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Opinión | Experiencias gastronómicas


Por Fabritzia Peredo | Febrero, 2016

La creación de experiencias sensoriales es, creo yo, uno de los potenciales más exquisitos del diseño. Por lo general, en nuestra infancia aprendemos el concepto de los cinco sentidos mediante diversos estímulos, pero conforme crecemos y nos internamos en el tedio de la monotonía, ser partícipes conscientes con todos nuestros sentidos se vuelve una tarea más complicada. La interacción con los objetos, con medios digitales y con ambientes prefabricados nos permite reforzar esa sensibilidad descuidada acerca de lo que pasa en el entorno.

Los diseñadores estamos acostumbrados a aportar experiencias sensoriales de forma implícita: en el medio gráfico, el usuario está en contacto directo con su sentido visual; el diseño industrial por su parte puede llegar a ser más inclusivo (dependiendo del proyecto) y explorar con sensaciones táctiles por medio de materiales y texturas. De igual forma, el diseño digital puede crear atmósferas únicas al combinar recursos visuales y auditivos. Todas ellas provocan en el usuario un efecto emocional que conduce a la aceptación o rechazo de lo que se le ofrece, humanizando así el producto.

Dentro de este contexto, un sentido que ha sido poco explorado por el diseño es el gustativo, sin embargo las aportaciones creativas que han surgido resultan bastante innovadoras, abriendo las puertas a nuevas experiencias gastronómicas. Mi primer acercamiento al tema fue en 2012, cuando leí acerca de un helado de Häagen-Dazs con forma de luna. Creado por el estudio londinense Doshi Levien, su apariencia esférica con pequeños hundimientos que simulaban cráteres no era el único aspecto relevante, su interior estaba estructurado por capas con diferentes ingredientes y para su elaboración, tuvo que ser moldeado en dos partes por separado y luego juntarse sin que se apreciara la unión: una verdadera obra de arte de repostería. Después de esto y con la utilización cada vez más recurrente de nuevas tecnologías, han salido a la luz otros proyectos interesantes. Tal es el caso de la comida impresa, la cual incita a desarrollar nuevas técnicas de cocina y platillos con formas muy precisas y detalladas mediante la impresión en 3D, disminuyendo también los procesos de elaboración.

Chocolatexture, por Nendo, es uno de los proyectos más recientes que incursiona en este tema. El diseñador japonés, quien se caracteriza por abordar necesidades polifacéticas, lanzó una peculiar serie de postres. ¿Su propósito? Crear toda una experiencia culinaria desde el contacto con la lengua, la acción de morder el producto y la sensación del chocolate derretido en la boca, así como la explosión de sabores que se puede experimentar mediante sus mezclas. Está compuesta por una barra de chocolate que se divide en 12 caras con relieves diferentes —líneas, puntos, ondulaciones, etc.— y otro kit de frascos hechos con chocolate y saborizantes dulces que pueden combinarse según el gusto del paladar más exigente.

Ahora bien, es evidente la cantidad de oportunidades que tiene la aplicación del diseño en la gastronomía, pero me parece que la mayoría de los proyectos se deslizan en un ambiente gourmet y elitista. La creación de experiencias no debería ser percibida como un lujo, al contrario, nutre las necesidades humanas más fundamentales y, por lo mismo, debería repensarse como un valor elemental dentro de nuestra actividad creativa y proyectual.

 

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