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La obra incandescente de Marie Chouinard


Caracterizada por la amplitud técnica de sus bailarines y un diseño coreográfico cercano a lo erótico y provocador, la Compañía Marie Chouinard escenificó su versión de La consagración de la primavera en el Palacio de Bellas Artes del 1 al 3 de agosto. El programa de este grupo originario de Quebec, Canadá lo completó Preludio a la siesta de un fauno, obra que trastoca la identidad de género y la sexualidad.

Fundada en 1990, la compañía que dirige Chouinard utiliza como materia prima la carne, los huesos y los músculos de sus bailarines. Las piezas sugieren estar creadas a partir del esfuerzo físico y el virtuosismo técnico de los cuerpos estrictamente entrenados. El requerimiento básico es el vigor de los movimientos, la fuerza y resistencia cinética que ayuda a la coreógrafa a crear imágenes “incandescentes” sobre el escenario.

 

 
En Preludio a la siesta de un fauno, compuesta por Chouinard en 1994, se recrea un pasaje mitológico en el que el personaje principal es un semidiós mitad hombre, mitad macho cabrío, ligado a la fecundidad del campo y la naturaleza. Con música de Debussy, la coreógrafa decidió que una bailarina interpretara al fauno, lo que choca con la idea tradicional de la pieza, cuya versión de Nijinski, creada en 1912, se convirtió en leyenda para la danza.

El vestuario y la utilería diseñados para Preludio… dotan a la bailarina de características sexuales masculinas. En una de las secuencias, el fauno arranca un trozo de su cuerno y lo incrusta en su entrepierna simulando un falo que fecunda varios haces de luz. Durante toda la coreografía lo erótico se representa al máximo, de forma muy explícita, a partir de movimientos pélvicos principalmente.

 

 
Para el repertorio de Chouinard, La consagración de la primavera es una de las obras más sobresalientes. Originada en 1993, es la primera coreografía que compuso basada en una partitura musical. En este trabajo también emplea de forma significativa la luz, la cual oculta y devela el cuerpo de cada uno de los diez bailarines que participan. Uno de los elementos que diferencia esta versión de las de otros coreógrafos que han utilizado la música de Stravinski es que fue creada a partir de solos y bajo la premisa de ser un juego totalmente formal.

Chouinard explica: “No hay una historia en mi Consagración, no hay desarrollo, no hay causa y efecto. Solo sincronía. Es como si estuviera tratando el preciso momento después de que apareciera la vida por primera vez. La coreografía es el despliegue de ese justo instante; tengo la sensación de que antes de ese momento hubo una explosión extraordinaria de luz, un destello de luminosidad.”

 

– Silverio Orduña