Arte

Opinión | Mesoamérica en el Coruco


Por Vera Castillo | Julio, 2019

Un grupo de habitantes de Zacatepec, Morelos, en colaboración con el artista Rodrigo Nagore (Cuernavaca, Morelos, 1984), realizaron una intervención al espacio público con fotografías de piezas mesoamericanas. Los modernos rupestres es una acción resultado del taller “De lo documental a lo autobiográfico”, actividad educativa coordinada por Nagore y dirigida —en tres fases— a cañeros jubilados de la asociación Quilberto Quepil, a integrantes de la ayudantía de Tetelpa y a estudiantes de la Telesecundaria Lázaro Cárdenas.

La idea de elegir Mesoamérica como tema surge a partir de la intención de uno de los trabajadores de la ayudantía de mostrar al resto de la comunidad una parte del acervo arqueológico del Museo Comunitario San Esteban Tetelpan, anteriormente ubicado en la Iglesia de San Esteban y trasladado a la ayudantía después del terremoto del 19 de septiembre de 2017. Una de las actividades de grupo fue “recorrer la cima del Cerro de la Tortuga, donde existe un pequeño respiradero natural que es también centro ceremonial de la zona”.1 Luego del recorrido, el grupo decide centrarse en la cosmovisión mesoamericana que aún prevalece en esta y otras comunidades de Morelos. Las fotografías de piezas arqueológicas muestran este proceso e interés por signar no solo el pasado de un lugar, sino la colección de un museo comunitario morelense.

Doce impresiones fotográficas de figurillas mesoamericanas pertenecientes al Museo Comunitario San Esteban Tetelpan se adhirieron a la paredes del estadio local de fútbol Agustín Coruco Díaz para ser observadas fuera del museo, exhibiendo una parte de su colección y llevándola al terreno cotidiano del caminante. Piezas arqueológicas que dotan una cosmovisión mesoamericana al exterior del estadio, detrás de las graderías. Las imágenes muestran los orígenes de Zacatepec, aunque no necesariamente el de sus habitantes actuales, quienes se asentaron con la migración derivada de la construcción del ingenio azucarero Emiliano Zapata en 1938.

Para este proyecto, Nagore plantea la significación comunitaria de la fotografía, pensando en la resignificación del pasado para darle un valor en el presente.2 De esta manera, algunas de sus exploraciones artísticas tienen que ver con pensar la fotografía para confrontarla con el espacio histórico. Este ejercicio realizado en Zacatepec muestra precisamente esta búsqueda por usar la fotografía como herramienta de rememoración del pasado, y también como una superposición de tiempos en el espacio arquitectónico.

Como una segunda actividad, Nagore y el grupo de cañeros revisaron fotografías de sus álbumes familiares, con énfasis en momentos públicos de su vida privada, así como en el paisaje zacatepequense. Posteriormente, las fotografías recopiladas se compartieron con estudiantes de la Telesecundaria Lázaro Cárdenas, quienes hicieron una selección que después sería reproducida en gran formato para intervenir el estadio. Las fotografías de álbum se narran cotidianamente en la privacidad del hogar, cuando se conversa con familiares sobre algunos fragmentos del pasado. En este caso, exponerlas permitió que los mismos habitantes de Zacatepec pudieran reconocerse en ese pasado que, aunque individual, refuerza su memoria colectiva.

Al colocar fotografías personales en el espacio público es posible contar historias individuales que conectan con la vida y experiencia de quienes observan en la calle y que compaginan historias. La teórica del arte Nuria Enguita menciona que el álbum familiar surge con la fotografía, sin embargo, también es partícipe de la literatura y el teatro, pues cuenta con narrativa, personajes y voz del narrador.El álbum familiar es reunido para ser compartido y, a su vez, da acceso al transeúnte para hacerlo parte de su supuesta intimidad.

Las fotografías de la comunidad de cañeros activan este efecto, hacen parte al espectador del acto narrativo “íntimo”. El objeto álbum es un “[…] archivo público en el sentido de que es un repositorio para ser enseñado, pero sobre todo porque los acontecimientos que recoge son momentos muchas veces públicos de la persona”.4 Este fue precisamente el ejercicio propuesto por Nagore.

La narrativa de las imágenes seleccionadas son relevantes para la historia de los habitantes de Zacatepec: el origen prehispánico, la escuela, el ingenio azucarero y el equipo de fútbol representado en el estadio y los jugadores. Tanto el ingenio como el estadio son fundamentales en la historia del municipio, pues ambos fueron signos de “justicia popular” durante el periodo posrevolucionario, momento en que las haciendas azucareras se extinguen y dan paso a la reintegración de los campesinos morelenses. La entrega del ingenio azucarero Emiliano Zapata a los campesinos representó en su momento “la riqueza que durante mucho tiempo les había sido vedada explotar”,5 pasando así de una plantación capitalista a la cooperativa de obreros y ejidatarios.6

De ahí la relevancia de haber elegido una fotografía en la que se observa un terreno árido con árboles frutales, palmeras y, en segundo plano, el ingenio con su característico chacuaco, ahora inexistente. La industria azucarera continúa siendo una fuente de ingreso para Zacatepec, aunque las generaciones más jóvenes migren a otros municipios en Morelos o incluso a otros estados de la república.

Diez años más tarde de la inauguración del ingenio azucarero Emiliano Zapata, durante el mandato de Lázaro Cárdenas en 1938, se fundó el Club Atlético Zacatepec, conocido como Los Cañeros, formado principalmente por zacatepequenses. La intervención fotográfica retoma parte de la construcción identitaria, histórica y social que despliega el equipo de fútbol, parte importante de la memoria colectiva del municipio está relacionada con su afición. En una vista panorámica, se reconoce la cancha de fútbol que luego se convertiría en el estadio Coruco Díaz. A un costado, otra imagen muestra a dos hombres practicando balompié y, aunque no portan el uniforme verdiblanco, recuerdan la tradición futbolística del municipio.

La intervención de un espacio como proceso educativo y/o comunitario favorece los diálogos intergeneracionales, experiencias compartidas, así como la toma de decisión sobre la selección de imágenes que forman parte del proceso colectivo de aprendizaje. El filósofo francés Isaac Joseph mencionaba que el ciudadano se relacionaba con el entorno a través de la vista, es decir, dando prioridad al ver que al escuchar. Por supuesto que esta definición hace referencia a las urbes y sus habitantes, sin embargo, podríamos plantear una semejanza con zonas agrarias e industriales y las personas que los habitan.

La intervención al espacio público a través de fotografías de álbumes familiares y de la colección de un museo comunitario activa la memoria de quienes habitan Zacatepec, principalmente de los caminantes que cruzan de un sitio a otro. Es enriquecedor que una propuesta de este perfil se geste desde una actividad educativa y en vinculación con una escuela, la ayudantía, un museo municipal y cañeros jubilados: obreros y campesinos que dieron fuerza económica al municipio.

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Entrevista con Rodrigo Nagore el 09 de junio de 2019.

Rodrigo Nagore, catálogo de la exposición Fin de la memoria. Fotografías del paisaje imaginario, pág. 8.

Nuria Enguita Mayo, “Relatos. Del álbum de familia a Facebook” en Memorias y olvidos del archivo, pág. 49.

Ibid., pág. 50.

Aura Hernández Hernández “El ingenio Emiliano Zapata de Zacatepec” en Historia de Morelos (Horacio Crespo Dir.), Tomo 8, p. 405.

Idem.