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Madera: construir y abandonar


 

En un rincón del lugar hay varias tablas y vigas recargadas en la pared. Su olor inconfundible llena el espacio. Sobre el escenario, dispuesto de forma vertical, un trozo de madera prismático, de un metro de altura aproximadamente. Se exhibe susceptible al equilibrio y la inercia. Al lado y de espaldas al público, el cuerpo de una mujer permanece inmóvil mientras comienza la acción.

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En el penúltimo fin de semana de junio, Madera, de la bailarina Tania Solomonoff, se presentó en Un Teatro, foro recién abierto que pretende albergar al arte contemporáneo en la colonia Condesa, muy cerca del Parque España. La propuesta coreográfica de Solomonoff hace interactuar a la intérprete con trozos de madera de construcción, confundiendo al cuerpo humano con el material inerte y viceversa.

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La coreografía inicia cuando un técnico entra al espacio escénico y empieza a apilar las tablas, las apuntala lo más posible para que queden fijas una encima de la otra. La irregularidad en la forma del material impide que se mantengan quietas al ejercer una presión sobre ellas. De pronto, Solomonoff intenta subirse a la estructura recientemente edificada pero lo endeble de la construcción la obliga a esforzarse en el equilibrio y los puntos de apoyo para no caer.

Junto a la ejecución sonora en vivo a cargo de Taniel Morales, el estruendo que genera la madera al chocar contra el piso impacta al público, debido a que después de que la bailarina ha logrado dominar su estancia sobre las tablas apiladas, ella misma intenta derrumbarse. Madera es una acción coreográfica que reflexiona sobre el acto de construir y abandonar, cuyo resultado es coherente con la idea creativa desde el diseño de producción hasta el momento del acto escénico.

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La plasticidad del material seleccionado es explotada por la iluminación de Mauricio Ascencio, quien dramatiza los trozos de madera desperdigados por el espacio a partir de la luz y la oscuridad, convirtiendo estos elementos en una instalación al servicio de la escena. El cuadro lo completan tres lámparas que también interactúan con la bailarina, reforzando las ideas de lo vertical y lo horizontal; lo quieto y lo que está en movimiento, lo que persiste y lo que cae.

El diseño corporal de Solomonoff explora lo orgánico de su propia fuerza cinética y se despoja de las rígidas convenciones dancísticas y coreográficas. Su relación con las tablas y las vigas evidencia una sinergia contundente que aleja a su acción coreográfica de la simple ocurrencia o el espectáculo. Madera es un ejemplo de profundidad dancística.

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– Silverio Orduña