Arte

MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y SALUD EN RÍO DE JANEIRO


Por Rodrigo Bonillas / @RodrigoGarBon

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El primer gancho al hígado de la arquitectura brasileña moderna fue el Ministerio de Educación y Salud (Ministério da Educação e Saúde, 1945), edificio que salió de la matriz teórica de Le Corbusier y que se sostuvo gracias al empeño de varios hombres, los cuales fraguarían, a la larga, una de las arquitecturas más vigorosas y singulares del continente.

Apenas la década anterior, en México, la construcción de la Secretaría de Educación Pública miraba hacia atrás, a los estilos coloniales: el barroco, con sus tezontles y sus almenas, y el neoclásico, que alcanzó en nuestras tierras sus cumbres con Tolsá. En contraste, para los años treinta, en Brasil el impulso de las vanguardias europeas y la búsqueda de un edificio ministerial para la educación y la salud que fuera espejo del orden y del progreso brasileño no sólo miraba hacia el futuro, sino que, a su modo, señaló la senda por donde se habría de marchar en adelante.

La coyuntura para erigir el Ministerio pasó por un concurso, cuyo proyecto premiado, obra de Archimedes Memória y Francisque Cuchet, prolongaba el Art déco y le añadía motivos indígenas de la cultura marajoara, que habitó una isla del Amazonas.

 

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Pero el proyecto ganador fue cancelado. Gustavo Capanema, ministro de Educación y Cultura desde 1934, dudoso del proyecto de Cuchet y Memória, decidió cambiar el rumbo y reunir a un grupo de arquitectos jóvenes, asesorados por Le Corbusier. A la cabeza quedó el francés Lúcio Costa, que había llegado a vivir a Brasil en su juventud, cuya carrera arquitectónica se encumbró, más tarde, con la orquestación de Brasilia, ciudad capital.

En ese grupo también estaban grandes artistas brasileños, como Oscar Niemeyer (que seguiría a Costa en la dirección del proyecto, y más tarde en Brasilia), Cândido Portinari (encargado de los mosaicos) o Roberto Burle Marx (que diseñó los jardines).

De inmediato se reconocen en el edificio los puntos principales que Le Corbusier prescribía para la nueva arquitectura: planta libre; pilotis como sostén; jardines en las terrazas; fachada independiente de la estructura; ventana corrida. Además, se añaden algunos elementos de color local, como los mosaicos de Candinari, los jardines de plantas tropicales de Burle Marx, o los parasoles que cubren del clima costero la faceta más asoleada. Dos volúmenes, uno horizontal y otro vertical, forman una T en el centro de la plaza y dejan, con un gesto que más tarde se repetirá en otros espacios públicos del mundo (por ejemplo, en la Torre 2 de Humanidades de Ciudad Universitaria, que cita a su maneral al Ministerio), una plaza no interrumpida por el prisma del edificio. Además, para acentuar la ilusión de que el edificio está suspendido, los pilotis crecieron hasta la estatura de diez metros.

En 1945 se inauguró el edificio que llevaba casi una década gestándose. Ya habían aparecido fotos suyas en la exposición que catapultó a la fama mundial lo que estaban haciendo los brasileños: Brazil Builds: Architecture New and Old 1652-1942, presentada en 1943 dentro del MOMA de Nueva York. En el catálogo de la exposición, Philip Goodwin poderó el Ministerio como “el más bello edificio gubernamental del hemisferio occidental”.[1]


[1] Citado en  Valerie Fraser, Building the New World. Studies in the Modern Architecture of Latin America 1930-1960, Verso, Londres/NY, 2000, p. 143.