Arte

Monstruos entre nosotros


Maurice Sendak, el autor de Donde viven los monstruos, escribió una vez que “mediante la fantasía, los niños logran catarsis. Es la mejor manera que tienen para domesticar a los monstruos salvajes.” Si la serie fotográfica de Charles Fréger, titulada “Wilder Mann” es un indicio, los monstruos salvajes y sus equivalentes humanos siguen navegando la tierra culta de Europa, volviéndola más y más mágica con cada paso suyo.

 

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Fréger viajó a 19 países europeos distintos durante el transcurso de dos inviernos para documentar los disfraces y máscaras de festivales folclóricos y tradicionales. Fotografió a los participantes vestidos de osos, ciervos y animales híbridos, vestuarios hechos de pieles animales, astas, ramitas y hojas en sus entornos naturales. 

 

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Los festivales usualmente tienen que ver con fiestas cristianas, pero los rituales en sí frecuentemente antedatan el cristianismo, tomando lugar entre diciembre y Pascua y conmemorando la cosecha y los solsticios. Sus raíces son bien difíciles de identificar. Los hombres (hasta hace poco todos los participantes eran únicamente masculinos) se visten de disfraces que ocultan sus caras y esconden sus cuerpos para así salir a las calles, donde sus vestuarios les dan la oportunidad de cruzar la línea entre lo humano y lo animal, lo real y lo espiritual, lo civilizado y lo silvestre, la muerte y la vida. Vistiéndose así, los participantes “adoptan una personalidad dual,” dice António Carneiro, quien se viste de un careto diabólico para Carnaval en Podence, Portugal. “Se convierten en entidades misteriosas.” 

 

Grace Remington