Arte

Opinión | Pabellón escarabajo


Por Andrea García Cuevas / @androclesgc

Las técnicas de construcción y el diseño arquitectónico siempre han estado estrechamente ligados al desarrollo tecnológico, como sucede con casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Desde los monolitos de piedra que dieron forma a los primeros monumentos, hasta la cada vez más empleada tecnología en 3D, los recursos posibles en un momento han construido la imagen de su tiempo. Así, la arquitectura —al igual que la mayoría de las disciplinas creativas— contiene en sus formas las necesidades, los imaginarios y los símbolos como testigos de una época.

En la actualidad, el interés por la impresión en 3D y el diseño de código abierto, por mencionar dos ejemplos recientes de esquemas de producción, responden a la necesidad de involucrar al usuario en el proceso de creación. Pero también existen otras propuestas que involucran la asociación con la naturaleza, como si se tratara de un ejercicio de mimesis que busca nuevos y mejores modelos para ser y estar en el mundo.

Arquitectos e ingenieros de la Universidad de Stuttgart, en colaboración con miembros de las divisiones del Instituto de Diseño Computacional (ICD) y el Instituto de Edificación de Estructuras y Diseño Estructural (ITKE), colaboran con biólogos y paleontólogos en un programa de investigación enfocado en una pregunta central: ¿cómo pueden ser recreadas las estructuras livianas de la naturaleza a través de la arquitectura? Inspirados principalmente en las formas de determinados animales y apoyados por herramientas como la robótica, los miembros de esta institución han construido pabellones arquitectónicos que copian el funcionamiento y los principios de diversos sistemas naturales.

Algunos de los proyectos de la Universidad que persiguen estos propósitos son el pabellón basado en el exoesqueleto de una langosta —que se compone de capas de quitina, un hidrato de carbono nitrogenado, cubiertas por proteínas— y un pabellón de placas de madera que imitan el esqueleto de los erizos de mar. El más reciente es también un pabellón de fibra de carbón, tejido por medio de un robot y basado en la cáscara de un escarabajo. Todos los proyectos son parte de un proceso de investigación y construcción de 18 meses.

La estructura del pabellón de escarabajo está fabricada por un sistema de robótica diseñado a la medida para crear una serie de fibras modulares que imitan las alas y el abdomen del insecto. Se trata de un estudio morfológico del animal convertido en principios de diseño. Por su parte, la fibra —cubierta con resina para conseguir mayor resistencia— permitió desarrollar diferentes geometrías sostenidas por una armadura de acero y vidrio. El pabellón cubre un área de 50 metros cuadrado  y pesa media tonelada.

El resultado es a simple vista espectacular, mientras que el proceso es un ejemplo de la biomimética aplicada a la arquitectura.