Arte

La noche de la expiación


Por Abel Cervantes 

 

 

Cierto cine comercial expone con eficacia las dinámicas políticas y económicas que condicionan a la sociedad. Es el caso de La noche de la expiación (The Purge), que se estrenó el viernes pasado en las salas del país. El argumento es magnífico: en 2022 el gobierno de Estados Unidos permite que anualmente, durante 12 horas, los ciudadanos asesinen sin ser penalizados. Esto fomenta que, por un lado, las clases altas adquieran sistemas de seguridad para sus casas y que, por el otro, compren armas para matar o para defenderse. Así, la economía se reactiva y el gobierno logra que el resto del año los índices de criminalidad sean mínimos.

El filme muestra lo que sucede en una de esas noches al interior del hogar de la familia Sandin, que ha conformado una pequeña fortuna vendiendo sistemas de seguridad. Charlie, el hijo (Max Burkholder), permite que un joven negro se refugie en la casa para huir de un grupo de jóvenes blancos que desea liquidarlo. No obstante, los perseguidores amenazan con eliminar a los padres y a los dos hijos si éstos no les entregan al fugitivo. El espectador enfrenta dilemas éticos provocados con toda intención por los creadores de la cinta (James DeMonaco, director; Michael Bay, productor): ¿la familia debe entregar al cautivo a cambio de su sobrevivencia?

Quizás una escena innecesaria tiene lugar cuando una supuesta amiga de la familia explica didácticamente el odio que los Sandin han producido en los vecinos. Por lo demás La noche de la expiación proyecta espléndidamente secuencias violentas. La cámara se mueve apresurada y temblorosamente para transmitir sensaciones amenazadoras, como ocurre cuando James (Ethan Hawke) entabla un duelo a muerte con un trío de jóvenes, y a través de un ritmo apacible para provocar inquietud en el espectador; cuando el intruso captura a la hija y obliga a la mamá a dispararle o dejarlo ir, por ejemplo.

El filme es una severa crítica al mandato presidencial de George Bush, que fomentó el crecimiento económico a partir de la guerra, pero también incumbe a la administración de Obama, que ha seguido una política parecida. Vale la pena observar lo siguiente: dentro del grupo conservador asesino figuran una mujer negra y un hombre oriental. La diferencia de razas, parece decir el director, no interesa en Estados Unidos; la gente vale por su dinero.