Arte

Opinión | Guggenheim Aguascalientes


Por Sandra Sánchez / @phiopsia | Septiembre, 2014

Los costos del arte. Detrás del trabajo de Rolando López (Aguascalientes, 1978) está la pregunta sobre el financiamiento del arte contemporáneo. Su trabajo “pretende ser un dispositivo que bajo la mirada del oprimido, genere preguntas pertinentes en torno a lo que representa la modernidad y el capitalismo”. Pero para contar esa historia hay que hacer un zoom in a su proyecto y a sus piezas artísticas. El problema es mundial, la historia es local: Aguascalientes, el Guggenheim y los mineros.

En colaboración con otros artistas, Rolando López cuenta la historia de lo sucedido en 1894 en la Villa de nuestra Señora de las Aguas Calientes. Porfirio Díaz estaba en el poder, bajo su mandato se otorgó el derecho de explotación industrial en las minas de Tepezalá a las afueras de lo que hoy conocemos como Aguascalientes. Los terrenos fueron expropiados y la madera del terreno fue utilizada por el inversionista para llevar plomo a Nueva York. Solomon Guggenheim se apropió de los terrenos y contrató gente de la localidad para trabajar como mineros comenzando con la extracción de plata, cobre y piedras preciosas. Los materiales se agotaron y la empresa cerró; no sólo dejando a la gente del poblado sin trabajo, sino con un problema ecológico que sigue presente: miles de árboles talados, sobreexplotación de los mantos acuíferos, agua contaminada por los procesos industriales de la fundición de plomo y toneladas de residuos industriales tóxicos arrojados en la superficie de dicho estado en forma de piedras.

Rolando López cree en el pasado y en “la revisión histórica como medio de comprensión del presente”, le interesa poner el dedo sobre el renglón de lo sucedido, recuperar los rumores de la mina, las promesas, las desilusiones y los relatos en voz viva de los habitantes que vivieron el proceso de industrialización de la modernidad y su fracaso.

La intención de López es doble; por un lado cuenta la historia, por el otro cuestiona el funcionamiento del museo como contenedor de la cultura, los procesos económicos que suceden para que se pueda adquirir una colección que se expone y se pone en diálogo con piezas de coleccionistas, museos locales, extranjeros y préstamos de obra de diversa índole. El hecho de que la historia se revise desde el arte permite alejarnos de la veracidad del documento para reconstruirla y contarla con imágenes, acciones, fotografías, esculturas. Dispositivos que hablan por sí mismos y que permiten una interpretación epistemológica y estética del hecho mismo.

El hilo conductor de su investigación es la minera; los resultados artísticos operan en varias etapas. Por un lado tenemos fotografías sobre los habitantes que reflejan sus condiciones económicas y malformaciones con las que nacieron sus hijos derivadas del contacto con productos tóxicos. Por otro lado tenemos acciones directas, en donde se juega con el nombre Guggenheim Aguascalientes para señalar las intervenciones al espacio que López y sus colaboradores realizan. También se cuenta con panfletos y publicaciones para el habitante-público-visitante.

El mismo día de la inauguración de la exposición Bajo el mismo sol: Arte de Latinoamérica hoy (junio-octubre 2014) en el Guggenheim de Nueva York, bajo la curaduría de Pablo León de la Barra, López coloca la primera piedra de Guggenheim Aguascalientes: convierte el espacio desolado de la antigua minera en un museo que realiza actividades, archiva, colecciona los restos de la fundidora y genera un discurso, pero no sobre obras de arte, sino sobre la realidad histórica del espacio que habita.

El trabajo de López abre distintas preguntas: ¿Quién financia el arte? ¿Qué historias se omiten? ¿Quién tiene el poder de abrir un museo? Preguntas gigantescas que atraviesan al campo de la producción artística actual.

Puedes saber más sobre el proyecto y consultar las distintas actividades aquí.

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