Arte

Opinión | Kindergarten, de Gregor Schneider


Por Andrea García Cuevas | Mayo, 2017

Como pocas instalaciones, Kindergarten de Gregor Schneider logra inquietar el pensamiento, y quizá la memoria, a través del cuerpo. La oscuridad inesperada en la primera parte de la exposición Haus u r [Casa u r] (1985-presente) advierte una primera confrontación: la transformación de lo que aparentemente es una casa en un espacio lúgubre que se aleja del imaginario convencional de un hogar.

Como si se tratara de una experiencia aristotélica, el impacto pasa de los sentidos al entendimiento. Con un primer video, el artista muestra a detalle el exterior de la casa, en una especie de introducción a lo que está por venir. Pero más allá de una obvia referencia a las difusas fronteras entre el adentro y el afuera, la pieza es un choque entre lo público y lo privado.

Mientras que con los videos que conforman la primera parte de la muestra Scheneider hace de la mirada una voyerista y vigilante de lo cotidiano, el montaje interior distorsiona las asociaciones culturales. ¿Cuál es el lugar común de una casa? Lejos del espacio acogedor, impoluto, donde la identidad se construye sobre los cimientos de lo familiar, en Kindergarten la casa parece ser el lugar donde se proyectan los mayores fantasmas del individuo.

Una vez adentro, lo desconocido. Aunque hay una bodega, una habitación con una cama y un ropero, y un baño totalmente equipado, que en conjunto reconstruyen el interior de una casa, la estructura no es más que una simulación que intimida. Y es que cada quien define la naturaleza de su propio espacio. Así lo sugiere Odenkirchener Str. 202, un proyecto que contempla la compra, ocupación y destrucción de la casa del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, que se encontraba en la misma calle que la casa de Schneider.

Como se ve en los videos Comer (2014) y Dormir (2014), el artista intentó vivir en la casa de Goebbels sin éxito. La atmósfera de un lugar que en sus entrañas albergó y vio crecer a un personaje asociado con uno de los mayores genocidios de la historia, pesó sobre Schneider a tal grado de destruir la estructura (Lugar de nacimiento desmantelado, 2014), excepto la fachada, en un esfuerzo por borrar la memoria del lugar.

La segunda parte de la muestra expone al opuesto: el espacio exterior. Creada ex profeso para la exposición, Playground, al igual que Haus u r, cancela la idea preconcebida de un lugar cotidiano para repensar la relación que se establece con el espacio público. En esta instalación, una serie de juegos aparentemente normales pervierte su función original. Así, una resbaladilla se emplaza sin escalera, un túnel no muestra salida, un arenero se compone por rocas o un pasamanos sin las perchas necesarias.

Playground también es un simulacro. Un espacio falso, como se menciona a pie de muro, que cuestiona las posibilidades de un juego en tiempos de posguerra. La instalación está inspirada en los parques infantiles que fueron comunes en Alemania como parte de la reconstrucción urbana después de la guerra. ¿Un espacio puede hacer olvidar lo que sucedió en el pasado?

Con estas estructuras, Schneider, más que proponer otras formas de imaginación, uso y juego, explora las determinaciones del espacio, sus posibilidades en los márgenes de lo cotidiano y su proyección como un lugar de sociabilidad.

Foto: FCAM.