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Museos en cuarentena, por Vera Castillo


Septiembre, 2020

A partir del cierre de museos, salas, espacios y centros artísticos y culturales a causa de la pandemia por Covid-19, se desplegó una amplia oferta de actividades en línea desde agentes independientes e institucionales en México. Al respecto, profesionales y trabajadoras de museos dejaron entrever algunas preguntas sobre la contingencia sanitaria y la función de sus espacios de trabajo. ¿Cómo podía continuar la existencia del museo a puertas cerradas?, ¿cómo plantear actividades en medios digitales?, ¿la programación de actividades estaba dirigida a públicos específicos o se lanzó al aire bajo el compromiso de cumplir institucionalmente?

Si bien estos cuestionamientos no eran ajenos al personal de los museos, el cierre vino a enfatizar la reflexión sobre la pertinencia de las exhibiciones y los programas realizados hasta entonces, la necesidad de contar con una página web que no solo sirviera de «tarjeta de presentación», el rezago existente para consultar acervos en línea y la necesidad de acercarse a otros públicos más allá de aquellos que se mueven en esferas del arte o en zonas aledañas al museo. Quizá por primera vez todas las áreas del museo se vieron involucradas en la atención a los públicos, sin embargo, ¿éstos son los mismos que acuden a la oferta cultural del museo de manera presencial o son otros que aún no se tienen en el radar?

Estas cuestiones se planearon en distintas webinars a lo largo de los últimos meses. En la conversación «¿Le podemos llamar público a una multitud conectada?» organizada por Museos Tres Punto Cero, la museóloga Leticia Pérez mencionó la diferencia entre audiencias y públicos. En un sentido clásico, recordó, las primeras eran aquellas que se desarrollaban en el ámbito privado (casa, auto, entre otras), mientras que los segundos se desenvolvían en el espacio público. Sin embargo, estas fronteras han sido trastocadas, sobre todo a partir de la conexión a redes sociales. Sin duda, es difícil nombrar de ambos modos a las personas conectadas a través de una pantalla, pues se debe observar si se trata de cibernautas que solo escuchan o si interactúan para formar parte de la conversación.

Un interés institucional por conocer el perfil de visitantes de museos se dio en 2016, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) comenzó a realizar encuestas anuales para «producir y difundir información sobre las acciones museales en relación con las comunidades que los visitan, […] que coadyuve a la prestación del servicio público de información, a la formulación de políticas culturales, a la toma de decisiones en relación a los museos y la gestión de los mismos».

Sobre estas encuestas ha habido malas interpretaciones por parte de los medios,1 sin embargo, los resultados2 han brindado información valiosa para que los propios museos conozcan sus fortalezas y debilidades. Aún así, será necesario replantear objetivos y metodologías de este tipo de encuestas para estudios de públicos en el futuro, tomando en cuenta el factor digital en el que se verán involucrados los museos a partir de ahora. Parafraseando a la historiadora del arte Mónica Amieva, será cuestión de observar si el museo puede adaptarse a las necesidades actuales y definir cuáles son estas necesidades.3

Lo cierto es que recién iniciado el confinamiento resultaba difícil que el personal de museos supiera cuáles serían las nuevas necesidades de las que habló Amieva. Por ejemplo, saber quiénes eran los cibernautas que se conectarían a las actividades online, si la programación era la adecuada, o imaginar cuáles eran sus circunstancias en casa. De ahí que el personal de museos planteara actividades a ciegas desde los recursos con los que contaba en casa: internet, smartphone, saldo telefónico y megas pagados con sus propios recursos, computadoras personales y activación de redes sociales para continuar el trabajo exigido por las instituciones gubernamentales o privadas.

A pesar que en los últimos días se enfatiza la necesidad de escuchar a los públicos-cibernautas, saber qué es lo que quieren y conocer sus hábitos en cuanto a consumo cultural, es de igual importancia escuchar al personal y atender sus necesidades.

En abril del presente año el Instituto de Liderazgo en Museos (ILM) realizó la encuesta Museos e instituciones culturales mexicanas en tiempos de pandemia,4 difundida por la Universidad Nacional Autónoma de México a través de su Coordinación de Difusión Cultural, encuesta que fue distribuida a líderes, mandos medios y directivos de museos, centros culturales e iniciativas auto-gestionadas culturales de México. La encuesta arrojó datos relevantes acerca del uso de herramientas digitales para la creación de actividades y contenidos durante el confinamiento.

Según los resultados solo el 37% de las instituciones cuentan con herramientas tecnológicas y su soporte de internet es poco suficiente para realizar tareas diarias. Esto es una realidad que se vive en muchos museos del país. Un 74% de las personas encuestadas consideró que el material realizado y lanzado online «era de buena factura» y solo un 8.5% determinó que era excelente. Los programas digitales con mayor aceptación entre el público usuario son las transmisiones en vivo con 40.7% de aprobación, seguidas de los recorridos virtuales con 37.3% y cursos y talleres con 30.5%.

A pesar de haber declarado que el material lanzado era de buena calidad, se aceptó que «poner en marcha una programación en línea a la velocidad requerida, probablemente impidió la generación de pruebas piloto o investigaciones de público previas».5 Más allá de encuestar a directivos o altos medios, sería importante identificar la percepción del equipo que trabaja los contenidos aún en condiciones de vigilancia institucional, recortes presupuestales y precariedad laboral.

Durante un periodo de seis meses, la pandemia en México pone puntos sobre las íes en tres cuestiones: la función del museo más allá del resguardo y conservación de objetos, el sujeto como eje necesario para su funcionamiento y, como lo mencionó Amieva, las potencias y limitaciones de la mediación digital en un momento en que se acelera el procesamiento de imágenes. A pesar de que los objetos continúan siendo el fundamento y objetivo primordial de los museos (la concepción misma de estos espacios tiene relación con el resguardo y la conservación de colecciones), concuerdo con Amieva en que ya no deben ser el fundamento de las instituciones.

Con la pandemia y el giro hacia las actividades en línea se retomó la conversación sobre la función social del museo, ¿es este un espacio donde se pone atención a los objetos o a los sujetos?, ¿cómo puede la institución museo adaptarse y dar la vuelta a la pandemia cuando precisamente este mismo factor ha contribuido a generar mayor precariedad que ya era grave en el sector cultural?

Como anota Graciela de la Torre en entrevista con Elena Poniatowska: «Los museos están agonizando, y a partir de marzo de 2020 […] van a tener un problema enorme en su resiliencia; algunos van a desaparecer porque no tienen posibilidad de sobrevivencia (sic). […] un decreto del 22 de abril de 2020 reduce al mínimo el presupuesto de los museos, y olvida que 75% disponible para servicios generales, materiales y suministros se ha eliminado».6

Ante este escenario será inexcusable plantear panoramas y nuevas estrategias en el museo para adaptarse a los cambios que ya no son un dibujo en un papel sino una realidad tangible, también tienen que revalorar sus discursos, revisar sus programas y asegurar la estabilidad laboral de su personal.

Foto: casadellago.unam.mx

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1 El 12 de julio de 2018 El Financiero compartió una nota con el cabezal «Mexicanos no asisten a museos por falta de difusión e interés: Inegi», en la que daba a conocer el informe sobre las Estadísticas sobre museos 2017. Por supuesto, se obtuvo la información del portal de dicha institución, sin embargo, los resultados para este rubro surgen a partir de la pregunta ¿Por qué piensa que las personas no vienen a este tipo de lugares?, dirigida al público en las encuestas realizadas en dos periodos al año. A partir de estas respuestas, no se puede concluir el motivo por el cual la población no asiste al museo. Otros medios de comunicación, entre ellos El Economista y Forbes, informaron durante 2019 que la población mexicana no asiste por falta de cultura. Afirmaciones que también son cuestionables. Habría que preguntarse por qué el INEGI hace esta pregunta al público y qué resultados esperan obtener.

2 Información disponible aquí.

3 En la conversación «Metodologías de la contingencia: arte contemporáneo y herramientas digitales de mediación», Cátedra Francisco Toledo, UNAM, 28 de julio de 2020.

4 Disponible aquí.

5 Instituto de Liderazgo en Museos, Museos e instituciones culturales mexicanas en tiempos de pandemia, mayo 2020. Disponible aquí.

6 Elena Poniatowska, «Nada peor para un museo que perder la memoria: Graciela de la Torre», La Jornada, domingo 2 de agosto de 2020. Disponible aquí.

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Vera Castillo (Ciudad de México, 1991) es Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, investigadora independiente de fotografía del siglo XX. Su trabajo ha sido publicado en la revista Alquimia del Sistema Nacional de Fototecas, Tierra Adentro, así como en el suplemento El Tlacuache del Centro INAH Morelos. Trabajó en investigación y catalogación de la Fototeca Juan Dubernard. Es colaboradora del proyecto PICS del Centro de la Imagen, ha realizado programas educativos y públicos en el INAH Morelos y en la Sala de Arte Público Siqueiros.