Arte

Opinión | Los Ausentes, de Nicolás Pereda


Por M.S.Yániz / @yanizfilm | Marzo, 2015

Un viejo que contempla el follaje, su vida pasa frente a él, al igual que el humo del fogón. Largos silencios en tensión. Repeticiones dialécticas de la cotidianidad de —¿dos?— personajes. Tomas fijas de quehaceres domésticos, una vaca que masca, el intento de cargar una pistola, travelings calmados, árboles que se mimetizan con los personajes, tomas panorámicas de una playa desierta. Todo deviene.

Estas imágenes, de aparente quietud, construyen el relato del más reciente largometraje de Nicolás Pereda, Los Ausentes (México, 2014). Se trata de una película en la que éste sólo dirige —en seis de sus 12 películas escribe, dirige y edita—, debido a la naturaleza de la película que se gestó primero como guión, éste recibió distintos financiamientos y posteriormente se le propuso a Pereda dirigirlo para que tuviera una cierta mirada autoral, dejándole abiertas las posibilidades de modificar el guión a conveniencia. Actualmente es exhibida en el FICUNAM.

La película es simple en la trama: un viejo al que le quitan sus tierras a través de un proceso restitutorio en el estado de Oaxaca, y comienza a recordar y a (re)vivir esta trama. A pesar de esta simpleza, es un filme con imágenes complejas y problemáticas. Son tres aspectos los que permean el filme, y en conjunto, forman un sistema casi perfecto. Los silencio, el presente y la imagen dialéctica.

Silencios. Toda la película está marcada por largos silencios que no sólo anulan una musicalidad, sino que además, como es tanta la lentitud y calma de lo filmado, éste carece hasta de sonidos cotidianos, lo que causa una tensión entre las imágenes que van revelando la austeridad del personaje. Al mismo tiempo, se busca que los silencios en los que el personaje reflexiona sobre sí mismo, funcionen para una autorreflexión del espectador, para dar tiempo de que se vean las  imágenes por lo que son.

El Presente. Los silencios que se distienden en todo el filme muestran este devenir que evoca un estado casi vacío del personaje; un presente que se fuga porque al quedarse sin casa se queda sin futuro y este presente, se va eliminando poco a poco hasta que deja de habitar el tiempo al que debería pertenecer.

Imagen dialéctica. El Filme está construido en dos tiempos narrativos, el del viejo y el de él mismo, pero joven. Todo el relato fluctúa entre estos dos tiempos que —al no ser claro— da la posibilidad de coexistir a ambos relatos en un mismo tiempo en el que el presente es cancelado como estatuto ontológico de ser ahora.

Como suele ocurrir en Pereda, la película logra tomar un extracto de lo real para transformarlo, con el cine como medio, en una disertación acerca de las ideas, su función y los alcances del imaginario dentro del mundo.

Foto: Vimeo.