Música

Opinión | Arto Lindsay: Ruido en el bosque


Por Pablo Cordero / @sugarskull12 | Diciembre, 2014

La capital ha recibido en los últimos meses una amplia gama de festivales musicales y artísticos de características distintas, que exhiben la saludable variedad de intereses y preferencias existentes entre el público mexicano, a la vez que amplían y enriquecen la oferta cultural de nuestra ciudad. Una de las más afortunadas propuestas del año fue el Festival del Bosque Germinal, que con la hermosa Casa del Lago de Chapultepec como telón de fondo presentó arte sonoro, cine, video y música del 26 al 30 de noviembre.

Dentro de este último rubro se presentaron artistas provenientes del mundo del jazz (Ken Vandermark, Eugene Chadbourne), la música de concierto (Olivia Block, Michael Nyman), la electrónica (Pete Swanson, Kevin Drumm) y el rock (Lorelle Meets the Obsolete, los finlandeses neopsicodélicos Jarse). De estas presentaciones, destacó la del artista de culto norteamericano criado en Brasil, Arto Lindsay, quien visitó el país por segunda vez, tras su residencia en la galería kurimanzutto en 2012.

La producción de Lindsay suele oscilar entre la dulzura y sensualidad del pop brasileño que el artista escuchaba en su juventud y la acerada brutalidad de las vertientes más extremas del noise-rock y no wave, géneros de los que fue pionero al frente de la seminal banda neoyorquina DNA. Sobre el escenario, con el único acompañamiento del virtuoso tecladista Paul Wilson, Lindsay alcanza una depurada síntesis de ambos estilos, cubriendo un terreno sonoro muy amplio entre su aguda y refinada voz y su bestial manejo de la guitarra.

La Silvertone de 12 cuerdas de Arto Lindsay se convierte en sus manos en un arma, descargando capas de metralla sonora sin ninguna concesión a las convenciones armónicas occidentales. Sus chirriantes, aullantes ejecuciones son un elemento esencial en los cortes más extremos (el noise puro de “Wall of Guitar”, las reminiscencias de la época de DNA en “Pony”) y también aportan un trasfondo oscuro a los temas más dulces y melodiosos (“Maneiras”, “Beija-Me”).

Las bases electrónicas de Wilson llevaron a muchas de las canciones a terrenos de dance vanguardista. Al principio del concierto sonaron temas de animado noise-funk como “Kind of Bill” y “Privacy”, pero fue en la recta final del concierto que Lindsay descargó su material más rítmicamente irresistible, como las lúbricas “Erotic City” (gran cover de Prince) y “Combustível”.

A lo largo de poco menos de hora y media, Arto Lindsay ofreció un concierto tan atractivo para la mente como para el cuerpo, cerrando de manera satisfactoria una interesante jornada para el festival.