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Judith Butler: Vulnerabilidad y resistencia / Parte I, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Marzo, 2015

Hace unos días Judith Butler se presentó en la Universidad Autónoma de México con la conferencia “Vulnerabilidad y Resistencia”, resultado de su más reciente libro Vida Precaria. El poder del duelo y la violencia. En éste elabora una serie de elucidaciones a partir de nociones como cuerpo, lenguaje, performance, performatividad, resistencia, precariedad y vulnerabilidad. A través de replantearse dichos conceptos, así como las relaciones e implicaciones que guardan entre sí, se pregunta qué tipo de vida política es posible emprender si consideramos la agresión y la vulnerabilidad como estados que se han generalizado. Trazando un análisis que inicia con los eventos ocurridos el 11 de septiembre en Estados Unidos, Butler reflexiona sobre algunas de las consecuencias que este atentado desató en cuanto al modo de ejercer la política nacional, como el fortalecimiento de un discurso de corte nacionalista, la aplicación de nuevos mecanismos de vigilancia, censura en el país, así como la posibilidad de anular los derechos constitucionales de aquellos ciudadanos que representen un potencial peligro para la nación (como lo analiza Noam Chomsky en Crónicas de la Discrepancia). Butler parte entonces de esta condición de vulnerabilidad y resistencia, tornándola en ejes medulares de los ensayos, para proponer la formación de una suerte de comunidad global que, guiada por principios de no violencia y partiendo de principios éticos de reconocimiento del Otro —tomados de Emmanuel Levinas—, logre agenciar una nueva forma de hacer política.

De acuerdo con Butler, la democracia no sólo necesita de “corporeidades” o individuos para existir, sino también de una serie de condiciones materiales que la posibilitan. Al respecto explica: “El término movilización depende de un sentido operativo de movimiento y es, en sí mismo, un derecho que no puede ser dado por sentado. Para que el cuerpo pueda desplazarse y tener constitutivamente una superficie de algún tipo, debe tener a su disposición ciertos soportes técnicos. De este modo, el pavimento o las calles, son entonces entendidos como conexiones del cuerpo que posibilitan, y a su vez, afectan el evento mismo donde tiene lugar dicha movilidad. “Nadie se mueve sin un ambiente propicio y una serie de tecnologías (…)” y en este sentido es que, tanto las asambleas públicas como las movilizaciones, o las reuniones en las calles, necesitan de una serie de condiciones infraestructurales. Sin éstas no sería posible la idea y ejecución de movilidad. Así, cuando dichas infraestructuras son retiradas, o bien, volcadas contra los propios manifestantes, entonces se está violando uno de los ejes fundamentales de la democracia: la libre movilización de sus individuos. Al respecto, Butler mencionó que “esto podría ser el doble sentido del por qué los bienes públicos son desmantelados por iniciativas privadas, neoliberalismo y formas aceleradas de desigualdad económica y tácticas antidemocráticas autoritarias, o incluso, una adecuación violenta del Estado y de intereses económicos”. La democracia, por otra parte, exige participación y mientras se esté infringiendo contra dicha participación no es posible, básicamente, hablar de democracia.

Además de este factor, la democracia requiere de una serie de condiciones necesarias como un cuerpo policiaco que se encargue, precisamente, de que estos derechos de expresión y reunión en espacios públicos puedan tener lugar de modo seguro. No obstante, muchos países no ponen en marcha lo que debería ser más un cuerpo destinado a salvaguardar la paz, sino un brazo armado más del gobierno que se dedica a reprimir y acosar, cuando no matar a los manifestantes. En este sentido, precisamente, sería este potencial miedo a salir a las calles, a tomarlas, en donde Butler encuentra una chispa que puede devenir en potencia y explica que “el miedo general que puede desarrollarse a partir del deseo de manifestarse, puede transformarse en un movimiento de resistencia con el potencial de exhibir la ilegitimidad de un gobierno local o nacional y que podrá ser un movimiento de resistencia con un potencial revolucionario”.

Esta perspectiva, conduce a Butler a plantear que más que pensar en la posibilidad de sobreponerse a esa vulnerabilidad, lo que ocurre en muchos casos es que estamos movilizándola. Para ello, nombra ejemplos de casos como Brasil, Pakistán o África, donde los individuos al saberse vulnerables, emprendieron entonces una movilización de dicho estado que se tradujo en la construcción de refugios para vivir. La vulnerabilidad y resistencia se presentan aquí como factores indispensables para el proyecto propuesto. Y sobre esta línea, la resistencia acontence en el momento mismo en que un individuo decide resistir a las condiciones de precariedad en las que vive.

En cuanto a la vulnerabilidad, el enfrentarse a ella, implica la posibilidad de revertir el mecanismo intrínseco que suele caracterizarla, lo cual deriva en una transformación. “Somos primero vulnerables y después nos sobreponemos a dicha vulnerabilidad al menos provisoriamente, a través de actos de resistencia”. La vulnerabilidad es además posible no sólo como un estado mental o psicológico sino también infraestructural. Butler menciona que precisamente los cuerpos se mueven y dependen a su vez de ciertas infraestructuras y en el momento que esas infraestructuras fallan, es que esa falta de soporte material convierte también al sujeto en propenso a dicha vulnerabilidad. Por su parte, el acto de resistencia tendría que tender no sólo en la preservación de garantías individuales inmateriales, sino en las condiciones materiales por las que están atravesadas, que afectan y por las que se ven afectadas. Precisamente estas infraestructuras materiales representan las condiciones de posibilidad de aparición de muchas de estas garantías intangibles. Explica: “Ya sabemos que la idea de libertad sólo puede ser ejercida si hay el soporte necesario para ello, las condiciones materiales que atraviesan el acto lo mismo que lo hacen posible”. La vulnerabilidad entendida como una suerte de exposición deliberada al poder, puede asumir otro tipo de condiciones para entonces mutar y convertirse en un acto de resistencia. Esto es, la vulnerabilidad como tal no desaparece, sin embargo, agenciarla hace posible que devenga el motor que la movilice y la torne por tanto en un resistir,

Ahora bien, en relación al cuerpo, Butler mencionó que nuestro cuerpo no es por sí solo sino que éste es en dependencia con otros cuerpos y redes de apoyo que hacen posible su vida. Bajo esta perspectiva, no podemos entonces hablar de corporeidades sin los soportes y relaciones que lo sostienen y lo cruzan así como la relación que establece con dichos factores. Lo mismo que la democracia, el cuerpo no puede ser disasociado de una serie de condiciones de carácter material que al faltar, crean las condiciones de posibilidad para la precariedad. El lenguaje en este sentido representa otro soporte, lo mismo que las condiciones estructurales en medida que éste depende de condiciones sociales así como convenciones. Es así que al igual que somos vulnerables a estas, lo somos también a los actos del discursos. Tanto nuestra habilidad para sobrevivir depende del discurso, como la resistencia a las condiciones en las que existimos están íntimamente ligadas a este acto. Siguiendo a Butler: “No sólo actuamos a través del acto discursivo sino que éste, a su vez, actúa sobre nosotros”.

Foto: Belelu.

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Aline Hernández (México, 1988), es curadora y escritora independiente. Ha publicado diversos cuentos como Demencia parafílica, Le Merlebleu Azuré y La Ventana, entre otros en medios como Revista Cartucho y el Periódico El Espectador. Asimismo ha participado en proyectos colaborativos como Pan para todos y Chicatanas. Su trabajo escrito explora temas como el neoliberalismo y el arte, crítica de arte, procesos de resistencia y comunitarios.