Arte

Opinión | El arte como producción


Por Sandra Sánchez / @phiopsia | Agosto, 2014 

Las obras de Jeremy Hutchison tienen como hilo conductor las relaciones entre producción artística, industrial y mercado. En su natal Londres, el artista trabajó como publicista para Coca-Cola, lo cual le permitió entender que el significado de la imagen se encuentra en una red que desborda su propia forma: su valor económico afecta su valor simbólico. Nada nuevo bajo el sol, sin embargo, seguimos considerando al arte como un terreno donde ese tipo de relación no tendría que ocurrir. Su práctica “debería” presentarse como inmaculada ante su inserción en el mundo del dinero. Sabemos que no es así, pero duele aceptarlo, ¿por qué?¿se ha preguntado si un Van Gogh le gustaría menos si no costara tanto?

Pienso en los diamantes, ¿valen por su forma geométrica perfecta o porque su escases genera la ilusión de diferencia? Las relaciones económicas del arte contemporáneo no distan mucho de las de otro producto; no que el arte se reduzca a ello, pero en su dimensión comercial no logra escapar (¿tendría que hacerlo?) a la lógica de generar deseo para generar demanda. Ante dicha realidad, Hutchison no propone ninguna utopía de salvación. Sólo pone el dedo sobre la llaga y, en plena ironía, coloca en primer plano lo que ya sabemos que sucede: el arte se vende.

Demand and Supply (2013), es una pieza en donde el artista se convierte en galerista, asumiendo y tomando las riendas sobre el proceso de venta de la obra. Hutchison recibió la invitación para crear un cuerpo de trabajo y presentarlo en una feria de arte en Suiza; el proceso creativo lo cede a las instrucciones que le da un banquero: pedir a una persona que comulgue con el anti capitalismo que escriba en once cartulinas, con tres latas de aerosol, lo que piensa… “your air will vanish”, “you are loved”, “pussy riot bkb”. El artista se convierte en galerista y vende las obras. Las ganancias se dividen entre el artista, el anti capitalista y el banquero: pienso en los diamantes.

Es interesante que en la página web del artista Demand and Supply se anuncia como un performance. Se devela el ejercicio mercantil al tiempo que se abre una puerta crítica: el objeto artístico se vendió, pero la experiencia, la anécdota que ahora contamos, es lo que se presenta como arte. Paradoja, aún. Un microcosmos de la función, en pleno consciencia de utilidad, del arte contemporáneo: no hay panfleto, no hay contemplación, no hay mesías, sólo la compleja simplicidad de la forma en la que funciona el mundo. La moral y la buena voluntad vertidas sobre los ejercicios artísticos forman parte de un segundo tiempo. Sí, la crítica forma parte de la obra; la buena noticia es que vive en una actualización perpetua.

Hasta el 23 de agosto, se podrá visitar en Bikini Wax otra propuesta del artista: Vestibular Dysfunction. En ella, un diagrama geológico irrumpe el espacio en la forma de una mesa de centro; el circuito eléctrico transmite una corriente bilateral. El nombre de la pieza refiere a una condición neuronal, relacionada con la audición, que imposibilita procesar información sensorial,  desequilibrando al sujeto; la reflexión sobre la producción sigue presente: mareo, incertidumbre, desconfianza… una invitación.

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