Arte

La generación de los grupos


Por GASTV | Marzo, 2014 

La generación de los grupos, en la década de los setentas, representó un nuevo cambio  de paradigma. Sus bases rescataban los objetivos del muralismo pero bajo una nueva perspectiva, no les interesaba educar o convertir al arte en una experiencia pedagógica; su interés se concentró en convertir al arte en una herramienta de comunicación social. La presente investigación comprende el período de La ruptura y la generación de los grupos, en un esfuerzo por comprender los valores estéticos del arte en México durante el siglo XX y cómo estos han incidido en el arte actual.

A pesar de que los grupos mantuvieron características en común que le permite ser identificados como una etapa estética y artística del arte mexicano, cada uno definió su perfil y su quehacer artístico en función de sus particulares intereses. Cada grupo se distinguió por abordar la problemática del arte social y la función del artista desde diversos lenguajes, acciones, tesis y estrategias que permiten analizarlos en su peculiaridad.

Tepito Arte Acá: su principal exponente fue Daniel Manrique, artista nacido en Tepito cuya obra maestra, en sus propias palabras, es el mismo barrio. La importancia de este colectivo radicó en rescatar las tradiciones y comunidades populares como un lenguaje y un público potencial del arte; hoy en día diríamos que la labor de este grupo fue de carácter contextual haciendo del artista una especie de investigador etnógrafo. La tarea de identificación del barrio no fue difícil pues sus artistas eran lugareños nacido en Tepito, conocían su lenguaje, sus costumbres, sus dinámicas culturales y las vivían. De esta manera, se concentraron en apropiarse los distintos lenguajes artísticos, sobre todo una reinterpretación del muralismo, como un ejercicio de identificación social y territorial. “Utilizar el arte como elemento de identificación de un barrio y de lucha para resistir contra la expropiación”.

El colectivo: trabajó primordialmente en la U. Habitacional San Fernando realizando talleres para los diferentes sectores de la propia unidad. Su labor era casi pedagógica, entendían la función social del arte desde una postura pragmática: la transformación de la sociedad a través del arte. Asimismo, desarrollo propuestas artísticas y culturales que se consolidaban en contra de la oferta cultural de galerías y museos que, en su opinión, se dirigía únicamente a sectores minoritarios, es decir, a la élite del arte y la cultura. Es importante recalcar que, la infraestructura de estas unidades dificultaba las relaciones personales gestando un ambiente de comunicación impersonal; de esta manera, El colectivo logró transformar la unidad en un espacio de convivencia cultural.

Suma: aunque su trabajo no tuvo un espacio específico, se reconoce como el grupo con mayor intervención en los espacios públicos de la ciudad de México. No obstante, cuestionaron y criticaron severamente la noción de arte público por alejarse de su esencia primordial: la comunicación con el público. Por ello, adoptaron una metodología que consistía en explorar las calles y estudiar su complejidad en términos espacio visual; su motivación era agregar valores artísticos y lúdicos al espacio que contrarrestara la proliferación de mensajes publicitarios o contaminación visual. Utilizaron diversas técnicas como aerosoles, plantillas, copias fotostáticas, offset, etc., para realizar murales con una perspectiva contemporánea. Sus intervenciones en soportes urbanos representaron los arquetipos sociales menos favorecidos: los teporochos, las marías, los desempleados, tragafuegos, etc. Su verdadera importancia radica en su intención por romper con la idea de que el arte era un cuadro.

Fotógrafos independientes: este grupo más que intervenir los soportes urbanos y reapropiarlos en virtud de los lenguajes artísticos, se concentraron en organizar exposiciones urbanas itinerantes. Para ellos, la calle era el nuevo espacio de exhibición de tal manera que se montaban las fotografías como si se estuviera en una galería, la diferencia radicaba en conseguir público de diferentes estratos socioeconómicos, cosa que una galería jamás sería [ ni será] capaz de conseguir. Evidentemente se manifestaban en contra de las galerías por sus fines y consumos elitistas.

Marco: se caracterizó por encontrar en el lenguaje su estimulo significativo. Sus acciones consistían en performances en donde participa todo el público que se acercará e hiciera uso de las palabras escritas para crear poemas de comunicación. El sentido  radicaba en la retroalimentación y la autogeneración de comunicación.

Proceso Pentágono: su soporte artístico por excelencia fue la intervención y la instalación. Sus obras se caracterizaron por ser altamente políticas que criticaban abiertamente las acciones del gobierno; lograron intervenir espacios, que en aquella época eran inaccesibles, como: Ciudad Universitaria y El Zócalo de la ciudad de México.

No Grupo: fue, quizá, el grupo más irreverente de esta década; realizaron, sobre todo, performances que manifestaban una postura sumamente irónica con respecto a la tradición artística en México. Hacia burla de figuras importantes de la cultura élite y popular como José Luis Cuevas o personajes de la televisión. Sus exponentes más importantes: Melquiades Herrera, quien resignificó la iconografía popular, la apropió para sus acciones artísticas y logró hacer de él mismo una imagen cultural; Maris Bustamante quien, en los años ochenta, conformó junto con la artista Mónica Mayer la generación de arte feminista más importante de México.[1]

El legado de la generación de los grupos para el arte y la estética mexicana es sumamente importante. La década de los setenta constituye un referente imprescindible para analizar, reflexionar y comprender el arte conceptual en México con figuras como Alejandro Jodorowsky, Felipe Ehrenber, Víctor Muñoz, Marcos Kurtycs, entre otros. Asimismo, los grupos plantearon la posibilidad de abrir los horizontes estéticos y conceptuales del quehacer artístico en México consolidando lenguajes como el performance, la intervención en espacios públicos, la instalación. Lo más importante, en mi opinión, es la inclusión del público en los procesos de creación. Sin embargo, el legado de los grupos no pudo, ni ha podido, romper las barreras que representan los espacios de exhibición institucionales y, el cada vez más en boga, el mercado del arte.

 


1. Sánchez, B., Alma, La intervención artística de la Ciudad de México, CONACULTA-INBA-CENART, México, 2003. P. 103