Arte

Lista de Muerte


 

Una de las características que distinguen a las novísimas generaciones de realizadores es su total falta de respeto por los géneros fílmicos; cada vez es más común ver híbridos y películas con las que se es incapaz de adjudicarle alguna clasificación. Eso por supuesto es bueno: da la capacidad de mayor experimentación formal y para el espectador le otorga la posibilidad de una sorpresa mayor, ya que en este panorama, nada está realmente escrito. Un gran ejemplo es la incipiente filmografía del cineasta británico Ben Wheatley.

 

 

Con sólo cuatro largometrajes en su haber, Ben Wheatley amalgama estéticas que las sentimos familiares y les da una vuelta de 360° por lo que siempre se llega a finales inesperados, esto mientras que sus personajes gradualmente pierden el juicio y trastocan su psique por las circunstancias a las que son arrastrados. Al momento, lo más depurado de su estilo lo podemos ver en su segunda película, Kill List (2011).

 Kill List 03

 

Jay es un ex militar que posterior a servir al ejército en Irak, trabaja junto con su mejor amigo, Gal, como asesino a sueldo, al tiempo que trata (infructuosamente) de vivir en un entorno familiar, lo más normal posible junto con Shel, su esposa sueca y su pequeño hijo de siete años. Es obvio que un trabajo tan peculiar como este es a lo único que puede acceder un personaje al cual ya le es imposible insertarse en la sociedad: los brotes irracionales de violencia cada vez son más seguidos y de algún modo para él, son normales.

 

Kill List 05

 

Atravesando una nueva crisis, esta vez por problemas financieros, Jay acepta un nuevo encargo por parte de un misterioso cliente sin nombre, a pesar de que sigue cargando el trauma de una misión fallida en Kiev (cuyos detalles nunca se nos son revelados). El trabajo parece rutinario: eliminar junto con Gal a las personas que aparecen en la lista del título (las cuales son identificados simplemente como “El Cura”, “El Bibliotecario” y “El Policía Militar”), cobrar una cuantiosa cantidad y no dejar rastro alguno de los crímenes. Pero entonces, ¿por qué conforme el par está cumpliendo el trabajo, el ambiente se ha enrarecido? ¿Por qué las víctimas ya saben con anticipación que serán asesinadas y hasta lo agradecen? ¿Qué esconden sus contratantes?

 

Kill List 07

 

De típico melodrama doméstico a lo Mike Leigh; Wheatley convierte a Kill List en un inteligente y mal vibroso thriller que siempre está dos pasos adelante del espectador, dejando más pistas sueltas que respuestas, hasta desembocar en uno de los finales más enloquecidos y oscuros de los últimos años que provocará varias horas de discusión para descifrar qué se vio, mismo que le rinde un homenaje a la icónica película de terror The Wicker Man (Robin Hardy, 1973).

 

– Alberto Acuña