Arte

Nymphomaniac. Vol. II


Por Alejandro Vazquez / @aerodiolesi

 

 

Ésta puede bien ser la película más punk del año. Pese a la decisión de que el filme esté dividido es un poco enigmática pero al parecer responde al deseo de las audiencias de tener un intermedio para digerir la primera sección y dar un respiro al espectador para las siguientes tres embestidas.

La numerología del volumen I es algo que también vale la pena comentar. Joe hace énfasis en el número cinco (el número de capítulos contenidos en el volumen I) al referirse al número de veces que fue penetrada analmente en su primera experiencia sexual. La narración de ese volumen (que es el más rico en referencias culteranas) no creo que sea casual.

El personaje de Selignam (el hombre bueno en hebreo) en el primer volumen se había dibujado como un tipo completamente intelectual. Al comienzo de este volumen se nos revela que tiende a intelectualizar las historias sucias de Joe porque es virgen y queda figurado como un monje escuchando la confesión de una Sherezada contemporánea. Éste es la presentación que resume la entrega anterior.

Dramáticamente la dualidad que componen ambos personajes es magistral por la altura de los diálogos y las diferentes lecturas que el largometraje propone. Es decir, Selignam es la academia, la pureza, el orden; Joe es la realidad, la perversión, el caos y a  lo largo de esta segunda entrega la polaridad de ambos caracteres se resuelve en favor del mal al demostrar que todo hombre tiene una mancha.

La mancha que Joe expone en Selignam funciona como estatuto de que la presunción de incorruptibilidad que la evasión intelectual provee, no es más que la expresión de la hipocresía que padecemos como sociedad.

Lars von Trier propone al sexo como el quid de la debilidad que nos da identidad y el tema de la frustración sexual es el motivo de la miseria humana, y pone en operación un aparato retórico complejo para lanzar una patada al rostro del arte como institución.

Aquí se plantea que la verdad es el mal, y que el motor del mal es el deseo sexual, y el deseo de atención es el camino relegado para este ciclo de la negación que nos oprime como humanidad y perpetua el ciclo de la degradación como única vía para escapar al vacío. Lars von Trier se burla de los mecanismos de verosimilitud y convencimiento que somos capaces de asumir bajo la promesa de una redención que no llegará porque la humanidad no es más que un bosque de árboles deformes.