Arte

Opinión | Más allá de la pirámide


Por Pamela Ballesteros | Julio, 2016

Como un ejercicio práctico sucedido hace un par de meses, Obra Negra fue un ciclo de exposiciones individuales organizado por alumnos de La Esmeralda. De estas propuestas se desprendió Más allá de la pirámide de Josué Morales (México, 1987), proyecto en el que articula un discurso que polemiza el nacionalismo mexicano como una construcción dictada desde la clase política. Más que una intención por evidenciar la corrupción u otros problemas políticos específicos, Morales los refiere para englobar los principios ideológicos vigentes que guían la identidad mexicana, así como la permanencia y reforzamiento de éstos desde distintos núcleos.

Dentro de estas subjetividades está la alimentación, representada en una pirámide de tortillas de cerámica, en la que el artista yuxtapone la edificación prehispánica con el maíz, materia base de la cocina tradicional, con lo que concreta desde lo más evidente “la mexicanidad”.

Otras piezas apuntan hacia los símbolos que oficializan y replican el discurso nacional. En tres pedestales se muestran, una reproducción en maqueta de la Casa Blanca, que alude a uno de los temas que más ha trastocado al poder ejecutivo; seguida de una serpiente disecada que arroja gotas de tinta para exponer nuestra nula confianza ciudadana ante las leyes emitidas desde el poder legislativo; y en la tercera base, el poder judicial se representa con la palabra “inútil” escrita en braille. Disposición que al mismo tiempo reemplaza los colores de la bandera para simular un nuevo lábaro patrio integrado por la corrupción, el escepticismo y la impunidad. “Como servidores públicos somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos” expresó Enrique Peña Nieto en su ánimo de disculpa, y para Morales, también se trata de poner en juicio y responsabilizar nuestras decisiones políticas, es decir, parte de una inquietud mayor en torno a la manera en la que se insertan los partidos políticos para regir nuestra acción electoral.

Por otro lado, somos una generación que ha vivido envuelta en crisis progresiva, único modelo económico que conocemos, y ante esto, se muestra una serie fotográfica que captura la combustión de una refinadora de PEMEX a escala, acción simbólica que manifiesta el desplome del precio de un recurso costoso y al mismo tiempo volátil, que trae consigo repercusiones sociales y fugas de dinero: efectos de una economía de papel. También, Morales toca las particularidades que moldean la cultura, lo que resuelve en una instalación de piñatas usando la figura del zonkey, atracción turística característica de Tijuana, territorio en el que el artista identifica una marcada hibridación cultural.

Ante la pregunta sobre cómo percibe desde su posición de artista joven la proyección de identidad mexicana dentro del arte contemporáneo, me comentó: “Me parece interesante hablar de lo que me afecta en el presente, estamos viviendo un momento de inconformidad. Desde mi punto de experiencia, creo que mi generación ha sido duramente politizada, a partir del movimiento Yo soy 132 hasta lo ocurrido en Ayotzinapa. Eventos que nos han tenido sumergidos en la política”

Al mismo tiempo de esta sumersión política existe la contradictoria pasividad social, al respecto Josué me dijo notar un alejamiento hacia estos temas por la implicación que convella, argumentos que no son sencillos de abordar sin vernos panfletistas, en especial siendo jóvenes. Un distanciamiento que también tiene que ver con una cuestión de indiferencia ante la falta de resoluciones claras.

Regresando al proyecto, la piezas no están pensadas para ser permanentes y se producen con materiales sencillos, reconocibles por su uso cotidiano —algunos destinados a la destrucción como las piñatas y las maquetas de papel—, familiaridad que aproxima al espectador con la obra. “[…] nuestras representaciones populares son siempre burla de la vida”[1] como en la pieza de banderas de papel picado con la figura del peso mexicano del ’94, que decora el espacio expositivo lo mismo como fiesta que como duelo ante la devaluación de la moneda.

En su conjunto, Mas allá de la pirámide propone un discurso político distinto desde una crítica ácida, enmarcada por elementos festivos como concepción optimista de los hechos públicos. México está de fiesta, y en este sentido como anotó Octavio Paz, la fiesta es una inversión como cualquier otra, es participación y es el revés de nuestro silencio y apatía.

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Foto: Cortesía del artista.

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[1] Octavio Paz, Todos santos, día de muertos en El laberinto de la soledad, FCE, p. 64.