Arte

Opinión | Casetes y vinilos: contenedores de identidad


Por Aimée Suárez /@aimeesuarezn | Marzo, 2017

Las relaciones que hace unos años se percibían como puentes entre el mundo de las artes visuales y el arte sonoro resultan ahora como zonas conurbadas de una ciudad, es decir, ya no se distingue su separación, sino que ambas disciplinas se emplazan en el mismo campo. De ahí que Israel Martínez (México, 1979), ponga de manifiesto el sonido a partir de su visualidad, objetualidad e importancia cultural en su actual exposición Imagen Pública, en la galería Arredondo \ Arozarena.

En la primera sala, pilas de casetes transparentes están montadas en el suelo, contenedores de sonido que guardan una selección de la música que ha construido a Martínez a lo largo de los años. No es posible escucharlos, no hay reproductores, y de haberlos, necesitaríamos 666 horas de escucha para absorber la pieza de principio a fin. Aunque el punk ha marcado profundamente la vida del artista mexicano, la selección de canciones no se limita a sus referencias musicales adolescentes, sino que incluye también algunas actuales, que en conjunto integran los casetes como torres de una ciudad.

Como continuidad, se pueden repasar los títulos escritos en notas adheridas a la pared, con los que podemos darle play a algunas canciones en nuestra mente. Las hojas de colores de esta intervención hacen referencia a Imagen Pública, la tienda tapatía a la que Martínez asistía en su juventud, “en la que se vendían casetes grabados, a precio súper económico” me comentó en entrevista, y donde el dueño, José Luis Avilés, acostumbraba retirar el cartón de los casetes vírgenes para poner papeles rosas y amarillos anunciando su nuevo contenido.

Las piezas siguientes se construyen por testimonios de otra preocupación importante para el artista: la violencia cotidiana en México. Por ejemplo, en South of heaven, CD’s originales con cristales de metanfetamina en la portada se disponen en una mesa a manera de tiendita pirata, ¿sabemos lo que escucharemos al ponernos los audífonos? “Fragmentos de lo que sería el soundtrack de la guerra contra el narco durante el sexenio de Calderón (2006-2012): discursos extraídos de contenido en internet anunciando la guerra, balaceras y decapitaciones”, lo describe Martínez.

Por su parte, Inside me resulta una pieza más interesante y oscura. No sólo por su composición estética, sino porque la voz distorsionada del artista narra desde un vinilo experiencias personales a manera de narcoliteratura autobiográfica. Obra que juega con la idea de censura, y que resulta aterradora al reparar en que la violencia probablemente se forma con nosotros en la cola de las tortillas y asiste a las juntas vecinales.

¿Dónde se colocan las piezas de sonido? El ruido mental que nos ha generado el primer piso continúa su recorrido por las escaleras, se filtra en todos los cuartos y se extiende sobre un cordón por la ventana. En palabras de Martínez: “Espacios de circulación, entradas, baños… podrían ser espacios expositivos si trabajas conceptualmente con ellos”.

Años atrás, el artista obtuvo un parche original de Conflict, una de sus bandas punk anarquistas predilectas, y decidió pegarlo encima del logo de su gorra Nike para mostrar al mundo su inconformidad política y social. Hoy, reflexiona sobre la ingenuidad y falta de incidencia real de actos como este, o de pararse los pelos con grenetina. Sin embargo, continúa realizando gestos desde el arte: se quita las botas y transita descalzo su pasado. Crecemos y dejamos atrás las utopías, o ellas nos dejan.

Las obras del segundo piso están marcadas por el desencanto y la terquedad: “Yo creo mucho en algo que dice Sergio González Rodríguez e incluso Santiago Sierra: No hay que dejar de señalar. A pesar de que no podamos cambiar las cosas, no vamos a dejar de mostrar la inconformidad”, me comentó Martínez. Algunas banderas ideológicas de la juventud aún ondean en el presente.

Finalmente, el artista cierra la muestra sacando sus trapitos negros al Sol. Trapitos que lo han acompañado a manifestaciones, a conciertos, “prendas muy expresivas, pero que no suenan, no dicen nada. En ellas habita la inconformidad expresada de manera silente”. Como habita el sonido en todas sus piezas, aunque sea de forma latente, como en las geografías de un vinilo.

Quizá elaborar obras silenciosas y colocarlas en una galería a puerta cerrada y sin letrero en la entrada es poner una vez más el parche en la gorra. La diferencia está en que el gesto ya no se hace para gritar inconformidad a todo el que mire, sino para dialogar con quien se anime a tocar la puerta y participar en el ejercicio auditivo.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Foto: Aimée Suárez.