Pop-up House está inspirada en las maletas especializadas del escultor Toland Grinnell, por lo que las fachadas presentan mangos para poder “abrir” y “cerrar” los diferentes espacios.