Arte

Opinión | La desaparición del museo


Por Alejandro Gómez Escorcia | Octubre, 2017

Adrián Villar Rojas tiene 36 o 37 años. Una edad bastante temprana para ingresar a los espacios del Museo Metropolitano de Arte (MET), el prestigioso museo enciclopédico de Central Park. Escultor del Apocalipsis monumental, como lo quieren identificar las revistas de arte global, Villar Rojas también es un investigador. Comisionado por el museo de Nueva York, el artista se dio a la tarea de hacerlo desaparecer. O al menos de reinterpretarlo radicalmente.

Sus esculturas, las que ocupan el Iris and Gerald Cantor Roof Garden, fueron fabricadas y ensambladas por impresoras 3D. Más de 100 renders de obras seleccionadas de la colección y modelos de personas fueron editados digitalmente para crear props de espuma de poliuretano recubiertos con pintura industrial.

En conjunto, las 16 piezas que componen El teatro de la desaparición, son el resultado de un largo proceso en el que el artista revisó la naturaleza de este acervo y las políticas de operación del museo desde finales del siglo XIX, cuando se fundó.

El diorama no sólo se compone de esculturas que arremolinan cinco mil años de creación humana sobre figuras de pordioseros somnolientos o dormidos: una pérgola, bancas para descansar y un bar con cerveza a la venta, lo completan. ¿El resultado? Una fiesta espectacular donde convergen sujetos y objetos perdidos en el devenir histórico.

Para Villar Rojas, el museo es un aparato que muestra cosas mientras desaparecen. Un repositorio de cuadros, piedras esculpidas y baratijas apolilladas que ven erosionado su valor tras el apabullante paso del turismo o la llegada cíclica de la amnesia.

Sobre una mesa de banquete llena de platos y copas polvorientas, permanece sentada la efigie de un joven afroamericano. Pese a tener los ojos cerrados, su mirada está enmarcada por dos brazos flotantes que dibujan en su rostro unas gafas de manos. Sobre su regazo, sostiene la réplica de la cabeza de un hipopótamo egipcio que se expone unos pisos abajo. La máxima ley de un museo, “puedes ver pero no tocar”, se invierte por un momento: “puedes tocar pero no ver”. ¿Qué sentido tienen hoy los relatos construidos por los museos para las personas que los visitan?

Para llegar hasta donde se ubican las esculturas, el visitante inevitablemente debe caminar entre las salas de exposición permanente donde hay obras de Grecia, Roma y Egipto. Antes de conocer El teatro de la desaparición, estos objetos son obras auténticas, piezas rotas o réplicas autorizadas registradas que dan cuenta de las culturas antiguas. Después de ver la puesta en escena de Villar Rojas, el museo entero deviene en un deshuesadero de la historia humana.

Es curioso que en México la idea de los museos aún sea ese viejo espejismo de institución de altruismo cultural mientras en otros contextos comienzan a desvanecerse, o al menos, a pensarse críticamente a sí mismos. La investigación de Villar Rojas sobre el MET toma distancia del modelo operativo de estos recintos para buscar la posibilidad de redisponer sus objetos y así la oportunidad de entender el mundo de otra manera.

El teatro de la desaparición también llegó este año a la Kunsthauz Bregenz de Austria, al Observatorio Nacional de Atenas y al MOCA de Los Ángeles. En el MET permanecerá hasta el 29 de octubre de 2017.

Foto: Cortesía del autor.