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Los Ritos: La consagración de la Primavera


Por Ximena Flores / @matitatierna

 

 

En 2013 se festejo el 100 aniversario del estreno de La consagración de la Primavera, la coreografía de Vaslav Nijisky con música de Igor Stravinsky, durante la gira de los Ballets Rusos de Sergei Diáguilev en París.  Aquella primera presentación fue un caos, un verdadero escándalo para la gente de la Belle Epoque, una transgresión con todo lo establecido anteriormente en la danza.

El shock fue tan fuerte, que incluso, algunos historiadores de la danza vieron este suceso como un evento profético de lo que vendría después en el arte y en el mundo: sólo un año después del estreno comenzaba el siglo XX con el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Cien años después, la obra sigue teniendo tal efecto en músicos, bailarines y coreógrafos, que se ha reproducido incontables veces. Tan sólo el año pasado, se presentaron varias obras en honor a la de 1913. En París, Sasha Waltz recreó la idea del sacrificio a través de la concepción de una nueva vida. En México, la compañía Delfos Danza tomó la música de Stravinsky para entablar un diálogo sobre la violencia.  La gran pregunta es: ¿qué tiene la música del compositor ruso y la coreografía de Nijisky, para influir en la historia de la danza a lo largo del siglo XX? Además, ¿cuáles son las piezas que hacen honor a esta esencia?

El primer choque con la tradición viene de manos del coreógrafo: Nijisky rompe los cánones del ballet clásico, primero con el tema (el sacrificio de una mujer para revitalizar el ciclo de la vida, tomando como inspiración las tradiciones de los pueblos rusos); después con los pasos de la coreografía, ninguna de las bailarinas utiliza puntas, no hay espacio para los Pas de deux o los Pas de trois, las posiciones básicas se transgredieron por completo al poner los pies encontrados y no en de hors. El segundo choque viene con Stravinsky, pues la música conlleva un ritmo asimétrico que pareciera no estar acorde con la danza. Así pues, esta primera versión no es más que la primera pieza de danza moderna.

Otra de las versiones icónicas de La Consagración, es sin duda la de Pina Bausch, estrenada en 1975. Pina Bausch transgrede la danza moderna desde el primer momento. Su escenario no es más ya los campos de Rusia, sus bailarines no visten trajes “típicos”, sus movimientos ya no son ligeros. Llena de sudor y de tierra, la elegida de Pina Bausch busca compasión en sus pares, temblorosa baila hasta morir, ante la mirada indiferente de sus compañeros que no terminan de apreciar y entender su sacrificio. Si para Nijisky la tradición rusa le sirve de inspiración, Bausch explora la violencia en contra de las mujeres para hacer su propio ritual. Con ello, rompe con los ideales modernos y nacionalistas de la primera versión y se sumerge en un terreno más humano, más violento.

Seguirán surgiendo versiones de La Consagración y por ello será interesante ver cuál prevalece en la memoria colectiva por su singularidad frente a las otras.