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Judith Butler: Vulnerabilidad y Resistencia / Parte II, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Marzo, 2015

Pero, ¿cómo enmarcar todas estas reflexiones en nuestro contexto y cuál sería la pertinencia tanto de los agenciamientos que propone para pensar esta nueva comunidad como del posicionamiento no-violento al que apela? Aludiendo al reciente caso de Ayotzinapa, Butler se preguntó “cómo es que puede haber justicia, cuando aquellos que son injustos están en el poder, cómo puede haber movilizaciones cuando la policía, que debe de proteger ese derecho de manifestación, detiene, dispersa, acosa, lesiona, e incluso, mata a aquellos que reivindican ese derecho. En el momento que los individuos no pueden contar con las leyes, la ley entonces se ha emancipado de los individuos para crear su propio futuro político”. La filósofa continuó: “Cuando la ley es en sí misma un régimen violento, uno tiene que oponerse a la ley para poder, paradójicamente, oponerse a la violencia”. Butler esboza entonces las posibles medidas a tomar para trazarse un futuro político más justo, algo así como una reformación del sistema que hoy atraviesa por un evidente proceso de detrimento, esfuerzo similar en cierta medida, a aquellos movimientos ciudadanos que vieron la luz tras el 15M en España o similar incluso al proyecto progresista que está encabezando SYRIZA en Grecia. Proyectos donde precisamente el espacio de la asamblea pública, del concenso, así como de una aparente comunidad, resultan indispensables, esto sí, siempre y cuando dichas fuerzas resistan desde una dimensión pacífica.

La desaparición forzada que sufrieron los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos la noche del 26 de septiembre a manos de policías del municipio de Iguala y de elementos del ejército, permitieron visibilizar un factor que el gobierno llevaba tiempo eludiendo, el Estado es ahora un Estado criminal. Aunado a ello, tenemos una serie de condiciones que han tenido lugar desde la desaparición: los cercos mediáticos a los que ha sido sometido el caso a manos de una prensa oficial en mayor medida subordinada a intereses estatales y privados; la falta de claridad que han recibido los padres así como la sociedad en general sobre los hechos; la imposibilidad del gobierno de ofrecer algún tipo de resultado de la investigación que no suene como una abierta burla para los que demandan respuestas; la clara evidencia de corrupción que se vive en los gobiernos al interior de la República pero también en la ciudad de México; el vano esfuerzo por parte de Peña Nieto y el entonces Procurador General de la República por rendir cuentas; los intentos por volver el caso un esfuerzo por “desestabilizar” al país. Todos estos son algunos de los factores que han salido a relucir. Hoy, el caso de Ayotzinapa continúa sin resolverse, los padres siguen exigiendo respuestas y mientras tanto, el gobierno prefiere abiertamente velar por sus intereses económicos y por los intereses que rodean las próximas elecciones y relegar dicho evento al olvido. Sin embargo, no ha sido posible hacerlo, los padres siguen al pie de la lucha, siguen recorriendo el país y otras tantas ciudades de Estados Unidos para dar a conocer lo que ocurrió, sí, pero también en aras de crear lazos de solidaridad que fortalezcan la lucha, que apoyen del modo que sea posible, de mantener este acto de impunidad vivo, de recordar a todo el que esté dispuesto a escuchar lo que ocurrió. Es también una forma de decir no vamos a cansarnos hasta que se haga justicia, ¿pero cómo pedir justicia a un gobierno que nunca lo ha sido?, ¿cómo pedir cuentas claras, transparencia en los procesos de investigación y algún tipo de respuesta que lleven el duelo a la siguiente etapa de un gobierno corrupto y coludido, cuyos intereses se reducen a tejes y manejes personales, a beneficios propios?, ¿estamos acaso condenados a pasar toda una vida resistiendo?

El problema aquí se vuelve bastante claro. Si bien muchas de las nociones que Butler plantea como resistencia y vulnerabilidad, resultan bastante útiles para pensar nuestra situación actual y se vuelve necesario plantear algunas consideraciones al respecto. Por un lado, muchos de los ejemplos que Butler da de movilizaciones, movimientos ciudadanos y asambleas públicas son casos cuyo objetivo es, tal como lo expresó el 15M, la transformación de los modelos de organización, laborales, producción y consumo, entre otros, a favor de una democracia real ya. Por otro lado, la perspectiva de no-violencia que ofrece, se torna un tanto complicada al tener en consideración que precisamente, la violencia no puede ser acotada a una noción general, debiéramos por tanto que distinguir en usos y formas de la violencia, en medida que existe todo un contexto de luchas y resistencias que precisamente se han visto orillados a tomar las armas y enfrentarse al aparato de dominación que estaba gestando las condiciones de posibilidad para el vivir(se) vulnerable. Finalmente, cabría mencionar que la resistencia no implica en muchos casos sólo una lucha contra la transformación del aparato democrático, en muchos otros casos, precisamente la resistencia ha sido motor de creación y reivindicación de otros modos de vida, de modelos anticapitalistas que han logrado crear nuevas subjetividades.

Hoy, frente al proceso de globalización y el avance del proyecto neoliberal, el Estado-nación ha tenido que ceder las riendas a la autoridad que hoy representa la economía, logrando así, que la política adquiera nuevos matices y se dedique entonces a administrar áreas como la vigilancia, castigo y control que le demanda el aparato económico. ¿Cómo entonces restaurar un sistema que, por lo menos en México, ha tenido como tal, un lugar que representa y responde a los intereses de unos pocos y que recurre a lógicas de dominación, explotación, control, autoritarismos, formas de dominación y un largo etcétera que continúa?, ¿no sería más bien necesario la creación de modelos alternativos de organización que llantos que se lamentan por la democracia como se vive hoy, que buscan transformarla apelando a modelos de democracia directa, por ejemplo? La democracia es un modelo de gobierno que hipotéticamente, refleja la voluntad de la mayoría a partir de la creación de un sistema de representación, y si bien es importante mencionar que existen diversas acepciones de democracia, el problema, en gran medida, es que hoy estas formas de representación y delegación se encuentran bastante distantes de la idea de una democracia que vela por los intereses de los individuos. Y es en este contexto donde tendríamos que abogar más bien por modelos de resistencia anticapitalista, así como por estrategias de fuga de estas relaciones sociales de dominio que ocurren en el marco mismo de la llamadas democracias.

Así más que seguir apelando a transformar estos modelos de forma que se apeguen a hipotéticos que no va a ocurrir, la resistencia tendría que constituir una forma de lucha que tienda a la creación de modelos de vida que no reproduzcan formas alienadas de poder, encabezadas por líderes que los representan. La autonomía, la autoorganización y  la autoproducción se inscriben precisamente como lo opuesto a esta visión progresista. En dichos modelos, las decisiones, reglas o formas de organización no están predeterminadas sino que surgen a partir de la experiencia de las comunidades, son resultado de contextos específicos y experiencias prácticas y no de generalizaciones. Por otra parte, el problema de la democracia implica que los individuos que participan en ella suelen reducirse a espectadores a quienes les toca presenciar, después de las campañas electorales, cómo las supuestas consultas y promesas devienen, más bien, en la puesta en marcha de agendas personales de aquellos quienes están en el poder. De este modo, aquello que plantea Butler podría bien ser únicamente un efecto colateral más de la democracia. Moxie Marlinspike y Windy Hart explican que una de las estrategias más de la democracia es que tiende a:

“Enmarcar nuestra discusión forzándonos a argumentar bajo sus premisas (así) todas las acciones para cambiar el ambiente sociopolítico tienen que ocurrir bajo sus términos y conseguir sólo esos fines que podrá sancionar. Por estas razones, la democracia se reproduce a sí misma con poco esfuerzo de las clases dominantes. El sistema democrático normado por “la mayoría” alienta a  las clases alienadas y explotadas a sentir como si tuvieran control cuando en realidad permanecen de manera segura en las manos de la clase explotadora y alienadora. Incluso las contradicciones más obvias son sobreestimadas porque el sistema adecua su existencia a la libertad y de este modo, dispone su existencia fuera del marco de las ideas contestatarias. Al declararse a sí misma como a priori o como el primer principio de la libertad social e individual, la democracia aparece como fuente una tolerante y flexible del bien público más allá de todo su escrutinio”.

Foto: Angular.

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Aline Hernández (México, 1988), es curadora y escritora independiente. Ha publicado diversos cuentos como Demencia parafílica, Le Merlebleu Azuré y La Ventana, entre otros en medios como Revista Cartucho y el Periódico El Espectador. Asimismo ha participado en proyectos colaborativos como Pan para todos y Chicatanas. Su trabajo escrito explora temas como el neoliberalismo y el arte, crítica de arte, procesos de resistencia y comunitarios.