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Opinión | Apple Watch


Por Victor Méndez / @vichoamino | Octubre, 2014

El nueve de septiembre pasado, Apple presentó un smartwatch que hasta ese momento conocíamos como iTime: la gran apuesta de la compañía norteamericana para reivindicar el uso de los relojes de pulsera y atraer más usuarios.

El Apple Watch, nombre con el que será lanzado al mercado, se conforma por dos partes principales: una pantalla táctil con la tecnología que alimenta a todo el sistema, y la correa, una banda con sensores y circuitos que podría recopilar más información que ningún otro dispositivo con sólo el contacto de la piel.

El reloj estará conectado y será compatible con los otros productos de Apple (claro, los más recientes). Será capaz de funcionar con aparatos externos y tendrá retroalimentación háptica, es decir, el control a través de los gestos, permitiendo a los usuarios responder a las llamadas, por ejemplo, con sólo mover la muñeca. Los componentes electrónicos, como la pantalla táctil o los botones, se asocian a sensores que extienden la capacidad de la pulsera electrónica, como acelerómetros, que miden la actividad física del cuerpo, o de ubicación, como el GPS.

Cuando se analizan los bocetos de la patente, presentada en el 2011, no dicen mucho, sin embargo, es la conformación de una nueva relación entre las personas y la tecnología lo importante. La premisa es portar la tecnología del futuro. En su comunicado oficial, se menciona que “el Apple Watch es el producto más personal que la compañía ha desarrollado, ya que es el primero que se ha diseñado para que se lleve puesto”.

En la patente se plantea la idea de contar con un ecosistema variado de hardwares, que permitirá una mayor personalización para distintas funciones. Mientras que para un iPhone, la manera de expandir sus posibilidades es aumentando las aplicaciones digitales, para el Apple Watch, cada accesorio puede ser una experiencia distinta.

En este sentido, habrá que recordar la estrategia que planeó Apple hace unos años al utilizar los auriculares blancos como una declaración de moda. Este color posicionó sus productos. Sin embargo, la gente ya no busca usar lo mismo todos los días, en cambio, demanda variedad como símbolo de expresión individual. Por ello, el reloj tendrá más colores, formas y estilos. Pero hay un punto de cuidado: tener más opciones le ha conferido una limitación y no se ha vislumbrado el verdadero problema. Al ser Apple una empresa líder en el diseño de hardware, ha caído en el error de poner una pantalla táctil en todo, cuando la interacción y la innovación se ve limitada por ese medio poco adaptable a los diversos factores que intervienen en la vida cotidiana. Es decir, las opciones van más allá de las tres colecciones con las que el reloj entrará en el mercado, es otorgar más posibilidades a una interfaz ya conocida.

El Apple Watch pone sobre la mesa el desafío que enfrentan todas las compañías de electrónica para el futuro: ¿cómo poder equilibrar la forma y la función en algún objeto con características cambiantes, por ejemplo, la ropa? Y aquí está lo interesante. Apple marca un precedente y se encamina para dar solución a la cuestión anterior. Más allá de auriculares, bandas ajustables o lentes inteligentes, las posibilidades son infinitas cuando el diseño voltea a ver, en panorama completo, a el cuerpo humano.

Se entiende entonces que el proceso creativo de Apple no está centrado en desarrollar los productos que todos esperamos, sino en diseñar productos que nos definen, es decir, se enfoca en un plano menos tecnológico que de experiencia. Y hasta su llegada al mercado, prevista para el próximo año, sabremos si se logra dicho planteamiento. El futuro ya está en camino.