Arte

Opinión | El arte no es un objeto: Heidegger para espectadores.


Por Sandra Sánzhez / @phiopsia | Octubre, 2014

Tendemos a nombrar arte a los objetos artísticos. Pero el arte va más allá de eso, el filósofo Arthur Danto lo denominó como un mundo, el mundo del arte. Este presupuesto parte de que el arte no existe sino como parte de la vida de los humanos, una esfera en donde se juega nuestra sensibilidad. Los objetos artísticos son los protagonistas, pero no los únicos jugadores. Reducir el arte al objeto artístico  sería como decir que el fútbol consiste en el balón y los tacos. El fútbol es un juego universal, el arte también. Cualquiera puede convertirse en espectador o jugador, pero como todo juego, hay que entender sus componentes básicos -el balón, el jugador, las obras de arte, el espectador- y sus reglas.

Kant estableció que la experiencia estética, es decir, nuestro contacto sensible con el mundo era justo eso, una experiencia. Este pensamiento revolucionó nuestra forma de vivir, pues los objetos con los que nos relacionamos importan en tanto que son conocidos, juzgados, percibidos y organizados por nosotros, los sujetos. El arte no es la excepción, habitamos el mundo del arte, cuando lo experimentamos: en un museo, en una clase, en un artículo, en un libro. La intención de señalar que el arte es un fenómeno consiste en ensanchar sus fronteras, más allá de una obra hay un artista que la realiza, un curador que la discute, un crítico que establece sus relaciones con otras esferas humanas, un historiador que analiza su lugar en su propio desenvolvimiento y, sobre todo, tú: un espectador que la experimenta.

Quizá el mejor libro para adentrarse al arte como parte de la experiencia humana es El origen de la obra de arte, del filósofo Martin Heidegger. Dicho filósofo no nos concebía como sujetos, sino como seres en el mundo, seres que siempre experimentamos ante algo. Y el arte es justo eso, una forma específica de estar en el mundo. Con las debidas proporciones, el pensamiento de Heidegger concibe al arte como un mundo en el cual los seres humanos tomamos una actitud particular. A este mundo le llamó región ontológica de la obra de arte.

En esta región no experimentamos a los objetos artísticos como objetos a nuestro alrededor, que están ahí, inertes, sin hacer nada. Tampoco como útiles (aunque el mercado del arte actúe aquí), para el Heidegger las obras de arte no son cosas que nos sirvan para algo, no tienen una finalidad; los objetos artísticos no son herramientas pedagógicas, ni panfletos, tampoco placebos para hacernos sentir bonito. Entonces, ¿qué es el arte?

En la región ontológica de la obra de arte el arte nos devela algo. Suena a misticismo, pero no va por ese camino. Lo que una obra de arte hace, según el filósofo, es “traer al frente” una forma particular en la que vemos el mundo. Entonces el objeto artístico  sirve como medio para tener una experiencia sobre la forma en que está articulado nuestro mundo. En un momento posterior se puede discutir la pertinencia de lo que cada quien experimentó para la historia, para la estética, o incluso para el mercado; lo cual puede cambiar nuestra interpretación sobre la obra, pero no anula nuestra experiencia, lo que el objeto artístico develó en un primer momento. Para Heidegger el arte nos dice algo sobre nosotros mismos.

Pondré un ejemplo sencillo. La primera vez que observé Diagrama de la interferencia de Cecilia Barreto —políptico que contiene una serie de imágenes sobre la lucha social mezclada con estructuras de pantone, ventanas de internet, y distintos planos de enfoque de manifestantes— experimenté un estremecimiento, me di cuenta de algo que siempre ha estado ahí, pero que su obra trajo al frente: el hecho de que la propia protesta de izquierda se encuentra construida con una serie de códigos que repetimos al ir a marchar, o al observar una noticia en un periódico, desde la disposición de los cuerpos, hasta el enfoque que dan los camarógrafos para tomar la fotografía que ilustrará la protesta. El objeto artístico son los bastidores con pinturas de la artista, la región ontológica es esa disposición para ver lo que el cuadro nos dice, lo que su técnica y forma develan sobre la construcción de nuestro propio mundo. En la región ontológica de la obra de arte el arte no es un objeto, es un medio para la experiencia sensible.

El texto de Heidegger se puede descargar aquí. El políptico de Cecilia Barreto se encuentra en exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo como parte de Yo sé que tu padre no habla mi lenguaje modelno.

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