Arte

Opinión | Mazatlanica y sus temporalidades múltiples


Por Sandra Sánchez | Agosto, 2019

Mazatlanica,1 de Fritzia Irízar (Culiacán, 1977), es una exposición que se ubica cerca de las coordenadas de una relación recurrente entre la estética y la epistemología en la modernidad: el ojo afirma la verdad por medio de la observación de constantes que terminan por justificar una ley. Si bien, la muestra no trata de encontrar la verdad de nada, sí juega todo el tiempo con una historia (verdadera, incluso en su posible ficción) que acompaña siempre a las piezas.2

Agradezco que las historias sean trabajadas por la artista con la misma delicadeza y potencia con la que fabrica sus objetos; estoy consciente de que la historia y los objetos forman parte de la misma unidad —con su nombre propio y su precio en el mercado—, lo que aplaudo es el balance entre ambas caras de una misma moneda.

Al llegar a Mazatlanica, dentro del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), nos encontramos con una petición de Irízar a la espectadora. La petición no está escrita de manera explícita, sino que se esconde, a la vista, en la primera pieza con la que una tiene contacto. Antes de entrar a la sala, en un pasillo que divide dos exposiciones, miramos cuatro fotografías. En cada una un par de dedos sostiene un diamante. La ficha que acompaña a las imágenes narra en tiempo presente una acción:

“Irízar coloca entre sus dedos un diamante con las características que el título de la pieza describe. La artista realiza sus actividades cotidianas mientras sostiene la gema entre sus dedos índice y pulgar durante 24 horas”.

Sin título (4.81mm x 2.95mm, 43ct. VS2.G), de Frizia Irízar | artspace.com

El texto demanda un pacto ficcional (una petición) que se sostendrá en toda la muestra: la visitante debe creer en las historias que leerá para poder adentrarse en los videos, documentos, objetos e imágenes.

En una plática, Lorena Tabares Salamanca, especialista en performance, explicaba que una característica de esta práctica es que puede suceder en ausencia de un espectador, lo cual hace que el registro sea un elemento clave en la producción porque es a través de este que se conocerá lo que sucedió. La narración se vuelve igual de importante que el registro, ambos producen una temporalidad.3

No existe un tiempo del arte, sino series de temporalidades que las obras proponen como juego al público espectador, quien asimila esas series mezclándolas con las propias. La experiencia estética es fruto de este cruce: las temporalidades que condensa el público concuerdan con un objeto (arte) y entonces algo tiene sentido (con o sin palabras; a veces, un veinte cae).

La mayoría de las piezas expuestas en Mazatlanica giran alrededor de una contradicción entre la serie temporal del ocio, del goce, del disfrute, de la belleza y la serie temporal de la explotación en la modernidad. La tensión sucede en cuerpos distantes entre sí: el cuerpo que conquistó y el cuerpo conquistado. Este cruce de temporalidades tiene como hilo conductor a las perlas, tanto su cultivo como su uso ornamental, en territorios como México, Japón y Egipto.

Sin título (Injerto madre perla), de Fritzia Irízar | Sala de prensa, Coordinación de difusión Cultural de la UNAM.

Dentro de la sala se observan cuatro cristales circulares colgados desde el techo que sostienen, entre la base y una lupa, cuatro esculturas que conforman a Sin título (Injerto madre perla), producida entre 2015 y 2018. La artista trabajó con biólogos para introducir pequeños moldes de plástico con formas utilizadas en numismática: “las esculturas revelan las capas de nácar que se formaron durante cuatro años sobre el objeto injertado en el mar”. Aquí estamos frente al tiempo de producción de la pieza, el tiempo de la ciencia (que permite ahora injertos), el tiempo del azar y el tiempo del trabajador —en un video aparece un hombre cargando una red con las conchas y los animales adentro: ¿quién es ese hombre? ¿seguirá vivo?

En otro video, Sin título (Sin aliento), Irízar graba a tres mujeres ama (quienes se sumergen en aguas frías sin equipo para recolectar perlas), conteniendo la respiración en una especie de concurso para ver quién aguanta más. Ellas ríen, un poco nerviosas. Interrumpir el aliento, entrar en la competencia, nos distancia de sus condiciones de trabajo para introducirnos en el placer de jugar frente a la cámara, en el placer de ganar. Así vemos como hay tiempos dentro de otros tiempos que se interrumpen constantemente, series de temporalidades contradictorias en las que una habita todo el tiempo y pasa de ser explotada a ser competitiva al ritmo de una invitación fugaz. El trabajador ríe y el dueño también sufre, entre la risa y el sufrimiento hay un número bastante grande de situaciones. No estoy buscando justificar la explotación, hay que denunciarla, combatirla y hacerla presente en la Historia y en la historia y en las historias; más bien quiero sostener que la temporalidad que se conjura en la muestra4 es múltiple, compleja, difícil de ordenar en una retícula bien pensante de buenos-buenos y malos-malos.

Sin título (Sin aliento), de Fritzia Irízar | Sala de prensa, Coordinación de difusión Cultural de la UNAM.

La serie temporal de Mazatlanica está compuesta por aparentes contradicciones —digo aparentes porque lo que en realidad es aparente es la pretensión de unidad, lo que tenemos todo el tiempo son contradicciones que nos hacen pasar de una sensación (situación) a otra rápidamente.

Irízar trabaja con el tiempo cotidiano de un cuerpo (su cuerpo) que despoja al diamante de su valor económico (no lo vende) para llenarlo del tiempo de la resistencia física (de la voluntad, de la libre elección), (en el performance no tira la piedra —ya no es un diamante, es una piedra que no hay que dejar caer en 24 horas). También trabaja con el tiempo de la naturaleza (lento, en el caso de los injertos) frente al tiempo del público espectador (que consume esto en menos de una hora, pero que puede mantenerlo en la imaginación toda una vida).

Hay tiempos que se me escapan y otros que me da tedio enunciar5. Lo importante (para mí, lo que quiero compartirle, lector que ha llegado hasta aquí) es cómo la artista utiliza la narrativa (y el pacto de ficción) y los ojos (la disposición de ver) de la visitante, para introducir múltiples temporalidades (que no buscan unificarse) en sus piezas. Es fácil anunciar la historia (el tema), pero es complejo vivirla. Irízar despliega esa complejidad, la cual es irreductible a la trama o la Historia; lo que toca lo común se fuga en mil direcciones.

Mazatlanica se exhibe hasta el 05 de enero de 2020 en el MUAC.

Foto: Sin título (Desde Cleopatra), de Fritzia Irízar | Sala de prensa, Coordinación de difusión Cultural de la UNAM.

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1 Pinctada mazatlanica es una especie de molusco bivalvo marino tropical de la familia Pteriidae, las ostras perlas. Es originario de aguas poco profundas en la costa del Pacífico de América Central, donde su rango incluye tanto el norte como el sur de México y Panamá. Consultado aquí.

2 De ninguna manera estoy diciendo que la artista produzca teniendo como marco el método científico, más bien, utiliza estrategias familiares a este, no sin alterarlo mediante la edición y escritura de las historias particulares, las cuales no se interesan en imponer una ley, sino en visibilizar una serie de contradicciones que trataremos más adelante en este texto.

3 Paul Ricoeur en Historia y narratividad sostiene que la narratividad y la temporalidad están estrechamente vinculadas: “Considero que la temporalidad es una estructura de la existencia —una forma de vida— que accede al lenguaje mediante la narratividad, mientras que ésta es la estructura lingüística —el juego del lenguaje— que tiene como último referente dicha temporalidad”. (Paidós, 1999, p. 183). Desde este marco conceptual se puede pensar que las narraciones que el arte contemporáneo ofrece en sus exposiciones y piezas son invitaciones y sugestiones de una temporalidad específica. Curatorialmente esa temporalidad en Mazatlanica está ligada a la Historia. Incluso Helena Chávez (quien curo la exposición junto a Virginia Roy) en el texto Madreperla, Mazatlanica. Una crítica a la explotación de lo vivo, incluido en el folio de la muestra, sugiere que la artista “permite suspender el valor del objeto para adentrarnos en la historia”; no en la historia de las piezas sino en la Historia de la explotación humana y animal, en la conquista y sus consecuencias devastadoras. Si bien esa lectura es interesante y crítica, el tiempo que despliega es el tiempo de la narración Histórica, no los tiempos de las piezas mismas, los cuales están atravesados por sensaciones producto de lo bello, lo exótico, lo empático, lo triste y lo contradictorio…

4 Mazatlanica se integra de otras piezas que usted puede descubrir en el catálogo o en el museo (hasta enero de 2020) y que no puedo reseñara aquí por motivos de tiempo, de cuidado y de economía.

5 Una parte considerable de la muestra la ocupa un archivo artístico (sobre la perla) con elementos ordenados en una serie lineal y causal. Los objetos y la narración (tipo periódico mural, monografía) que lo integran se perciben forzados frente a las múltiples lecturas que abren las otras piezas. Si bien tratan sobre las relaciones de poder entre quien lo ostenta y a quien le ha sido arrebatado, no se entiende el punto: parece que cualquier cosa que hubiera tenido ese tema (la perla) y hubiera sucedido en México (o en relación con México) cabría. La línea del tiempo (desplegada en textos, objetos y horribles vitrinas oscuras y sosas) está bastante hechiza. El problema no es el problema que trata el archivo artístico, sino meter con calzador una serie de eventos y datos. Se nota que está forzado. No parece de la misma artista.