Arte

Opinión | Guillermo Gómez-Peña: Mexican (IN) documentado


Por Fernando Pichardo | Enero, 2018

El Museo de Arte Moderno inauguró a finales de noviembre la exposición Guillermo Gómez-Peña: Mexican (IN) documentado. Se trata de la primera retrospectiva del artista mexicano realizada en nuestro país. Desde 1978 Guillermo Gómez Peña (México, 1955) radica en Estados Unidos y actualmente es reconocido, junto con la organización artística La Pocha Nostra, como un pionero del performance en ambos territorios. No obstante, su producción ha rebasado los límites de esta disciplina para expresarse en otras plataformas como las artes visuales, la fotografía, el ensayo, la imagen-movimiento y la poesía. Gómez-Peña se ha preocupado por narrar la experiencia mexico-americana en un intento por forjar una ciudadanía radical y así combatir la visión monocultural que pervive en las sociedades donde se desenvuelve.

La exposición es el resultado de dos años de colaboraciones entre el MAM y el equipo de trabajo de Gómez-Peña en California. En conjunto con la curadora Janice Alva, el artista concibió la muestra como una bitácora que despliega documentos que relatan la evolución de esta trayectoria. El conjunto de obras cumple el anhelo del artista por difundir un imaginario subversivo e irreverente en su país de origen, adaptando su trabajo al lenguaje y medios de representación locales para “re-chicanizar” al público asistente. Se trata de una cartografía que vincula a la audiencia con las situaciones y argumentos que el cuerpo de Gómez-Peña ha explorado durante casi cuatro décadas de activaciones y arte efímero: “Para mí esta exhibición es un sueño. El sueño de un post-nacional; de un mojado que desea regresar a su país por la puerta de enfrente. Mi pasaporte es mi arte, el arte de mis colegas. La exhibición es un mapa de mi país imaginario; el país en donde yo quisiera vivir. Un país de tolerancia”.[1]

Mexican (IN) documentado reúne objetos y documentos que dan cuenta sobre la diversidad interdisciplinaria que ha caracterizado al discurso de Gómez-Peña, utilizando al rasquachismo como punto de partida para crear narrativas. Este concepto radica en apropiarse y revertir subjetividades mexicanas y norteamericanas bajo una sensibilidad estética chicana para presentarlas como un elemento de resistencia contra paradigmas hegemónicos. Un ejemplo de lo anterior es la obra titulada Sobrevivientes de la globalización, donde el artista reflexiona con humor sobre los remanentes no reconocidos de la hibridación cultural entre ambos países. Al intervenir muñecos de acción y transformarlos en personajes como “Michael Jackson indigente,” “el luchador cojito” y “Barbie terrorista,” Gómez-Peña pervierte a la cultura de masas y parodia la obsesión colonialista por hallar imágenes de la otredad que sean espectaculares, auténticas e inofensivas.

Para Gómez-Peña, la traducción del performance como arte vivo a un espacio museístico representó el reto más grande en la articulación de esta muestra, por lo que otorgó un lugar preponderante al material fotográfico y fílmico producido durante las cuatro décadas que abarca su carrera: “Rara vez construimos objetos con el fin de que sean sacralizados o exhibidos en museos o galerías. De hecho, nuestra principal obra de arte es nuestro propio cuerpo”.[2]

Una muestra de esta compilación es Performance and Identity (1989), que consiste en una revisión al cogito cartesiano para demostrar cómo las percepciones estadounidenses respecto al sur y sus habitantes son dictaminadas por las categorías de raza y poder:

I am brown, therefore I am underdeveloped,
I wear a mustache, therefore I am Mexican,
I gesticulate, therefore I am Latino,
I can speak about politics, therefore I am un-American
My art is undescribable, therefore I am a performance artist.

Dentro de las grabaciones incluidas, Macho Man in Two Takes (2004) fue la que más llamó mi atención. Bajo una mirada voyeurista, Gómez-Peña confronta al espectador en un intento por frenar el acoso que el espectador efectúa. El artista evoca a la figura del macho mexicano para ahuyentarla, mientras discute con la cámara en inglés y español. La construcción hipermasculina se revierte al abrirse el encuadre y hallar a un Gómez-Peña travestido, usando una falda larga y zapatos de tacón. La filmación no sólo es un ejemplo de la confrontación de aporías que el imaginario del artista utiliza para la conformación de espacios intermedios, sino que pone en evidencia la práctica histórica de exhibir y explotar a grupos marginales con fines epistemológicos.

Por otro lado, en el jardín escultórico del museo se presentan recreaciones de las instalaciones más significativas en la carrera del artista, siendo uno de ellos La pareja en la jaula. Entre 1992 y 1993, con motivo del quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a las Antillas, Gómez-Peña y la artista cubano-americana Coco Fusco llevaron a cabo esta acción, donde se hicieron pasar por nativos de una isla ficticia llamada Guatinau —permutación de la frase What Now—, acompañados de descripciones taxonómicas para evidenciar una exhibición de seres humanos que se creía obsoleta. El hecho de que un porcentaje alto de los asistentes creyera que la activación era verídica, revela cómo la industria del turismo y los gobiernos del mundo perpetúan las ilusiones de exotismo y primitivismo para alimentar la fascinación occidental por el otro. La obra se opone a la manera en que las sociedades no-occidentales son explotadas con fines comerciales, sexuales y colonizadores.

La exhibición es una revisión extensa a la perspectiva de Gómez-Peña, pero sobre todo, materializa su deseo por obtener un regreso simbólico a un país al que ya no puede habitar. De acuerdo con el artista, la muestra politiza la existencia de los mexico-americanos con el fin de que los públicos al sur del Río Bravo conozcan el drama de los migrantes al no sentirse completamente insertos en ninguna de las culturas que los conforman: “Nos obsesiona la posibilidad e imposibilidad de regresar. Hoy en día sentimos más que nunca la orfandad de dos estados-nación: el país de origen, México, que nos olvidó por completo y el país anfitrión, Gringolandia, que nos ve como una amenaza a su seguridad y a su mercado laboral. Con la lengua partida y la identidad fragmentada, soñamos constantemente en regresar. Regresar a un país que ya no existe; un país que ya es otro. O mejor dicho, que ya es muchos países. Algunos seductoramente míticos, otros peligrosísimamente reales. Repito: esta exhibición es parte de mi retorno”.[3]

A un año de que arrancara la administración de Donald Trump y que las acciones para levantar su “big, beautiful, powerful, border wall” la conviertan en un hecho cada vez más contundente, Guillermo Gómez-Peña propone un arte que nos recuerda que las fronteras son lugares de conjunción y no de término. Confronta sexualidades, etnografías, identidades y mitologías para trasladar visiones unilaterales a los márgenes del pensamiento y crear un territorio intermedio que se adapte a los reclamos de nuestro pasado y las aspiraciones de nuestro presente. En un momento donde la franja que divide a México y Estados Unidos ha dejado de ser un asunto doméstico para convertirse en un elemento de interés global, el artista nos enseña a través de diferentes facetas y ánimos cómo se imagina que será el futuro: Borderless.

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[1] Guillermo Gómez-Peña en conferencia inaugural Mexican (IN) documentado, en el MAM.

[2] Ibídem

[3] Ibídem