Arte

Opinión | Dinge und Undinge (o las formas de las cosas), de Julius Heinemann


Por Andrea Raygoza | Abril, 2019

Una lengua es un territorio cuyos límites actúan como horizontes imaginarios. Parece obvio que para todo lugar hay un final, pero el interlocutor que es abyecto a esa lengua encontrará el límite de lo conocido en cualquier rincón de ese territorio, que no es el suyo. En este caso no hablaríamos de un interlocutor que intervenga en los usos del habla, sino en un aparente escucha inerme.

La percepción de un extranjero intentará hallar significado, por lo menos de los usos básicos —puerta, ventana, adentro, afuera, yo, tú, ellos— bajo lo que entiende como suyo. Y aunque la traducción no sea la más precisa, algo de ese territorio/lengua ya no es tan indistinto. Curiosamente es la diferencia o la distancia lo que permite la correlación de elementos que pertenecen a diferentes usos.

Algo parecido ocurre en cuanto a las formas, las cosas y su percepción, que nunca opera de forma unidireccional. Esta idea permite pensar que la forma de las cosas es en realidad una imagen volátil de la materia, una inscripción porosa en el espacio. Julius Heinemann (Múnich, 1984) trabaja con estas borraduras. Los límites lingüísticos y el entrecruzamiento entre la pintura e instalación son el eje discursivo de Dinge und Undinge (o la forma de las cosas) en Proyectos Monclova.

Durante mi visita recorrimos la muestra mientras conversábamos acerca del texto Filosofía del Diseño, de Vilém Flússer, en el que se discute el término de “cosa” y “no cosa” en un conjunto de ensayos publicados en 1993. Disertación que fue motivo para el título de la exposición y como ejercicio de discusión teórica. La forma de las cosas no es traducción de Dinge und Undinge,1 sino que es un título completo que evoca la incapacidad de traducir literalmente.

Para esta ocasión, las inquietudes teóricas de Heinemann se desprenden en objetos encontrados como botes de pintura vacíos, canicas y trozos de madera, además de cuerpos pictóricos de trazos tenues que dan continuidad al fondo expositivo, como en las piezas Map, Leap o Geometry.

El cuerpo de obra resume el enfrentamiento del sujeto con los objetos, pues conforman una realidad siempre intercedida por el lenguaje y el territorio cercano. “Nosotros morimos de cosas, como problemas irresueltos; él, de no- cosas, como programas incorrectos. […] La irrupción de la no-cosa en nuestro entorno es un cambio radical, pero que no tocará la determinación fundamental de la existencia humana, el ser para la muerte. Ya se quiera entender la muerte como una cosa última o como una no-cosa”.

Flusser trata los procesos epistemológicos y fenomenológicos que operan en el acto de diseñar. El diseño es entendido como una serie de oscilaciones entre forma e in-forma. Diseñar es in-formar: darle forma la materia o naturaleza (vorhanden); lo in- formado, consta de esta naturaleza el sujeto transforma (zuhanden).

Dinge und Undinge (o las formas de las cosas) problematiza desde la pintura e instalación el resquicio o trazo comunicativo. A lo largo de las piezas, el artista explora las dimensiones del lenguaje en relación con referentes arquitectónicos y nociones de espacio, estructura y mundo. Los objetos expuestos refieren a ideas subjetivas sobre quien los encuentra, mientras que los trazos imprecisos de las pinturas evocan a todo aquello que el objeto o el mundo pierde mientras traducimos y abstraemos su forma. Me atrevo a decir que este trabajo aborda la disolución material de los objetos.

Ahora bien, valdría la pena preguntarse qué sucede con aquello que escapa de la forma o el diseño: qué depara a los resquicios de la materia con aquello que se escapa a lo transformado. Durante el acto de traducir es necesario asumir una borradura o vacíos, no sólo en la transcripción de una lengua a otra sino en traducir lo que es visto, sentido o recordado. El entendimiento está fraguado por una grieta difícil de resanar. No obstante, la forma de las cosas se compone de un cuerpo de imágenes que se elaboran a partir del encuentro con los objetos y, posteriormente, de su desencuentro intercedido por la memoria.

Heinemann define sus instalaciones como still life (naturaleza muerta), y siguiendo la argumentación de Guy Davenport en Objetos sobre una mesa: desorden armonioso en literatura y en arte, la categoría de naturaleza muerta dentro de la Historia del Arte refiere en primer lugar a la frugalidad de la vida: una canasta de fruta madura, una que viene de la tierra. En la abundancia adviene colapso y pérdida.

Una naturaleza muerta contiene el esquema interrumpido de objetos que mueren, y de esa manera condensan el advenimiento que dirige a la vida en la tierra a un inaplazable. Pero en el caso de Heinemann, estas instalaciones recrean más bien la cristalización del devenir de lo tangible, que en tanto cosa deviene en deshecho, y por lo tanto, olvido.

El desuso tiene aquí una impronta poética, pues volvemos a la pregunta, ¿qué ocurre con eso que se pierde? Los trazos o resquicios de lo visible se condensan en poesía. Gaston Bachelard lo formulaba de manera interesante: todos esos lugares, la arquitectura de la infancia, de la psique, el polvo y los objetos contenidos en espacios resguardados bajo la bóveda de lo cotidiano, no permanecen intactos ante lo que inevitablemente se pugna en la lucha por la memoria. Los lugares se atenúan, se alejan y regresan en forma de diferencia. Es la repetición la que permite elaborar un consenso comunicativo, un reencuentro precedido por lo que nos falta.

Dinge und Undinge(o las formas de las cosas) se presenta hasta el 27 de abril de 2019.

Foto: Proyectos Monclova.

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La “no-cosa” (undinge) es un vocablo común en la lengua alemana pero es un concepto inexistente en la lengua española. Entre varias acepciones refiere a algo “imposible” o a una especie de contradicción: una incoherencia en términos morales o que se contrapone a las leyes de la lógica. A su vez refiere, en manos del traductor, a la intangibilidad.

Vilém Flusser. Filosofía del diseño. Editorial Síntesis, p. 108.

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Andrea Raygoza estudia el último semestre de la licenciatura en Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana. Sus intereses abarcan la lingüística, teoría de la historia y los vínculos entre lo simbólico y lo visual. Recientemente fue parte del equipo de gestión y coordinación cultural durante la Semana de Arte en la UI.