Arte

Opinión | Forensic Architecture, hacia una estética investigativa


Por Fernando Pichardo | Octubre, 2017

La semana de inauguración de Forensic Architecture, hacia una estética investigativa coincidió con el anuncio de Apple sobre la inclusión de un escáner de rostro para desbloquear las pantallas de sus nuevos productos en el mercado. El reconocimiento facial es una realidad, y los estados alrededor del mundo están tomando medidas para aprovechar este y otros avances tecnológicos para identificar —y por tanto controlar— los movimientos e intenciones de los ciudadanos desde plataformas que en apariencia forman parte del dominio público.

Basándose en el argumento de que la historia de la ciencia forense es la historia de los métodos que los gobiernos generan para rastrear a los individuos, el grupo de investigación Forensic Architecture genera prácticas que revierten esta retórica y contribuyen a la desestabilización de los grupos de poder implicados en actos de violencia sistemática. Uno de los motivos que se presentaron para este proyecto fue el hecho de que en una época caracterizada por la ubicuidad del software de monitoreo y los dispositivos de vigilancia, aún existan eventos cuyas causas no puedan ser explicadas por los aparatos políticos que los promueven. En el caso de México, resulta inverosímil que, por ejemplo, el gobierno invierta 80 millones de dólares en un programa de espionaje para teléfonos inteligentes y que en contraparte no sea capaz de reconstruir los hechos de Ayotzinapa, uno de los casos de desaparición forzada más indignantes en la historia reciente del país.

Para derrumbar la narrativa oficial en torno a los cuarenta y tres normalistas, el grupo de investigación Forensic Architecture presenta en el MUAC la plataforma Ayotzinapa: una cartografía de la violencia. En conjunto con el Centro Prodh y el Equipo Argentino de Arqueología Forense (EAAF), el proyecto constituye la primera recreación de las escenas de crimen que ocurrieron esa noche en la ciudad de Iguala, utilizando recursos estéticos. Con ello se pone en evidencia la monopolización de la verdad que funcionarios y corporaciones ejercen para ocultar la pérdida de vidas en su lucha por obtener una hegemonía. Se trata de un fenómeno que, al igual que la desaparición de los estudiantes, rebasa las fronteras nacionales para convertirse en una condición del tiempo en que vivimos.

Lo primero que uno ve al ingresar a la sala del museo es el complejo enramado de líneas de colores proyectadas sobre un plano cartesiano, mismo que muestra los tiempos y espacios involucrados en los hechos de Iguala. La escala de la cartografía y su adhesión a la pared del espacio son una referencia directa al muralismo, corriente por la que México se insertó dentro de la historia del arte moderno. Pero en este caso el mural de la exhibición no es un enaltecimiento a los valores y progreso de México, sino un formato que nos devela la erosión de la democracia que atraviesa el territorio actualmente. Ello es particularmente evidente en el distanciamiento que muestran la línea negra, correspondiente a la “verdad histórica” de la PGR con los testimonios de las víctimas y comunicaciones de las fuerzas de seguridad.

Al mural lo acompañan ejemplares de los reportes publicados por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), punto de partida para gestar el resto de la investigación. Asimismo, se presenta un video con reconstrucciones de los escenarios en 3D, rutas de los vehículos registrados y posición exacta de cada una de las personas involucradas en el atentado. Esto fue posible mediante la configuración de un cuerpo de datos e imágenes a partir del análisis detallado de un flujo de información que abarca alrededor de cinco mil incidentes, comunicaciones y relatos que al igual que en un proceso científico, es perfectible y sujeto a modificaciones.

Además de la base de datos correspondiente a Ayotzinapa, en la muestra también es posible tener un acercamiento a plataformas que Forensic Architecture ha creado a partir de las peticiones de diversos grupos desde su fundación en 2010. Algunos casos son la documentación de evidencia histórica, jurídica y material de la ocupación continua de comunidades beduinas en el desierto del Negev y las acciones que el Estado israelí ha dirigido para anularlas. También se muestra el homicidio pasivo que los miembros de la OTAN ejecutaron al negar la ayuda a un bote de inmigrantes que quedó varado en el Mediterráneo en 2011, protegiéndose en las difusas legislaciones que existen en el manejo de aguas internacionales. Por otro lado, la investigación emprendida en torno a la tala de tierras vírgenes para la creación de plantíos de palma en Indonesia me pareció particularmente relevante, en tanto las catástrofes ambientales comprenden la mayor amenaza para el devenir de nuestra especie. Mediante una secuencia de espacio-tiempo que arranca a partir de 1990, Forensic Architecture visibiliza la expansión ilegal de los campos de cultivo, la ocupación de suelos que pertenecen a comunidades indígenas y el asesinato de orangutanes que como consecuencia de estos eventos.

Con lo anterior, el grupo de colaboradores visibiliza formas de violencia que se ejecutan de manera silenciosa durante períodos largos de tiempo. Demuestran que ésta no sólo llega a ser de tipo arquitectónico, sino también ambiental, lo que apela a un reconocimiento de los derechos de organismos y sistemas que no necesariamente pertenecen al género humano. Con estas plataformas, la agencia presenta a la arquitectura como una disciplina sobre la que se posicionan recuentos exhaustivos de los hechos, además expande el término para convertirlo en un campo de conocimiento al servicio de la curación de los derechos humanos.

Las movilizaciones efectuadas tras el sismo del 19 de septiembre ocasionaron que el tercer aniversario de los hechos de Iguala obtuviera una cobertura mediática regular. Para cuando el MUAC reabrió sus puertas, la ciudad aún se encontraba en un proceso de recuperación. Sin embargo, creo que es en estos momentos cuando la reflexión derivada de la cartografía de la violencia debe ser valorada. En un tiempo donde se analizan los efectos a largo plazo que la infraestructura dañada generará en la capital del país, los proyectos emprendidos por Forensic Architecture nos recuerdan que tras los daños ocasionados por desastres como los terremotos, se encuentran causalidades políticas que son capaces de “hablar” cuando les son implementadas tecnologías de detección. Las fisuras se convierten en testigos.

Forensic Architecture nos muestra que los edificios y paisajes ya no pueden ser concebidos únicamente como escenarios, sino que es necesario explorarlos como un conjunto de espacios y estructuras capaces de dialogar con los acontecimientos que se suscitan en ellos. Para este colectivo, los fragmentos, fallas y representaciones gráficas o sonoras que de ellos puedan obtenerse arrojan testimonios tan válidos como los de cualquier testigo humano.

Ayotzinapa se convirtió en un ejemplo paradigmático sobre los vacíos que existen en el Estado mexicano. Es una muestra del vínculo que existe entre el gobierno y el crimen organizado, pero también es un caso sobre cómo la desigualdad puede alcanzar un tinte letal. Las estrategias de la sociedad para generar acciones que desmantelen y reestructuren el campo de acción en la política nacional no darán resultados satisfactorios mientras se permita la construcción de infraestructuras para ciudadanos de primera y de segunda categoría, además de seguir normalizando la explotación al medio ambiente. Quizá ese sea el mayor legado de esta exposición del MUAC: ser capaz de cuestionarnos sobre qué tan responsables somos a nivel colectivo y personal de la violencia que diariamente condenamos.

Imagen: www.forensic-architecture.org