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Afshin Ghaffarian


Por Rosa Castillo

 Para resistir, hay que existir

Para existir hay que crear.

Es así como el acto creativo se vuelve un arma

Y el poder expresarse es un arma en sí misma.

Afshin Ghaffarian

El poder del arte como medio de expresión y liberación de uno mismo no nos deja de sorprender. Puede que sea un afán romántico el hecho de pensar al arte como algo distinto, algo que mueve, algo que posibilita, pero historias como la de Afshin Ghaffarian no nos pueden dejar sin despertarnos un algo, un algo que también nos mueve y nos impulsa, un algo que nos recuerda lo que puede posibilitar el arte, la expresión, cuando se desarrolla como un arma verdadera, propia, de experiencia en el mundo, en este caso, contra su mundo.

Afshin creció en Irán pero debido a la prohibición de la danza en el gobierno islamita tuvo que estudiar teatro en la Universidad de Teherán. Su cuerpo le demandaba bailar y la única manera de aprender era a través de videos de youtube. Videos de grandes coreógrafos como Merce Cunningham o Pina Bausch le permitieron explorar distintos lenguajes al teatro y junto con otros cuatro compañeros decidieron fundar TANATOS, una compañía de danza totalmente clandestina.

Después de un año de esconderse para realizar los ensayos decidieron presentar por primera y única vez su creación: Medea. Junto con quince espectadores, los cinco bailarines manejaron desierto adentro 50 km para encontrar el único lugar donde podrían realizar la obra: “It was a great experience. It was dangerous, but in Iran danger is part of our lives every day” (Fue una gran experiencia. Fue peligroso, pero en Irán el peligro es parte de nuestras vidas día con día).

En 2008 la compañía dejó de juntarse y Afshin decidió unirse a una compañía de teatro autorizada que en ese mismo año fue invitada a presentarse en los escenarios alemanes. Al finalizar la última presentación de Strange but true en  Berlín, Afshin salió con una pulsera verde en una muestra de apoyo para el Movimiento Verde de la oposición, con una mano sobre su boca para simbolizar la represión de la libertad de expresión en el país y formando un signo de victoria con la otra.

Antes que los guardianes islamitas pudieran reaccionar, el bailarín iraní escapó a Francia. Desde que llegó a París, en el 2009, forma parte del Centro Nacional de la Danza (Centre National de la Dance) donde entró a una residencia de investigación para la temporada 2010-2011.

Su primera creación la llamó Le Cri Persan (El grito), creando su propia compañía “Reformances” con el fin de continuar su aventura artística.

De 2010 a 2012 creó y realizó varios espectáculos para festivales (Festival Passage de Témoins à Caen, Festival Dto. del 10 à Annecy, Festival Artdanthé à Paris, Festival Imaginez Maintenant à Paris, Festival Les temps d’arts à Lyon, un festival Jerk Off París, Manifestaciones Utopiques Ephémères de Saint Denis, Festival iraníes Artes EMPRESA). Y en 2011 el coreógrafo Thomas Lebrun creó para él solo: Eh bien je m’en irai loin (Y así que voy a ir muy lejos).  Actualmente trabaja con el sociólogo Baptiste Pizzinat.