Arte

Opinión | Mathias Goeritz: la serpiente que no retornó


Por Alejandro Gómez Escorcia / @stalkkkkkker | Junio, 2015

Actualmente se presenta la exposición El retorno de la serpiente. Mathias Goeritz y la invención de la arquitectura emocional en el Palacio de Cultura Banamex. El nombre de la muestra sugiere que hubo un reptil sin extremidades que estuvo, se fue y regresó. Obviamente, el animal referido es más bien una de las piezas más enigmáticas del artista de origen alemán, conocida como La serpiente de El Eco o Ataque (1953). ¿Adónde se fue esta pieza? ¿Cuál es su residencia original? ¿Por qué volvió?

Si bien esta escultura ha tenido muchas vidas, en el Museo Experimental El Eco, en el jardín escultórico del Museo de Arte Moderno o en recreaciones que han ocupado exposiciones temporales, no es posible decir que alguna vez haya partido o retornado a donde sea, o que haya sido desaparecida y aparecida de nuevo. ¿Por qué entonces el título sugiere que la obra ha vuelto a algún punto de partida?

Pareciera que una de las ambiciones de la curaduría de Francisco Reyes Palma en la muestra es reinstalar y reinscribir esta pieza fundamental de la arquitectura emocional de Goeritz en el espacio de exhibición museístico, es decir, separar de su contexto un objeto cultural para privilegiar otro momento de visibilidad.

Para esta ocasión, La serpiente se reprodujo con un 15% menos de su tamaño original y se montó de tal manera que no se puede transitar, se colocó sobre una base blanca que la distancia de los visitantes, pese a que fue planteada por Goeritz como una escultura con funciones performativas para el espectador.

En el número 22 de la revista Curare, Reyes Palma escribió “toda exposición es un despliegue de tecnologías para jerarquizar la visión”. ¿A qué “visión” se le dio prioridad en esta exhibición?

Otro detalle que salta a la vista en la muestra es la museografía, a cargo de Cándida Fernández de Calderón. Se nota que hubo una intención de traducir dos ideas de Goeritz acerca del espacio en esta tarea: la escala como medida “emocional” y la luminosidad, sin embargo se quedaron en eso, en una intención.

Los muros que enmarcan la reproducción de La serpiente —que también funcionan en su reverso como soportes de otras obras— dibujan un par de tímidas pendientes que poco se relacionan con la influencia expresionista que el artista quiso poner en juego con su producción en muchas ocasiones. Asimismo, las paredes y bloques con hoja de oro que se presentan como parte del montaje, son tristes reminiscencias al carácter “sublime” y religioso que Goeritz buscó con sus Mensajes dorados, y devienen en elementos decorativos excesivos que poco aportan a la construcción del sentido de las obras exhibidas.

Todos estos detalles provocan una serie de preguntas, ¿Cómo exhibir un legado arquitectónico en un espacio museal? ¿De qué manera se traduce a una exposición una serie de producciones artísticas destinadas al espacio público?

Es en la incertidumbre de estas cuestiones donde tienen cabida los documentos, las maquetas, los bocetos y obras que se muestran. Sólo a través de estos dispositivos se consigue el objetivo de poner en evidencia —aunque sea en un nivel de experiencia menor al que presuponía la arquitectura emocional— la sensibilidad que Goeritz estableció en distintos circuitos artísticos durante más de tres décadas desde México.

La exposición, con aproximadamente 500 piezas dispuestas en 27 núcleos temáticos, permite conocer el fecundo cuerpo de obra del artista alemán en diferentes facetas creativas: sus pinturas realizadas en España durante los años cuarenta, las cuales firmaba como Magó, su participación en diversas agrupaciones, sus vínculos con las neovanguardias, y por supuesto su valiosa contribución a la reconfiguración del arte para espacios públicos en la ciudad de México.

También vale la pena mencionar que están disponibles los documentos y fotografías que el artista le vendió simbólicamente al INBA y que resguardó y archivó Reyes Palma, entre los cuales se encuentra por ejemplo su acta de matrimonio con Marianne Gast, sellada por el consulado nazi en España.

Tener reunida tal cantidad de objetos posibilita diversas lecturas de la obra de Mathias Goeritz, que evitan que se estanque el pensamiento alrededor de este creador. De la misma manera, la exposición puede funcionar como un referente que de pie a revalorar sus obras que aún habitan en nuestros espacios comunes.

La serpiente no retorna, está ahí mutando, no sólo en maquetas y réplicas, sino en la transformación del arte en espacios públicos y la arquitectura que marcó la escena cultural de la segunda mitad del siglo XX.

Se puede escuchar una conversación de Reyes Palma con los visitantes del Museo Reina Sofía acerca de Mathias Goeritz aquí.

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Foto: Fomento Cultural Banamex.