Arte

Mujeres y crítica cinematográfica en México


Por Abel Cervantes

Hace una semanas La ciudad de Frente dio a conocer una serie de entrevistas con cuatro directoras mexicanas, que, de hecho, protagonizaron la portada de la publicación: Natalia Almada, Natalia Beristain, Mariana Chenillo y Lucía Gajá. El argumento: son mujeres talentosas que han hecho trabajos interesantes en esto que ha sido denominado por algunos medios de comunicación como “el buen momento del cine mexicano”.

El suceso tuvo una coincidencia con la presentación de Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo. Documental, que se llevó a cabo el pasado lunes 26 de mayo en la Cineteca Nacional, donde uno de los participantes reprochó a los coordinadores del libro que no hayan equilibrado el número de directores masculinos con los femeninos, y que hayan dejado fuera nombres como los de Almada o Gajá.

Además de sus cualidades sociológicas, políticas y culturales, el cine debe valorarse por sus aportaciones estéticas. Si esto es así, los trabajos de Almada, Chenillo y Gajá están justificadamente fuera de una selección que evalúe lo mejor que se ha hecho en el cine mexicano en los últimos tiempos. Trátese de documental o de ficción.

El cine hecho por una mujer puede ser igualmente estimulante o fallido que el de un hombre. Entonces, ¿por qué detenernos en su género? El cine mexicano ha adolecido de miradas que lo abordan desde perspectivas historiográficas. Probablemente por esta razón estamos más acostumbrados a documentar en forma escrita lo que sucede en las imágenes en movimiento, que en analizarlas desde perspectivas críticas. (En ese sentido nuestra crítica está muy por debajo del que muestran otras latitudes, como Argentina, donde han surgido varias de las voces más originales respecto de la disciplina: David Oubiña, Eduardo Russo, Jorge LaFerla, sólo por mencionar algunos).

Las estéticas que ponen en juego los cineastas no son simples recursos para contar historias. Son, fundamentalmente, aristas que hablan de las sociedades. Un plano secuencia, un travelling o un flashbacks no son inocentes: proyectan ideas sobre las cosmovisiones de un contexto sociopolítico. Mientras no tengamos la capacidad de ver esto, el cine de nuestro territorio seguirá careciendo de un análisis fundamental.