Arte

Opinión | México no es la Nueva Berlín


Por Pamela Ballesteros | Junio, 2016

A partir de un foro de debate [1] sucedido en 2014 comenzó a especularse que la vorágine de la actividad artística dentro de la Ciudad de México la está convirtiendo en un reflejo de la capital alemana. Aparentemente lo que dicta esta percepción es la intensidad —incontenible e indigerible— con la que se está desenvolviendo la actividad del circuito de arte contemporáneo local, condición que trata de embonarse en una semejanza de realidades.

Bajo esta idea, Nueva Berlín se presenta como una exposición que indaga en tal argumento y manifiesta la idealización que existe en torno a esta equiparación —un vínculo nulo si lo pensamos en términos geográficos, económicos y sociopolíticos—. Se trata de un ejercicio efímero en términos expositivos que se desvía del espacio físico para suceder en un sitio web, soporte en el que se observan siete piezas que se aproximan al imaginario colectivo del paisaje nacional desde reconfiguraciones particulares.

Por ejemplo, Cabezas, de Tlahuac Mata es un díptico que opone la pintura de una figura tallada en piedra del periodo mexica, actualmente inserta como detalle arquitectónico en el edificio del Museo de la Ciudad de México, con otra no identificada que semeja una cabeza de rostro desdibujado. Trabajo pictórico con el que Mata atiende los aspectos que erigen y contraponen la memoria de un territorio particular; otra de las piezas apunta hacia zonas de conflicto, Encontrada por Perros de Iurhi Peña. Esta obra se presenta como el bosquejo de un paisaje testimonial de la incesante violencia de género ejercida en México, en el que se identifican detalles que narran abandono, invisibilidad e impunidad. Por su parte, a través de la escultura Antonio Bravo replica un objeto en cantera sujeto de la construcción histórica: su obra Ahínco invalida uno de los relatos de la mitología nacional mexicana.

La muestra tuvo un momento de materialización en el espacio de exhibición NIXON, sin embargo, el producto visible es el conjunto de imágenes digitales que circulan en un terreno ficticio y neutral, mediado por la pantalla; distanciamiento que despliega otra forma de estar inmerso como espectador, en la que el acercamiento presencial deja de ser necesario para que se dé la experiencia estética.

Hecho que refleja la manera en la que la dinámica de los medios digitales nos ha servido como herramienta de montaje, a partir del cual se desprende la producción de imagen pública; en otras palabras, el arte como una manifestación ilusoria desde campos y medios de circulación, también artificiales, formados por agentes autodiseñados artísticamente [2]. De este modo, el planteamiento de Nueva Berlín no sólo evidencia el absurdo de confrontar ambas nacionalidades como símiles, sino que explora la ficción desde la práctica artística, entendiendo a ésta como una creación a partir de estrategias de visibilidad y validación.

Bajo la coordinación de Alejandro Gómez Escorcia, Nueva Berlín también se integra por el trabajo de Daniel Godínez-Nivón, Luisa Orduño, Alfonso Santiago y Ricardo Sierra. Circula además en una publicación impresa, limitada a 500 ejemplares, con textos y registro de cada obra, distribuida paralelamente en puntos culturales de la Ciudad de México y en la Bienal de Berlín.

Además de coincidir con el año dual Alemania-México, el proyecto remarca la búsqueda constante de referentes y particularidades para pautar y entender nuestro presente, así como la aspiración por potencializar nuestras condiciones para convertirnos en una ciudad modelo equiparable a cualquier urbe mundial: “¿Por qué ahora deberíamos sincronizarnos con Berlín?” [3]

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Foto: Fernando Ordoñez.

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[1] “¿Es la Ciudad de México un nuevo Berlín?” Mesa de debate durante la primera edición de Material Art Fair con la participación de Chris Sharp, Pedro Reyes y Sophie Goltz, bajo la organización de Dorothée Dupuis.

[2] Como lo refiere Boris Groys al hablar de la producción del Yo público: “El arte no puede explicarse completamente como una manifestación del campo cultural y social ‘real’, porque los campos de los que emerge y en los que circula son también artificiales. Están formados por personas públicas diseñadas artísticamente y que, por lo tanto, son ellas mismas creaciones artísticas” en Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea, Caja Negra, p. 18

[3] Publicación Nueva Berlín, Ciudad de México, talleres de Espiral Gráfica, 2016.