Arte

Opinión | Cura, de Ben Thorp Brown


Por Elena Piedra | Octubre, 2019

“Today, architecture is also ready and able to contribute
to the reinvention of experience, not personal
or sentimental, but affective and political”.
Sylvia Lavin

A lo largo de la historia, las formas y los materiales de construcción han ido cambiando de la mano de las dinámicas sociales, la tecnología y, de manera menos evidente, la visión de mundo. Si en algún momento el valor simbólico de los templos estaba asociado a su ubicación, su uso y su apertura hacia lo celeste, llegaron tiempos en los que los significados míticos o religiosos han perdido valor y el simbolismo de los elementos espaciales tiene más que ver con cuestiones económicas y materiales, tanto en edificios públicos como en edificios domésticos.

Recientemente se inauguró en Nueva York The Vessel, una escultura, laberinto escalonado o parque vertical, de 46 metros de altura. Esta estructura tejida por tramos de escaleras y descansos donde los visitantes pueden detenerse a mirar los rascacielos que se elevan alrededor, más que solo exponer una hazaña ingenieril, establece un vínculo complejo con lo otro —el público visitante, el entorno y el mundo en general—.

En México, además de los rascacielos y los grandes proyectos arquitectónicos, también podría mirarse el crecimiento de las ciudades: los desarrollos inmobiliarios de cientos de departamentos, las plazas comerciales con o sin espacios abiertos; la expansión irregular de los límites geopolíticos, la superposición de niveles en las casas, los materiales, las bardas, las rejas, las cámaras.

¿Qué uso se hace de los espacios?, ¿a qué interacciones invitan?, ¿qué entendimiento del entorno plantean las construcciones? Y, al interior, ¿qué dice la arquitectura de la propia humanidad?, ¿qué escriben los muros nuevos sobre la cosmovisión actual?

Cura, de Ben Thorp Brown (Nueva York, 1983), es una pieza audiovisual que recorre ésta y otras reflexiones más. Al discurso planteado por el Programa Satélite 12. El nuevo santuario entre el museo Jeu de Paume y Museo Amparo —que en esta ocasión tiene como curadora invitada a Laura Herman—, el artista estadounidense respondió con The Arcadia Centre, instalación que se plantea como un espacio terapéutico imaginario que ayuda a las personas a rehabilitar su capacidad de empatizar con los otros. Cura es parte de él.

La manera en que la arquitectura se relaciona con una capacidad humana como la empatía no es obvia, pero la pieza poco a poco va descubriéndola. Descubriendo una visión particular.

Durante 18 minutos, la cámara encuadra a una tortuga que pasea lenta, rítmica y en calma, por los espacios de una casa llena de luz. Entre cruces de corrientes de aire, vegetación que entra en color y sombras por las ventanas y espejos de agua que reflejan el cielo abierto, una voz, arrastrada como los movimientos del animal, inicia un monólogo intrigante y evocador. Son los dioses que, a través de Cura, han venido a la tierra a reflexionar sobre la existencia y permanencia en el mundo.

Que “habitamos junglas de nuestra propia creación”, dicen con una voz plurivocal. “Creación que se convierte en nosotros, en nuestra memoria y nuestro cuerpo”.

Las tomas, que alternan entre la piel reptil de la tortuga, el fractal perfecto de su caparazon, su movimientos antiguos y el espacio, pendulean introduciendo al espectador en un estado, casi hipnótico, de sensibilidad que permite entender una relación generalmente desapercibida.

“La arquitectura forja y refleja espacios internos dentro de cada uno”, Cura parpadea gentil. “Pensamos que los edificios eran inmortales pero nos necesitan y nosotros los necesitamos”.

El monólogo se vuelve un juego de espejos y metáforas donde el cuerpo pasa a concebirse como un espacio habitado y lo demás, como lo externo. Hay más que un valor funcional en la arquitectura, hay ejercicios de poder y un acercamiento ideológico específico hacia el entorno; las personas habitantes salen del edificio, pero la estructura se lleva dentro.

“Las ciudades crecen voraces. Uno tras otro, creamos espacios que satisfacen deseos psicológicos”. Nuestros o de alguien más.

Thorp Brown descoloca las representaciones mitológicas y convierte esta casa —la VDL Research House II, de Richard Neutra— en un santuario moderno donde los dioses toman presencia y hablan de la acción de la humanidad y su intervención sobre el mundo, en un tono profundamente reconciliador.

Somos construcciones en relación y nuestras construcciones sientan nuestras relaciones.

En un escenario tal vez demasiado acotado al privilegio —y poco empático con la situación de vida masiva—, Cura lleva a preguntarse cómo cimentar de maneras más sensibles. Cómo levantar la protección y el cuidado, sin crear fachadas de desconfianza o exclusión. Si hay otras aproximaciones al mundo en las que el dominio y la conquista no vayan por delante. Si es posible imaginar(nos) edificios donde lo(s) otro(s) es parte fundamental de la fuerza, en que los espacios vivan en movimiento y, a través de la personificación y la identificación con lo externo, posibiliten relaciones humanas y no humanas.

Cura se exhibe como parte de Programa Satélite 12. El nuevo santuario hasta el 14 de octubre de 2019 en Museo Amparo.

Foto: Jeu de Paume.