Arte

Opinión | Noche durante el día, de Lucía Vidales


Por Isabel Sonderéguer | Septiembre, 2019

La pintura tiene un espacio propio e imaginado que resulta ideal para el pensamiento. Nos permite llegar a lugares a los que normalmente no podríamos acceder con la mirada, nos deja entrar a los rincones que se esconden de la luz, a los espacios secretos de la mente. Va más allá de los límites de lo real, nos muestra sus huecos y sus fisuras. Yendo todavía más lejos, podemos decir que los vuelve fenómenos físicos, corpóreos.

En Noche durante el día, Lucía Vidales (México, 1986) parte de obras de mujeres artistas en la colección de la Galería de Arte Mexicano. La artista, en colaboración con la curadora Paulina Ascencio, seleccionó a pintoras cuya obra resonaba con la suya, entre ellas Joy Laville, Olga Costa, Leonora Carrington, María Izquierdo y Cordelia Urueta. Mientras realizaba su investigación, encontró que la muerte era un factor común tanto en la vida personal como en la producción de estas mujeres. A partir de ello, y de preocupaciones propias, Vidales tomó la muerte como eje rector y produjo una serie de pinturas y cerámicas.

Es en la posibilidad de llegar a espacios escondidos donde radica la potencia de la pintura, ya que se mantiene como un lugar privilegiado para pensar las distintas visualidades que le son contemporáneas. La artista plantea diversas interrogantes y exploraciones en torno a la muerte y el cuerpo, partiendo de la forma que toman en el lienzo. Cómo se ven y representan las cosas define, sin lugar a dudas, las maneras en las que las entendemos y nos relacionamos con ellas. 

Cuando la mirada se detiene en una obra, parecería que el tiempo se suspende. Si este fuera el caso, ¿sería posible considerar que Vidales suspende la muerte para reflexionar sobre ella e intentar entenderla? En todas las piezas existe una exploración sobre qué es la muerte, cómo la entendemos y qué relación mantenemos con ella. Las pinturas parten de la idea de la vanitas —representan flores, cenas y calaveras— pero la desbordan. Las imágenes podrían recordarnos casi a relatos míticos sobre la muerte, a parábolas que nos dan lecciones sobre cómo enfrentarla.

Los cuadros se activan cuando los vemos, cuando los recorremos y leemos con la mirada. La experiencia con la pintura se define por ese instante en el que la luz pasa por la retina y se detiene el discurrir del tiempo. Ese momento en el que miramos, pero en el cual lo que vemos no es todavía inteligible porque seguimos procesando la información del mundo que nos rodea. Las pinturas de Vidales parecen querer capturar ese fragmento de tiempo en el que estamos intentando procesar la muerte.

Por otra parte, la obra de Vidales es corporal. Muestra distintas representaciones del cuerpo, maneras de entenderlo y sus posibles deformidades. El pigmento es también un resto corpóreo, como una piel que se apodera del lienzo, mientras que las marcas y surcos son como huecos y cicatrices. La artista deja visible las huellas de su cuerpo en las obras. En el cuadro se pueden distinguir sus trazos, acumulaciones y movimientos: por dónde pasó el pincel, en dónde se detuvo. En las cerámicas, vemos las marcas de la mano y los dedos que les dieron forma. Uno de los intereses constantes en la obra de Vidales es la exploración de las propiedades matéricas de la pintura.

Al volver evidente el proceso de creación, la artista saca la pintura del espacio aislado en el que normalmente se le sitúa y la avienta a las condiciones reales de la experiencia. Con esto, Vidales vuelve también evidente el rastro del paso del tiempo. Lo que da pie a una reflexión sobre éste y las maneras en las se puede relacionar con la pintura. Las transformaciones que se encuentran al interior de las obras ocurren frente a nosotros, mientras las vemos. En este sentido, las piezas están en tiempo presente.

Sin embargo, parecen estar también suspendidas. Podríamos decir que son fantasmas, están ahí pero no podemos nombrar dónde empiezan y dónde acaban. ¿Cómo funciona la operación del fantasma dentro de la pintura y la imaginación? Se vuelve difícil distinguir entre un objeto y otro, las obras actúan como un todo que está compuesto por distintas capas. Como una piel, completa, que se divide por las cicatrices del pigmento.

Las pinturas y los jarrones están repletos de seres fantásticos y múltiples ojos que nos miran mientras miramos. Las obras se vuelven seres, cuerpos que nos observan. Pareciera que hay algo más en la materia pictórica que en silencio nos devuelve la mirada. La intención de utilizar cerámica parte del deseo de transformar el valor reproducible y utilitario del objeto cotidiano. Así, la artista les devuelve el valor ritual a los objetos de la vida cotidiana. La cerámica se sitúa entonces como una extensión de la pintura. Las obras están detenidas en un tránsito, se encuentran en los intersticios entre objeto y ser vivo, entre la vida y la muerte, entre pintura y escultura.

Lo alegre de los colores de la pintura se vuelve siniestro cuando vemos que representa cuerpos transmutados, seres que se encuentran a la mitad del camino entre lo humano y lo animal, casi como un engaño a los sentidos. Las obras son organismos vivos, que habitan y recorren con nosotros la exposición. En las pinturas vemos a las figuras caer y sostenerse entre sí, en los jarrones tenemos que jugar con los huecos del espacio, con el adentro y el afuera.

La exposición se integra por una multiplicidad de redes tejidas por Vidales y ahora superpuestas. Redes entre las obras de la artista y las de la colección de la GAM, buscando conexiones, alianzas y disonancias que permitan potenciar las intensidades de cada una. Redes entre la pintura y la cerámica, entre los seres dentro y fuera del lienzo. Redes entre distintas formas de percepción, entre la vista y los otros sentidos, entre la mirada y el cuerpo, entre observar y caminar. Redes entre los seres fantásticos y el público espectador, que se miran mutuamente mientras habitan el mismo espacio. Redes, finalmente, entre la vida y la muerte.

Noche durante el día se presentó hasta el 30 de septiembre de 2019 en Sala GAM.

Foto: Cortesía Sala GAM.

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