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Night Journey (1947) de Martha Graham


Por Rosa Castillo

 

 

Martha Graham fue una de las grandes bailarinas norteamericanas que revolucionó la danza moderna de principios del siglo pasado. Su exploración corporal permitió que bailarines como Merce Cunningham, Paul Taylor, y  Twyla Tharp, ampliaran las posibilidades de expresión y se formara una nueva generación de bailarines y coreógrafos que poco a poco fueron constituyendo la escena de la danza contemporánea de finales del siglo pasado.

Ya para 1940, Martha ya llevaba más de 15 años siendo la figura de innovación y exploración dancística. Si bien el  carácter social y político de sus coreografías siempre estuvo presente, hasta este momento sus obras habían tenido un carácter exclusivamente abstracto. En la danza, se pretendía una autonomía propia de las corrientes modernistas de las artes que se basaban en la no-narrativa y, en el caso de la danza, en la no-inclusión de movimientos miméticos.

Sin embargo, para la época de posguerra, las puestas en escena de la compañía fueron mutando y, aunque no fue del todo aceptada por el ámbito dancístico, la crítica empezó a ver una nueva etapa en la vanguardia de la danza modernaPor un lado sus coreografías pasaron de ser abstractas a narrativas, y por el otro, las técnicas del ballet clásico se fueron incorporando poco a poco, el entrenamiento cambió y los cuerpos de las bailarinas se aligeraron.

Graham estaba muy interesada en las corrientes psicoanalíticas, jungianas, del ser humano, y como tal, muy interesada en los arquetipos y en el inconsciente colectivo. Es por esto que en 1947 estrena la obra Night Journey (Travesía nocturna), como parte de una serie de coreografías inspiradas en la mitología griega.

Si bien el hecho de “contar una historia” puede poner en cuestión el afán modernista de la danza, tenemos que pensar que el interés de Martha Graham no estaba, a diferencia de la danza clásica de la cual todo el tiempo se pretende distanciar la danza moderna, en la historia sino en la exploración que esta desataba en los personajes.

Esta obra no recuenta la historia de Edipo y Yocasta tal como la pensaron en la antigua Grecia, sino que explora las complejas relaciones de la conciencia del ser humano a través de la figura central de la mujer. La reinterpretación en escena termina por revalorizar el rol femenino, ya que se centra en ella y desplaza al “héroe” de la historia original.

Se trata a fin de cuentas de una travesía de celos, de emociones y de reconocimiento; del papel de la mujer y su tormento: el incesto.