Música

Opinión | Jeremiah Cymerman: La muerte en el aire


Por Pablo Cordero @sugarskull12 | Septiembre, 2014

En un capítulo de The Sandman, una de las máximas obras maestras de la novela gráfica moderna, Neil Gaiman describe la necrópolis ficticia Litharge, ciudad que gira alrededor de la muerte cuyos habitantes se entrenan en el arte de los ritos fúnebres durante toda su existencia. Un aprendiz recita los cinco métodos empleados para deshacerse de un difunto, y el último y más raro de ellos es el entierro celestial, práctica prevalente en el Tíbet en el que cortan un cadáver en pedazos a fin de que sea devorado por aves.

Para el clarinetista neoyorquino Jeremiah Cymerman, quien en su juventud fue estudiante del budismo, dicha práctica resulta interesante por la manera en que contrapone lo grotesco con lo sublime, y es en esta intersección entre el horror y la belleza que Cymerman ubica su música, la cual se nutre del free jazz y la electrónica experimental para crear un singular híbrido.

No es de extrañar que Jeremiah Cymerman’s Amplified Quartet haya elegido el título de Sky Burial para la primera grabación de su más reciente ensamble. Dicho cuarteto cuenta con una formación peculiar (Matt Bauder en el saxofón, Nate Wooley y Peter Evans en trompetas, y Cymerman en el clarinete), pero el resultado final del disco guarda poca relación con lo que el escucha podría esperar tras leer la lista de personal empleado. En vez de escuchar inquietos y complejos intercambios melódicos y armónicos entre metales y alientos, el disco se compone en su mayoría de oscuros paisajes electrónicos en los que el timbre de los instrumentos resulta frecuentemente irreconocible.

La producción del disco (obra del mismo Cymerman) resulta interesante por el hecho de abordar la grabación de instrumentos acústicos como si se tratara de una producción totalmente electrónica. El músico ha mencionado que el lugar de grabación es un instrumento más, y desde que obtuvo su primer estudio casero a los 14 años de edad ha estado tan interesado por las diferentes técnicas de grabación y mezcla como por desarrollar la técnica de ejecución de su instrumento. Sky Burial, si bien parte de la improvisación (“el eje conductor de toda mi obra”, en palabras de Cymerman), suena como una cuidadosa construcción artificial (empleando dicho adjetivo en forma descriptiva, no como juicio de valor), nunca como cuatro músicos tocando juntos en una habitación. Un recurso que se repite a lo largo del disco es que, en un momento dado, sólo uno de los instrumentos se puede escuchar sin distorsiones, cargando con el peso armónico y tonal de la pieza, mientras los otros tres ejecutantes se ven transformados en un colchón de oscuras texturas ambientales, frecuencias graves, y una amplia variedad de sonidos percusivos que resultan particularmente sorprendentes conociendo su origen.

Las cinco piezas que componen Sky Burial no exhiben una gran diferencia en timbres ni estructura, y podríamos decir que el disco presenta sus ideas más interesantes durante la pieza inicial. Sin embargo, ofrece una visión excepcionalmente moderna y original del free jazz.