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Apuntes sobre dOCUMENTA 14 / Parte II, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Marzo, 2015

II. ¿Grecia como un experimento más de la unión monetaria europea?

La crisis griega, aunque parezca mostrar lo contrario, no surgió de la nada, sino que es resultado de una serie de procesos cuyo curso de gestación se extendió durante varios años. En este sentido, no fue entonces una crisis sin precedentes y frente a lo cual, vale la pena interrogarse de dónde viene esta percepción y debido a qué motivos es que se consolidó.

La entrada de Grecia a la Unión Europea implicó generar las condiciones para poder, precisamente, ser tomado en cuenta como un posible candidato. En este sentido, las cifras que de modo oficial se mostraban, tendían precisamente a validar esta dirección. Yiannis Kaplanis menciona que, entre algunos de estos puntos para ser considerados, había un crecimiento anual de la economía de un 4.2%, así como una reducción importante de la tasa de desempleo, que pasó de un 12% a un 8%. De acuerdo con Kaplanis, precisamente, mejoras de este tipo lograron que «En 2001, Grecia logró satisfacer gran parte de los criterios de ingreso (excepto el de la deuda pública) y entrar a la Unión Monetaria Europea (EMU), circunstancia que fue acogida por los partidos políticos. Entrar en un club de ricos como el EMU, llevó a las élites políticas y económicas de Grecia a celebrar, y mientras la mayoría de la población al inicio parecía compartir la euforia, pronto que se darían cuenta que, una vez más, eran ellos que tenían las de perder. La adaptación del euro significaba una gradual ecualización de los precios de la eurozona y como podemos ver a través de la última década, las tasas de inflación para países periféricos como Grecia, España y Portugal, eran más elevados que el promedio. Y aunque pudiera ser cierto que el promedio de salarios reales para dichos países se elevó en el mismo periodo, grandes sectores de la población terminaron peor que al inicio. El promedio de los sueldos reales no tomaba en cuenta la distribución de los salarios y las grandes injusticias prevalecían, al igual que aquella inflación, no significaba lo mismo para todos los grupos. Al ajustarse a estos factores, las ganancias de los trabajadores eran cuando mejor, mediocres, y no es sorpresa que un slogan común que la población utilizaba fuera «nos estamos convirtiendo en Europeos en términos de costo de vida pero no de salarios» (…) el gobierno griego implementó reducciones de salarios para que la economía pudiera ganar competitividad comparada con otros miembros, y por tanto, seguir a Alemania en una carrera al fono». (Yiannis Kaplanis, “An economy that excludes the many and an “accidental” revolt, en Revolt and Crisis in Greece: between a Present yet to pass and a future still to come, eds. Antonis Vradis and Dimitris Dalakoglou, Occupy London/AK press, 2011, pp. 218).

Esto da cuenta, por un lado, de las circunstancias a las que orillan a los países periféricos para poder ingresar a la Unión Europea. No se menciona, por el contrario que, en cuanto a bases reales, Grecia no estaba listo para ingresar. Las tasas de desempleo disminuyeron efectivamente, pero no a costa de generar empleos bajo condiciones medianamente dignas. Por un lado, las tasas fueron infladas, y por otro, los porcentajes de reducción ofrecidos se sustentaban en empleos precarios donde muchos de los trabajadores eran, en realidad, pasantes con trabajos a medio tiempo, sin salarios fijos cuando no muchos de ellos indocumentados. Yannis explica que «ha habido una política sistemática por parte de muchos gobiernos para cubrir posiciones orgánicas en el sector público y en los gobiernos locales contratando a jóvenes para sus programas de entrenamiento, muchas veces fundados por la Unión Europea, sin seguro y percibiendo salarios tan bajos como 500-600 euros. Los pasantes eran así empleados mediante contratos de corto plazo, mientras una proporción significativa se mantenía en los programas de pasantías. Dichos programas ofrecían de este modo una solución ideal para todos los gobiernos para el periodo a cubrir sus necesidades mediante los más bajos costos, y asimismo, reducir el desempleo.» (Yiannis Kaplanis, “An economy that excludes the many and an “accidental” revolt», en Revolt and Crisis in Greece: between a Present yet to pass and a future still to come, eds. Antonis Vradis and Dimitris Dalakoglou, Occupy London/AK press, 2011, pp. 219).

El mercado laboral logró así experimentar una notable precarización de las condiciones así como un desarrollo en las economías informales, mientras que para las versiones que pregonaban los medios oficiales, parecían estar efectivamente cumpliendo con los requisitos. Fue precisamente ahí cuando esta euforia compartida empezó a desaparecer. Por otro lado, que durante algunos años Grecia atravesaba por una suerte de auge económico, tampoco obedece en mayor medida a las condiciones reales. Los reportes oficiales nuevamente estipulaban que desde 1990, hasta el momento en que la crisis se desató, la economía griega estaba atravesando por un proceso de crecimiento del que daban cuenta los éxitos, y una vez más, esto fue modificado a conveniencia. El vasto crecimiento de la economía griega no estuvo realmente basado en desarrollo de políticas e inversiones desarrolladas con miras a ver resultados que los beneficiaran a largo plazo. Por el contrario, ha sido más bien planteado a que esto se debió en mayor medida a nuevos créditos, ampliaciones crediticias de los ya existentes, préstamos a la sociedad civil por parte de los bancos que se tradujo en un boom del mercado de bienes raíces, esto aunado a los préstamos que le fueron concedidos para poder albergar los Juegos Olímpicos de 2004. Paralelamente a ello, influyó la cantidad de inmigración que recibe la zona, situación que permitió a su vez mantener los salarios bajos dada la gran demanda laboral que experimentaban.

Los discursos de los medios oficiales, lograron así, erigir una imagen del país insostenible. El crecimiento de la economía, la aparente creación de empleos, la entrada a la Unión Europea, los Juegos Olímpicos que además implicaron una ampliación notable de la deuda (entre las cifras oficiales, se dice que costaron más de nueve billones de euros). Estos eran algunos de los argumentos sobre los cuales se sustentaba esta paradisiaca representación. En este sentido, efectivamente, hacia el exterior, el inicio de las revueltas puede ser visto como un evento sin precedentes, y no obstante, al acudir a cifras reales, es posible entrever de qué modo, el boom de la crisis en 2009 tuvo un proceso de gestación que paulatinamente fue generando las condiciones para que ésta tuviera lugar. Kaplanis explica precisamente en este sentido que, ante las circunstancias en las que estaban inmersos, la única vía posible era precisamente desatarla. Al respecto menciona que:

«La crisis economía crea un estado permanente de emergencia, y la oportunidad para el gobierno de aprobar reformas estructurales poco populares y medidas de austeridad que no hubieran sido aprobadas de otro modo. El primer ministro griego lo dijo concisamente en mayo del 2010, un día después de haber firmado el memorándum con la troika, ‘la crisis es una oportunidad’. Pero no fue únicamente una oportunidad para frenar la corrupción y la evasión de impuestos (como decían estar haciendo), sino también una oportunidad para desrregular los mercados laborales, reestructurar el sistema de pensiones, reducir las provisiones del estado de bienestar, así como expandir mercados privados a sectores como la energía, el trasnporte, la salud y la educación. Fue una reestructuración de clases que sirvió a los intereses del «gran capital», tanto el local como sus socios internacionales.»(Yiannis Kaplanis “An economy that excludes the many and an “accidental” revolt», en Revolt and Crisis in Greece: between a Present yet to pass and a future still to come, eds. Antonis Vradis and Dimitris Dalakoglou, Occupy London/AK press, 2011, pp. 226-227).

La crisis se volvió así un modo de gobernar pero también un terreno para los experimentos económicos a los que Grecia fue sometida. En este mismo sentido, el Comité Invisible menciona que «Si quieres imponer un cambio —aconsejaba Milton Friedman a sus Chicago Boys— desata una crisis. El capital, lejos de acobardarse ante las crisis, se ensaña ahora en producirlas experimentalmente. (…) Es sabido por todos que apenas después de haber sido nombrado, en 2010, el director de la Elstat, el instituto griego de estadística, se puso sin descanso a falsificar las cuentas de la deuda del país, para agravarlas, con el propósito de justificar la intervención de la Troika» (A nuestros amigos, Comité Invisible, edición impresa en el marco del Festival de las resistencias contra el capitalismo, La Sexta, pp. 22). Así, se torna evidente hasta qué punto no sólo Grecia fungió como una herramienta de experimentación, pero también hasta qué punto, los países como Alemania, dependen de la incursión de países periféricos como Grecia. La anexión de los llamados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) resulta en beneficio propio, la lógica pareciera ser sencilla: si un país está en crisis, otro debe de estar incrementando su poder económico y las cifras lo demuestran. Mientras los PIIGS o países periféricos generan mayores deficits, países como Alemania incrementan sus excedentes. En este mismo sentido, un análisis de los balances de acuerdos de comercio bilaterales darían cuenta hasta qué punto, es Alemania la que siempre lleva las de ganar. Por otro lado, y para terminar con este apartado, cabe mencionar que tras la crisis económica que se desató en 2009 y que forzó consecuentemente la firma del Memorandum de Cooperación con el FMI, la EBC y la troika, Grecia le fue otorgado un préstamo por 110 billones de euros por parte de los países del FMI y la EU, con una tasa de 5%, que si bien no es la más alta, nuevamente está generando ganancias a través de préstamos. Con la tasa de 5%, el monto prestado llegará a duplicarse en tan sólo 14 años.

Dicho préstamo, también sentaba una serie de condiciones con las que Grecia tenía que cumplir —recientemente, hemos podido constatar en las noticias, las presiones que está ejerciendo por su parte Alemania para ver finalmente estas condiciones puestas en marcha—. Al respecto, David Graeber ha explicado que «una nación en deuda debe de haber hecho algo mal, lo mismo que una nación con excedentes, debe estar haciendo algo bien. Nadie parece notar que no puedes tener una sin la otra, por lo que para un alemán, por ejemplo, el amonestar a Grecia por la supuesta irresponsabilidad fiscal del país, es el equivalente a un dealer de heroína amonestando a su cliente por haberse vuelto adicto en primera instancia.» (David Graeber, «The Greek debt crisis in almost unimaginably long-term historical perspective», en Revolt and Crisis in Greece: between a Present yet to pass and a future still to come, eds. Antonis Vradis and Dimitris Dalakoglou, Occupy London/AK press,  2011, pp. 229)

Foto: The Guardian.

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Aline Hernández (México, 1988), es curadora y escritora independiente. Ha publicado diversos cuentos como Demencia parafílica, Le Merlebleu Azuré y La Ventana, entre otros en medios como Revista Cartucho y el Periódico El Espectador. Asimismo ha participado en proyectos colaborativos como Pan para todos y Chicatanas. Su trabajo escrito explora temas como el neoliberalismo y el arte, crítica de arte, procesos de resistencia y comunitarios.