archivo

La vuelta a la imagen en Julio Cortázar, por Esteban King Álvarez


Agosto, 2017

En 2017 se cumplen cincuenta años de la aparición de dos publicaciones de Julio Cortázar que destacaron como propuestas radicales en el ámbito de la literatura, el arte y el diseño editorial, y que a la distancia nos arrojan una serie de interrogantes sobre la historia de las vanguardias en América Latina. Me refiero a La vuelta al día en ochenta mundos (1967) y Último Round (1969), realizados en colaboración con el artista visual Julio Silva y que tienen la particularidad de ser mitad textos, mitad imágenes.

Como asegura Marisol Luna Chávez en un libro de reciente aparición dedicado a estudiar a profundidad estas obras[1] , Cortázar demuestra en estos trabajos una capacidad inigualable para escribir en diferentes registros, con numerosos recursos y en distintos territorios estilísticos y géneros. Aunque el escritor argentino realizó otros trabajos donde la visualidad jugaba un papel primordial, en ningún otro lado el proyecto editorial fue tan arriesgado ni ambicioso como en estos dos casos.

A la fecha, la propuesta editorial resulta sorprendente y arriesgada. En el caso de Último Round, la edición original contaba con “dos pisos” que avanzaban a lo largo de todas las páginas y funcionaban como un universo paralelo durante todo el libro. En ambos, además, el tema de la visualidad no es un asunto menor, pues una de sus características es que contienen incontables imágenes provenientes de muy diversos contextos. A veces, este ámbito visual se complementa con el texto, a veces lo contradice y en ocasiones, incluso, lo ignora.

Si bien se trata de libros hermanos, su origen y motor de articulación es bastante diferente. Aunque ambos reúnen textos misceláneos, La vuelta al día recogió escritos inéditos o publicados con anterioridad a lo largo de muchos años, mientras que Último Round fue realizado con materiales generados ex profeso debido al éxito del primero. Si el primer libro está marcado por el viaje, el segundo lo está por una disgregación absoluta. En Último Round los contenidos son heterogéneos, no hay centro de gravedad y las posibles lecturas se multiplican: sus “dos pisos” abren una cantidad de posibilidades infinitas que sólo el lector puede activar.

Como muchos otros lectores de Cortázar, yo conocía solamente las ediciones de bolsillo editadas por Siglo XXI. Gracias a la reedición facsimilar de la Editorial RM, pude conocer la propuesta original. En su minucioso estudio, Marisol Luna enumera los cambios sufridos entre las primeras ediciones y las subsecuentes ediciones de bolsillo —de formato vertical y proporciones menores— que van desde modificaciones en la distribución espacial, hasta alteraciones tipográficas o incluso la exclusión de grabados, palabras o citas. Aunque esto modificó de forma agresiva su sentido original, fue paradójicamente lo que les permitió una mayor difusión y el acercamiento a un público más amplio.

La cantidad de temas que aparecen en estas publicaciones es inabarcable: va de la literatura erótica en Latinoamérica a Fluxus, del box y el tango a Thelonius Monk, y de Tristan Tzara a la relación asimétrica entre Estados Unidos y América Latina. Además, Cortázar vuelve en varias ocasiones sobre Marcel Duchamp y el Ready-made, El gran vidrio, Raymond Roussel, los juegos del lenguaje, la participación activa del espectador en una obra y la patafísica. Debido a esto, la escritora argentina Graciela Speranza dedicó todo un apartado de su libro Fuera de Campo a pensar la confluencia entre el cronopio por antonomasia y la obra duchampiana.[2]

Desde un punto de vista histórico, los libros de Cortázar y Silva señalan un momento importante en el ámbito de la vanguardia latinoamericana. En los mismos años, Vicente Rojo y Octavio Paz realizaron los Discos Visuales (1968), poemas que entremezclaron la poesía visual con el movimiento también a partir del interés en las notas crípticas y la obra de Marcel Duchamp. De igual forma, por la similitud entre los temas, la estructura y la relación lúdica entre texto e imagen, es imposible no pensar en el vínculo que existe entre los libros de los dos Julios y la revista S.nob (1962) que dirigió Salvador Elizondo. En ambos casos es posible observar la primacía de la imagen y el uso del collage como herramienta discursiva, así como la aparición del humor, la irreverencia y el erotismo desde un punto de vista que combina la tradición culta con la cultura popular.

Aunque puedan parecer superficiales, estas coincidencias llaman a pensar sobre el problema de la vanguardia en Latinoamérica. Por mencionar sólo un tema pendiente: tanto Cortázar como Elizondo sentían una gran atracción por André Breton y el surrealismo, pero estaban fascinados a un tiempo por los trabajos de Georges Bataille, filósofo disidente de la vanguardia bretoniana. Como han observado Dawn Ades, Rita Eder y Graciela Speranza, para comenzar a entender esta confluencia resulta importante repensar el legado del surrealismo en Latinoamérica no como si se tratara de vanguardia trasnochada, sino desde el punto de vista de una historia heterogénea y compleja donde se entrecruzan los trabajos de Julio Cortázar, Raúl Zurita, Alejandro Jodorowsky, Juan García Ponce, Salvador Elizondo e incluso Roberto Bolaño.[3]

Los libros de Cortázar y Silva, así como las investigaciones de Luna y Speranza, funcionan como propuestas para pensar la relación texto-imagen tanto desde una perspectiva teórico e histórica, como en función de nuestra vida cotidiana. En una sociedad como la que vivimos, bombardeada permanentemente por imágenes de consumo, este no es un asunto menor: se trata de publicaciones que invitan a detenerse a reflexionar sobre las articulaciones discursivas que se pueden establecer entre el ámbito verbal y visual.

Foto: Último Round | Cortesía del autor.

——

[1] Marisol Luna Chávez, La vuelta al día en ochenta mundos y Último Round de Julio Cortázar. Composición literaria y visual, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2014, 235 p.

[2] Speranza, Graciela. Fuera De Campo: Literatura y arte argentinos después de Duchamp. Barcelona: Editorial Anagrama, 2006.

[3]Ades, Dawn, Rita Eder, y Graciela Speranza. Surrealism in Latin America: Vivísimo Muerto. London: Tate, 2012.

——

Esteban King Álvarez es licenciado en Historia y maestro en Historia del Arte por la UNAM. Se desempeñó como curador e investigador en el Museo Universitario del Chopo y actualmente coordina el programa de exhibiciones en Espacio de Arte Contemporáneo (ESPAC).