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Opinión | Manos biónicas que rompen paradigmas


Por Fabritzia Peredo | Junio, 2015

Uno de los terrenos en donde el diseño está teniendo cada vez más injerencia es en la creación de prótesis médicas. Según el Informe mundial sobre la discapacidad publicado por la OMS en 2011, se estima que el 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad, equivalente a más de mil millones de personas. En el caso de la discapacidad motriz, el control y movimiento del cuerpo del paciente se ve afectado, ya sea por traumatismo o malformaciones congénitas, y el uso de una prótesis puede ser la respuesta adecuada a sus necesidades más elementales.

Recientemente han salido a la luz un par de proyectos que van dirigidos a este mercado, en específico a personas con amputación de un miembro superior. Aunque el diseño de manos biónicas no es un tema nuevo, el rompimiento de paradigmas de ambas propuestas me resulta por demás interesante y transforma por completo la forma de concebir su propósito convencional.

El primero es IKO, un sistema protésico para niños entre 3 y 12 años con un objetivo innovador: más que el enfoque funcional, el proyecto rescata las necesidades sociales y psicológicas de los pequeños, es decir, les devuelve la oportunidad de jugar, aprender e interactuar. Creada por el diseñador industrial Carlos Arturo Torres, esta prótesis puede ser configurada de acuerdo a las necesidades de cada niño con módulos intercambiables. Por ejemplo, en la categoría de aprendizaje, el niño utiliza la extensión de su brazo para construir diversos escenarios por medio de un módulo fabricado con piezas LEGO, dándole un carácter sumamente lúdico y didáctico.

Aunque es apenas un prototipo, la idea tiene proyección innata promoviendo la creatividad, el desarrollo social y las habilidades del usuario, además de ofrecer una experiencia sensorial única, factores que ya le merecieron el premio colombiano Lápiz de Acero 2015 en la categoría de concepto.

El segundo proyecto, por su parte, mantiene un binomio perfecto entre creatividad y rentabilidad. Creada por la compañía japonesa Exii, Hackberry se fabrica por medio de la impresión en 3D, lo que la hace más accesible por su bajo costo.

Esta prótesis electrónica posee una muñeca flexible que permite realizar movimientos más precisos y expresivos, tiene una palma ergonómica para manipular objetos pequeños y sus baterías son universales. Otra gran ventaja es que su funcionamiento no depende de complejas configuraciones, ya que se puede programar desde un Smartphone: cuando el sensor de la prótesis detecta el movimiento de algún músculo, lo convierte en señales eléctricas que son detectadas por el celular y de esta manera controla la función concreta del aparato.

Con una amplia visión de consumo, Exii decidió exponer este proyecto en código abierto y en su página se pueden encontrar los planos de impresión y detalles de configuración, esto con la finalidad de que otros diseñadores y comercializadores tomen los datos como referencia para crear nuevas versiones de acuerdo a las necesidades y gustos de cada persona. En cuanto al costo de manufactura se estima en alrededor de $300 dólares, muy por debajo del promedio de la competencia, excelente opción para personas de bajos recursos.

La genialidad de estas propuestas es destacable, pero lo que realmente quisiera poner en evidencia es la intención social; tal vez un 15% de la población podría parecer un tanto irrelevante, pero la discapacidad es una condición que debe ser más relevante para esta disciplina, hacernos más conscientes, hacernos más humanos.

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