Arte

Monckumentary: La vida de Leonard Zelig (Tercera parte)


Por Sandra Reyes

 

 

Después de un recorrido por los comienzos del monckunetary con la revisión de El mockumentary u otra manera de acceder a lo real (Primera parte) y posteriormente desplazarnos a la ciudad de la gran manzana con Mockumentaries al estilo Nueva York (Segunda parte), esta vez revisaré uno de los grandes filmes que encumbró la carrera del director más conocido de Nueva York, Woody Allen: Zelig (1983).

Con Zelig, Allen mostró al mundo sus capacidades multifacéticas como director y guionista. Esta película posee un trabajo de realización mucho más complejo que Take the Money and Run por sus cualidades en el montaje, en la estructura del guión y la participación de personas vueltas personajes que se representan a sí mismas —como el profesor John Morton Blum, la ensayista Susan Sontag, el psicólogo Bruno Bettelheim y el escritor Saul Bellow—. La presencia de estos especialistas en Zelig, considero que es un modo de reforzar la verosimilitud del relato de este falso documental porque, si bien Zelig se presenta como una película que no pretende ser un documental, no obstante lo es; es decir, es un documental falso. El personaje de Leonard Zelig no es más que un personaje ficticio pero dentro de la lógica de la película misma, anima y afirma su propia existencia como real: ¡existe pero no existe! Existe dentro de la pantalla pero también fuera de ella cuando accedemos a la historia. La narrativa de Zelig se muestra en toda su dimensión —de simulación– como un documental que recoge la vida de Leonard Zelig por sus capacidades de transformación cuando se sumerge en diferentes contextos.

La historia de Leonard Zelig (Woody Allen) se desarrolla al finales de la década de 1920 y principios de 1930 en la ciudad de Nueva York. Una magnifica comedia que se presenta a través de medios documentales: viejas emisoras de radio, fotos, noticiarios y por supuesto la narración misma de los hechos al puro estilo documental. Por otro lado, es interesante el modo en cómo Allen nos da una cordial, y al mismo tiempo, ilusoria bienvenida a su fake que arranca con esta frase: “Este documental agradece especialmente a la Doctora Eudora Fletcher, Paul Deghuee y a la señora Meryl Fletcher Varney”. De acuerdo con este “documental inglés”: “Estados Unidos, disfruta de una época de prosperidad nunca antes vista. La era del jazz, la llaman, los ritmos son sincopados, la morales están flojas, el licor es más barato cuando puedes conseguirlo. Son tiempos de diversos héroes y trucos de sombrero de copa, de speak-easies y fiestas deslumbrantes [1].

La vida de Leonard Zelig llevada a un “documental” está fundamentada y justificada dentro del mockumentary: un fenómeno cultural transcendente que marcó históricamente buena parte de la década. Aquí, “[…] Allen tiene un lote perfecto para hablar sobre la naturaleza de la celebridad, la ciencia y el estadounidense tradicional” [2]. Los especialistas hablan respecto de la presencia de Leonard Zelig en la dinámica social que animó este periodo en la historia de los Estados Unidos: […] Fue le mayor fenómeno de los años 20ʼs, cuando piensas que fue conocido como Lindbergh es algo realmente sorprendente […] Su historia reflejó la esencia de nuestra civilización, el carácter de nuestros tiempos. Sin embargo, también fue la historia de un hombre en la que estaban todos los temas de nuestra cultura, el heroísmo, la voluntad y cosas así, pero cuando lo miras en perspectiva fue algo realmente extraño. […] Bueno, es irónico ver lo rápido que se ha borrado de la memoria, teniendo en cuenta su asombroso rendimiento. Era, claro, muy divertido, pero a su vez muy controversial quizás de una manera intolerable, es una historia realmente extraña. [3]

Leonard Zelig es un hombre norteamericano común que gradualmente comienza a llamar la atención pública por sus constantes apariciones en lugares distintos con aspectos igualmente distintos. Después de ser internado en el hospital de Manhattan en la ciudad de Nueva York, se descubre que Zelig posee la extraña capacidad sobrenatural de transformar su apariencia y modificar su comportamiento adaptándose vertiginosamente al medio donde se encuentra. El “hombre camaleón”—como es nombrado por la sociedad norteamericana de los años 20ʼs— pronto se convierte en centro de polémicas médicas y noticia de primera plana en los diarios. La psicoanalista Eudora Fletcher (Mia Farrow) toma el caso de Zelig y descubre que éste presenta un cuadro extremo de inseguridad que le lleva a transfigurar su apariencia y conducta para ser aceptado. Estos extraños síntomas comienzan cuando Zelig vivía sus días de escuela y rodeado, según él, de gente brillante. En su pasado, alguien preguntó a Zelig si había leído Moby Dick, avergonzado y aras de evitar el rechazo, mintió asegurando que efectivamente había lo había leído.

La relación entre Fletcher y Zelig se vuelve tan cercana que llegan a entablar una relación amorosa al grado de comprometerse. En esa medida Zelig presenta una recuperación importante justamente cuando el Estado lo pone en manos de Fletcher. Él comienza a mostrar los rasgos de su propia personalidad y a reconstruir su identidad. Sin embargo, pronto sufre de una importante recaída cuando llegan a su presente las consecuencias de sus pasados «yos»: las secuelas de las múltiples personalidades que adquirió cuando estaba desposeído de personalidad propia.

El extravío de Zelig es nuevamente crónica de primer orden en los diarios de toda la ciudad, cuando aparece de manera perturbadora en el balcón del Vaticano junto al Papa Pio XI en Roma. Después es visto nuevamente unido a las tropas nazis mientras Hitler pronuncia un discurso. En este episodio, Fletcher huye junto a Zelig en una avioneta a los Estados Unidos, donde es recibido con efervescencia en Nueva York. El alcalde de la ciudad le da una calurosa bienvenida a él y su amada Eudora. La recuperación de Zelig vuelve a cobrar éxito gracias a las terapias psicoanalíticas de Fletcher con quien finalmente termina por casarse.

Así finaliza el “documental” sobre la vida de Zelig con un intertexto que da cuenta sobre lo que sucedió después del escándalo que trastocó la cotidianeidad cultural norteamericana de la época, lo que continúa produciendo la sensación de que aquello que observamos, fue un documental real sobre la vida irreal de este hombre. La película finaliza asegurando que “Leonard Zelig y Eudora Fletcher vivieron felices muchos años. Ella continúo practicando el psicoanálisis y él daba ocasionalmente discursos sobre su vida. Los episodios de Zelig se hicieron menos comunes y al fin su enfermedad desapareció. En su lecho de muerte les dijo a los doctores que tuvo una buena vida y que lo que le molestaba de morir era que acababa de empezar a leer Moby Dick y quería ver qué pasaba”.

Es interesante repensar el rodaje y montaje de Zelig, pues como puede verse en la película, el director neoyorkino recurre a toda una serie de imágenes para “construir” y “reconstruir” la historia de Leonard Zelig y simultáneamente emparejarlas, editarlas e intervenirlas a fin de lograr una verosimilitud mayor: Woody Allen recuerda: “El montaje de Zelig nos llevó un tiempo porque tuvimos que buscar todas aquellas imágenes de archivo y ordenarlas. Eso fue una paliza pero el rodaje fue pan comido”[4]. El enfoque visual queda claro y resuelto desde los primeros minutos, logrando un increíble éxito técnico por sus cualidades narrativas, lo que conduce a una confusión extraordinaria entre realidad y ficción, a través de la idea de documentar algo que en realidad nunca pasó históricamente pero que, simultáneamente pasó en cuanto está ahí, metido en nuestra historia del cine, existe, y se llama Zelig.

En Zelig no se utilizaron actores, sino personas ordinarias, no sólo por los especialistas que se representan a sí mismos, la trama está repleta de personas que no poseen ninguna clase de formación actoral. Allen consideró que esto proporcionaría un efecto mas realista al filme, de tal modo así lo recuerda en la conversación que sostiene con Erik Lax:

E.L.: ¿Será porque un espectador ve un documental como si fuera la vida misma?

W.A.: Así es. Si hubiera puesto a una mujer hablando a la cámara en el papel de la madre de Mia, por muy buena actriz que hubiera sido […] no se habría visto real dentro del estilo del documental. En cambio, si cojo a mi asistente, la siento frente a la cámara y le digo: «limítese a decir que era agradable trabajar para ella, que le pagaba muy bien y que era un trabajo fantástico».

Y empiezo la entrevista preguntándole: « ¿Se lo pasó bien trabajando para ella?

Y ella responde: «Ya lo creo»

Y yo le digo: «Bueno, ¿y cómo era ella? ¿La vigilaba mucho?».

Y ella contesta: «Oh, no, no me vigilaba en absoluto. Me dejaba trabajar a mi aire».

De ese modo, todo cobra vida de repente…porque suena real.

E. L.: ¿La voz no educada es la voz natural?

W. A.: Así es. La falta de presencia escénica.

E. L.: ¿Al principio buscaste actores?

W. A.: Sí, tenía en mente unos cuantos, pero nunca recurrí a ellos. En su lugar utilicé a los transportistas que traían a los actores.

Finalmente, me parece que Zelig es un filme que se acerca en buena medida, mucho más elocuentemente a la idea de mockumentary pues todos los elementos que animan su trama están resueltos con ese objetivo.



[1] Allen, Woody dir. Zelig, con Woody Allen, Mia Farrow, Deborah Rush, Marianne Tatum y Sol Lomita, Warner-Columbia, 1983.

[2] Lax, Eric, Conversaciones con Woody Allenop. cit., p.  440.

[3] Allen, Woody dir. Zelig, con Woody Allen, Mia Farrow, Deborah Rush, Marianne Tatum y Sol Lomita, Warner-Columbia, 1983.

[4] Lax, Eric, Conversaciones con Woody Allenop. cit., p.  440.

[5] Ídem, p.  441.