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Murnau y la industria cinematográfica estadounidense


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Abril, 2015

El pasado miércoles 8 de abril dio inicio el espacio de estudio dedicado a la era dorada de Hollywood en la Cinética Nacional. Éste es guiado por el académico Raúl Miranda López está organizado en 16 sesiones donde se revisan diversos autores, géneros y temas. Miranda pretende revisitar esta época para entender el desarrollo de la industria cinematográfica estadounidense. Además, como parte del programa, una serie de filmes serán proyectados entre el 20 de abril y el 10 de junio.

Entre los filmes que se presentarán se encuentra Sunrise de Friedrich Wilhelm Plumpe, mejor conocido como Murnau (Bielefeld, Alemania 1888-1931) y quien fue uno de los directores más representativos de la era del cine mudo y vivió la transición al cine sonoro. Además fue uno de los representantes del expresionismo abstracto durante la década de los veinte, junto con Carl Mayer y Fritz Lang quienes “se destacaron como fuertes personalidades y rebasaron las fórmulas de la escuela” y los cuales empezaron a experimentar las posibilidades expresivas que se lograban a través del juego con la luz, consolidando un importante viraje en la historia del cine y abriendo las puertas para el inicio de un nuevo paradigma, mismo que adquiriría gran visibilidad en la industria cinematográfica hollywoodense.

Murnau, al inicio de su carrera, se apegó al Kammerspiel-Stimmung, tratado propuesto por su guionista y director Mayer quien apelaba de forma general al movimiento de la cámara y la incursión de temáticas de índole social en los filmes. Respecto a esto, Marcel Carné un periodista de la época, menciona que:

“Colocada sobre un carro, la cámara se deslizaba, se elevaba, planeaba o se colaba por todas partes donde la intriga la necesitaba. Ya no estaba fija convencionalmente sobre un pie, se convertía en personaje del drama”.

No obstante, Murnau logró llevar lo propuesto por Mayer un paso más adelante “rompiendo con el estricto marco de trabajo de la burguesía del Kammerspiel” y con ello, abrió nuevas aristas para el tratado psicológico de los personajes, a través de innovadoras tomas angulosas, juegos con la luz que se resuelven en una gran diversidad de texturas y tonalidades que son característicos en sus filmes, así como sus concurrentes movimientos de cámara que hacen posible esta subjetivización.

Murnau se abocó principalmente en el género del expresionismo abstracto, el cual de acuerdo con Georges Sadoul, fue un movimiento de vanguardia que se desarrolló hacia 1910 pero que encontró eco en las posteriores generaciones. El expresionismo trataba de dar cuenta de una visión subjetiva, y en el caso de Murnau, esto se ve en filmes que muestran una visión del mundo tensionada, llena de conflictos emocionales y psicológicos, con temas compuestos que rozan en ocasiones en lo violento y logra traducir a través “el empleo expresivo de la luz”, los impetuosos movimientos de cámara y la cada vez más escasa utilización de subtítulos.

La filmografía que íntegra la obra de Murnau rebasa los 17 títulos, por lo que si bien, no es extensa debido a su prematura  muerte en California tras haber concluido su filme Tabú, sí guarda una importante relevancia gracias a sus propositivas ideasAlgunas de las películas más representativas son Nosferatu (1922), Phantom (1922), The Last Laugh (1924) y Faust (1926).

Después del eco que generó en William Fox la osadía empleada en The Last Laugh, el productor invitó a Murnau a hacer su debut en Estados Unidos con Sunrise, un filme que parte de una adaptación del libro Pasaporte a Tilsit y que permite entrever la consolidación de aquel “pensamiento fotográfico” y tendencia a la simplicidad de la que habla Graham Petrie. Este filme es importante porque conjunta la evolución técnica de recursos filmícos en los que ya había estado trabajando el director, y a la vez, logra construir una historia que si bien, resulta simple, encuentra su grado de complejidad mediante las evocadoras imágenes y el intenso estudio psicológico que hay en cada uno de los personajes, el cual se acentúa gracias a los usos de la luz con los que trabaja el director, logrando resolverse en una película fuertemente simbólica no sin un cierto tejo de comedia.

La crítica en general fue benévola y positiva, Graham Petrie menciona que “como han observado los críticos contemporéneos, Murnau nunca hizo ni un cine “americano ni continental” sino algo con cualidades deliberadamente universales que mediaba entre los dos”. Murnau evidencia, a través de este filme, haber comprendido “una de las lecciones básicas de la estructura narrativa de Hollywood al señalar la liberación de la tensión” y a la vez, reafirmó su estilo personal que tendía a la creación de atmósferas y tratamiento de los personajes a través del movimiento de la cámara y con ayuda de los claroscuros. El film fue galardonado con dos premios a la Academia, una distinción que da cuenta de su importancia para las producciones de la época.

No obstante, en recientes análisis respecto a la relación de Sunrise y Hollywood, algunos académicos han planteado que el traslado de Murnau a este país fue un mecanismo para asimilar las estéticas foráneas que estaban produciéndose en el extranjero; fue parte así de un giro de la industria donde empezó a buscar centralizar las vanguardias europeas en aras de ganar prestigio. James Morrison ha mencionado al respecto que “en el caso de Murnau, el director fue atraído a Hollywood, desde una institución cinemática sostenida por el capital de Hollywood, bajo la promesa de poder acceder al dinero y tecnologías avanzadas. A cambio de esto, la institución esperaba ganar prestigio internacional al producir filmes dirigidos por Murnau y ahuyentar a la competencia internacional, al incorporar los estilos del expresionismo alemán en una moda como parte del arsenal de representación de Hollywood.”.

Morrison explica que de este modo, el estilo que había logrado caracterizar a las producciones alemanas, se vuelve así un recurso más de la industria cinematográfica estadounidense y logra vincular las vanguardias a su territorio. La apropiación cuando no compra de talentos fue una de las políticas que se generalizaron en la época. Estados Unidos requería de la asimilación de estos talentos para consolidar una industria que se posicionara a frente otras.

Lo que la industria logró fue entonces romper con la lógica de talentos asociados a sus países de origen. Al atraer a diversos directores a su territorio, logró revocar la noción de autenticidad asociada con un territorio para inaugurar ahora una ideología basada en “el apoyo a la producción”. La condición de exilio que muchos otros directores vivieron fue también la condición clave para seguir impulsando este nuevo giro. Al mismo tiempo, EU logró consolidar la industria nacional, que estaba formada por todo un esquema de recepción de medios, cineastas ligados con esta industría y marcas que inmediatamente remitían a la misma. Con Hollywood, el cine tuvo la capacidad de extenderse a diferentes rincones del planeta, de alimentar una narratividad y formas de producción muy específicas así como condiciones de vida al crear “estrellas” de cine.

La industria cultural estadounidense se volvió una marca. Esta condición fue a su vez apoyada al inicio por el Estado. La disolución en 1917 de la MPPC, bajo un dictamen de la corte, permitió la emergencia de los estudios de Hollywood. El imperio cinematográfico estaba iniciando y con él un sistema de producción guiado por una lógica vertical. El productor se volvió un encalve y a partir de él había una suerte de ejército que se encargada de que todo saliera bien. Asimismo, surgió el panorama de concentración en una sola empresa ya que ahora era está la misma que producía los filmes pero también los distribuía y los exhibía. Surgieron entonces las grandes casas como Paramount Pictures, Warner Brothers y 20th Century Fox. Aunado a ello, el control fue implementado a través del código Hays, un riguroso sistema de autocensura sobre lo que podía decirse y mostrarse.

Vemos cómo el cine empieza paulatinamente a adquirir los matices que caracterizarían a la industria. Se perfilaron en la época las bases de los circuitos económicos, de poder y de acumulación de capital que funcionarían como el eje principal. Es posible identificar una serie de factores que precisamente harían posible su consolidación. Hoy la gran mayoría de la producción cinematográfica, siguen jugando con estas técnicas de apropiación y continúa asimismo funcionando sobre la misma lógica de circulación y capitalización de la imagen en movimiento. Por otra parte, sus producciones alimentan a su vez a una sociedad consumista y somatizada. Las películas buscan incidir en las actitudes, pensamientos y reacciones. Es una industria que apela a la performatividad en aras de instaurar un orden social y de comportamiento que consolide su desarrollo.