archivo

La lengua criolla y la religión vudú como forma de resistencia anticolonial, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Mayo, 2016

Ayiti sé manman libèté. Si l tombé la leve! Haití es la madre de la libertad. Ella puede caerse, ella se levantará!

Dicho popular

Hoy Haití se bate entre la imposibilidad de llevar a cabo un proceso electoral transparente, que obedezca a los intereses del pueblo y no los intereses impuestos por EU y una pequeña élite conformada por políticos y empresarios y la lucha de muchas organizaciones por esclarecer lo que pareciera, no dejar dudas, fue un proceso de fraude, para poder proceder a tener elecciones y tratar de construir un futuro digno para la gran mayoría del pueblo haitiano, a quienes la pobreza extrema les ha sido impuesta como forma de sometimiento.

No obstante el aplazamiento de elecciones, así como los distintos conflictos que han sido manufacturados en la región (incluyendo los intentos por imponer proyectos de minería a cielo abierto por parte de EU y Canadá), es poca la información —o más bien escasa— que llega a México sobre la isla, cuya imagen principal es comúnmente asociada al terrible terremoto que tuvo lugar en 2010, donde más de 300,000 personas perdieron la vida y a la presencia de “fuerzas de pacificación” impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a través de la MINUSTAH (1), otra forma de intervención y ocupación.

Pero la historia de este estado perpetuo de conflicto tiene una genealogía mucho más profunda y compleja, la cual una vez analizada con detenimiento, deja ver que la isla ha sido históricamente una suerte de laboratorio de experimentación de las potencias —como tantos otros en América Latina—. Todo esto ha sido posible a través de la imposición de un modelo político, sumamente lucrativo, basado en la crisis y el conflicto, también conocido como —capitalismo de desastre—(2). Pero existe también otra historia, una que rara vez es mencionada y que versa sobre las importantes luchas, formas de organización y resistencia, muchas de las cuales empezaron, probablemente, en el momento mismo en que los africanos al ser privados de su libertad por europeos, decidieron combatir.

Las formas en que resistieron fueron diversas y todas éstas pueden aglutinarse bajo lo que se conoce como cimarronaje, que no sólo denomina al acto de liberación emprendido a través de la huida de muchos de los esclavos de las plantaciones para resguardarse y crear comunidades alternas en las montañas (3), sino también a las numerosas formas en que incluso, dentro de las plantaciones (4), lucharon, logrando desencadenar, todos en conjunto, lo que finalmente se tradujo en la lucha por la independencia y la pronunciación de soberanía de la primera república negra de América Latina (5). Una historia que ha tratado de ser relegada al olvido ya que como explica en su libro Haití más allá del espejo: historia, cultura y subdesarrollo el historiador Godel Mezilas: “La revolución nacional nunca fue aceptada por las potencias europeas por el hecho de que puso en cuestión sus intereses vitales en una región que contribuyó a enriquecerlos durante siglos y lo sigue haciendo” (6).

El cimarronaje puede comprenderse así como una forma de resistencia que abarca no sólo cuestiones sociales, políticas y económicas, sino también culturales, es decir, a la vida misma. Así, este acto se materializa de muchos modos y tres de estas formas fundamentales en las que cobra vida son la lengua criolla, el lakú y el vudú las cuales siguen permeando el modo de vivir y comprender la realidad de los haitianos. Laurent Dubois, estudioso de Haití, explica precisamente que: “[…] Gracias a unas formas culturales muy fuertes y ampliamente compartidas, —la lengua criolla, la religión vudú e innovadoras formas de gestión de la tierra— construyeron una sociedad capaz de resistir a toda forma de sometimiento que recordase los días de la esclavitud” (7).

Hoy, pese a la idea de que el francés es la lengua oficial de la república caribeña y pese a la resistencia que aún existe en negar el vudú como parte fundamental de la vida de los haitianos, estas dos formas siguen siendo pilar de la sociedad. De acuerdo con André Eugène, un artista de origen haitiano, la lengua criolla encuentra su origen en las plantaciones coloniales, donde “en sus inicios el criollo era un método básico y rudimentario de comunicación lingüística entre las diferentes variedades culturales y geográficas que poblaban la colonia” (8). No obstante, tras la revolución, el también conocido creole, paso a ser una forma de resistencia lingüística ante el intento por imponer el francés como lengua general; se trata según André, de una transformación a través de la cual “el criollo pasó a ser la lengua de repliegue y resistencia frente al estado metropolitano, que seguía utilizando el francés como lengua vehicular de poder y capital en Haití” (9).

El lakú por su parte, era una forma en que se organizaba y gestionaban las tierras colectivas “(…) consistente en el agrupamiento de construcciones en torno al área que ocupaba la vivienda —extensible a familiar multi-generacionales y formas de gestión de la tierra y de la propiedad— con el objetivo de evitar el regreso a las plantaciones y a las prácticas de trabajo cooperativas y mercantilistas” (10). Finalmente, el vudú, puede comprenderse como ” una religión “criollizada” que se forja entre la población esclava africana y sus descendientes y que está compuesta por elementos tomados de un amplio abanico de las prácticas religiosas más diversas, entre las que se incluye un gran número de tradiciones africanas de diferentes grupos étnicos (…)” (11).

Se trata de tres formas fundamentales que han jugado un papel determinante en la resistencia entre los pobladores de Haití y se han conformado como expresión del cimarronaje cultural. Mezilas explica al respecto que:

“La música, la danza, el rito, la pintura, el teatro y el vudú son parte de la formación sociohistórica haitiana y son lenguajes del cimarronaje cultural, debido a la superexplotación colonial y la totalidad simbólica europea. Desde los inicios de su historia, las expresiones culturales subalternas desempeñaron un papel clave en las luchas contra el proceso de deshumanización, descivilización, despersonalización del esclavo, que fue visto como bárbaro, salvaje y ontológicamente inferior a los amos europeos” (12)

Hoy estas formas de cimarronaje siguen vigentes, sea bien por el modo en que se organizan, por la memoria de lucha de sus antepasados que se sigue respirando; por la resistencia ante la imposición del francés o bien, por la práctica del vudú. El cimarronaje sigue siendo así una parte fundamental de la lucha, cuando no pilar del proyecto de vida, frente al proyecto de muerte que buscan imponer los intereses internacionales. Precisamente este cimarronaje es una de las fuerzas que impulsó la creación de un espacio que conocí durante mi visita a la isla llamado ATIS REZISTANS (13) donde artistas de todas las edades participan.

Localizado en el la zona centro sobre lo que se conoce como Boulevard Dessalines o Grand Rue, una avenida que recorre de norte a sur la ciudad de Puerto Príncipe, forma parte de “un área que tradicionalmente ha producido pequeños alfareros para el cada vez menor mercado de turismo” (14) . El Boulevard fue además, una de las zonas más afectadas por el terremoto y permanece hoy sumida en ruinas (15) además de que es uno de los puntos donde mayor cantidad de desechos se aglutinan en las calles que conviven junto con la actividad diaria de comerciantes y habitantes de la zona que viven principalmente en casas hechizas. Es está atmósfera que los de ATIS REZISTANS catalogan como junkyard la que inspira gran parte del trabajo que se muestra en el espacio, ya que los artistas al partir de la premisa de que los materiales tienen otras vidas, se dedican a recogerlos y emplearlos en muchos de los objetos que se muestran al interior del espacio.

La entrada del espacio se encuentra cerca del mercado de artesanías. Una estructura de viejo hierro de gran escala anuncia el nombre del espacio y la entrada donde se lee “ATIS REZISTANS”. Conforme uno va entrando, es posible asomarse a los ateliers de diferentes artistas que colaboran en el proyecto, donde todas sus creaciones están dispuestas en diferentes montajes. Las paredes, llenas de pequeñas figuras hechas en su mayoría de neumáticos reciclados, evocan diferentes espíritus de la cultura vudú. Pasando la primera puerta, uno puede o bien entrar a la vivienda de André Eugène, el fundador del proyecto, o bien ingresar a otro espacio que ofrece una mesa a los que diariamente trabajan ahí o confluyen rodeados de cientos de esculturas hechas con estos materiales recuperados. Desde viejas televisiones, partes de coches, fierros oxidados, pedazos de madera, zapatos y otros objetos, uno puede encontrarse casi cualquier material que ha encontrado ahora otra vida.

Charlando con Eugène, mencionó que más allá del arte, él considera que la resistencia lo abarca todo, como si fuera una forma de caminar. El artista explicó: “Resistencia significa para mí luchar por la justicia social, pero también luchar en la vida cotidiana, por las cosas que suceden en tu vida, en tu país, en tu cultura pero sobre todo, en tu vida” (16) . En este sentido, la resistencia se vincula no sólo con el presente sino que tiene una relación fundamental con el pasado, ya que fueron los primeros en resistir a la imposición y dominación de los europeos. Estamos hablando de un país donde la relación con sus antepasados es fundamental. No sólo se trata de una lucha que se establece por sobrevivir, por imaginar las formas para alimentarse, para poderse sustentar, sino también una lucha por hacer de ese pasado, un pasado digno y sobretodo vivo, por conmemorar la lucha de sus antepasados, un pasado permeado y determinado por la esclavización de millones de africanos (17), que lograron la independencia de Haití, la primera república negra en independizarse del yugo de aquellos que intentaron dominarlos.

La justificación de que los pobladores de África no eran humanos, sino bestias, como se argumentó en el Código Negro, posibilitó no sólo el acto inhumano de privar a alguien de su libertad como si fuesen mercancía sino que además conllevó que los traslados tuvieran lugar en condiciones brutales. C.LR. James relata que los esclavos capturados eran primero dispuestos los unos con los otros en columnas, y a su vez, les disponían piedras que llegaban a pesar más de 18 kilos para evitar intentos de fuga. Tras esto, eran obligados a caminar decenas de kilómetros hasta llegar al mar, lo que ocasionaba que muchos de ellos murieran en el traslado. Algunos otros eran trasladados a las costas en canoas, dispuestos en ellas tendidos en el suelo, con las manos y los pies atados, impidiéndoles escaparse. Al llegar a los puertos, se les guardaba en “empalizadas·, que eran cajas que describen como “antros putrefactos” donde los que sobrevivían aguardan hasta que progresivamente el barco negrero se llenara para poder zarpar. Dentro de los barcos, se les disponía en galerías escalonadas donde a cada uno le era asignado un espacio que ronda el metro y medio de largo por uno de alto, lo que ocasionaba que no pudieran ir ni sentados ni acostados durante todo el trayecto.

C.LR. James, menciona también que en la época, hubo una serie de mentiras difundidas acerca de la docilidad de los cautivos además de que argumentaban lo que hacían abogando por las circunstancias que encontrarían en América, mucho mejores que aquellas en las que vivían en África. Contrario a esto, se sabe que muchas de las medidas que fueron tomando a la hora de privar de su libertad y esclavizar a los pobladores, se fueron volviendo cada vez más crudas por los actos de resistencia y la lucha que daban contra los colonizadores. Además, en el caso de aquellos que lograban llevar hasta los barcos negreros, se sabe que fueron muchas las rebeliones que tuvieron lugar, ante lo cual los negreros optaron por atarles la mano derecha al pie derecho y la mano izquierda al `pie izquierdo con el propósito de inmovilizarlos por completo. Finalmente, y en un último intento durante el traslado de negarse a ser dominados, se sabe que muchos por una mezcla de dolor, rabia y desesperación, emprendieron tanto huelgas de hambre como terminaron por arrojarse sobre la tripulación, matando a muchos de los blancos del barco, además de que muchos acabaron con sus vidas lanzándose al mar y muriendo ahogados (18). Fueron todos estos los primeros actos de cimarronaje empleados, que serían seguidos por muchos más.

Es este pasado que sigue permeando hoy a la isla, ya que si bien lograron su independencia nuevas formas de colonialismo a través por ejemplo de las políticas de dependencia impuestas por EE.UU siguen teniendo lugar. En una de las obras que podemos encontrar ahí, vemos precisamente una suerte de casa hecha con fierros viejos donde se lee en la puerta de entrada “Le Chateau de l’esclavage”. La casa está compuesta por pequeños cuerpos moldeados en fierro viejo que evocan precisamente a todos los esclavos, a sus antepasados.

ATIS REZISTANS puede así ser experimentado como una suerte de memoria viva de una lucha que abarca muchos más años de los que tienen los fundadores. En este sentido, Eugène explica que las obras que forman parte del espacio “aluden a su herencia cultural compartida africana y haitiana, una visión distópica de ciencia ficción del futuro y la transformación positiva del acto de ensamblaje” (19). Se trata así de una memoria mucho más tangible que la que encontramos en los libros. Para el vudú, la creencia de que los espíritus se encuentran entre los vivos resulta fundamental, así uno puede ingresar a un espacio donde precisamente, esos espíritus deambulan entre ellos pero también entre los que quiera percibirlos.

Actualmente, son 9 los artistas que forman parte del espacio, André Eugène (1959), Jean Claude Saintilus aka Kaliko (1960), Jean Robert Palanquet aka Ti Jean (1963), Ronald Bazile aka Cheby (1980), Destimare Pierre Isnèl aka Louko (1970), Gétho Jean Baptiste, Evel Romain (1969), Wesner Bazile (1961) y Riko, todos de origen haitiano además de dos grupos, Ti moun colectivo de niños de entre 6 y 18 años que actualmente aprender de otros artistas del barrio y crean obras en conjunto y Tele Geto, proyecto creado por Ti moun durante la Guetto Bienale, organizada por todos los integrantes en colaboración con artistas de diferentes países que participan con sus obras.

Referencias bibliográficas

1.La resolución a la que se refiere es la 1512 aprobada por el Consejo de Seguridad en su 4961º sesión, celebrada el 30 de abril del 2004 y que puede ser consultada aquí.
2.Al respecto, puede consultarse el siguiente texto: Haití: la del conflicto, disponible en línea aquí.
3.Los cimarrones formaban en las montañas lo que se conoce como Quilombos, “(…) eran poblados construidos en terrenos difíciles de acceder, ya fuese entre acantilados, o en medio de la selva. A ellos sólo se llegaba atravesando filos muy estrechos o pantanos muy peligrosos. Los palenques, en su mayor parte fortificados con empalizadas, se convirtieron en centros de actividad de la , sirviendo como campamentos de provisión y entrenamiento para la acción guerrillera y refugio para cuantos deseaban unirse a la causa de la libertad.” Fuente disponible en línea aquí.
4.A. Pinto Tortosa, explica en su texto Una colonia en la encrucijada: Santo Domingo, entre la revolución haitiana y la Reconquista española, 1791-1809, que “La mayoría de los expertos en la revolución haitiana, coincide en afirmar que hubo dos formas fundamentales de resistencia: la resistencia violenta, cuyas principales vías de expresión fueron el cimarronaje y las rebeliones negras, y la resistencia no violenta. Esta última, quedó de manifiesto en varias acciones cotidianas que, lejos de aspirar a acabar con el orden esclavista súbitamente, tendían a erosionarlo poco a poco.
5.Se dice que el estallido revolucionario ocurrió mientras se celebraba una ceremonia vudú en lo que se conoce como Boïs Caiman. Las insurrecciones esclavas iniciaron alrededor de 1791 y culminarían el 1 de enero de 1804, cuando se declara el nacimiento de la nueva república.
6.Godel Mezilas, Haití más allá del espejo: historia, cultura, subdesarrollo, ed. Praxis, México, 2011, pp. 43
7.Guetto Biennale, El criollo, el vudú y el lakú como formas de resistencia, disponible en línea aquí.
8.Ibíd.
9.Op. Cit.
10.Op. Cit.
11.Op. Cit.
12.Godel Mezilas, Haití más allá del espejo: historia, cultura, subdesarrollo, ed. Praxis, México, 2011, pp. 76
13.La página del sitio puede consultarse aquí.
14.Cita tomada aquí.
15.Es importante mencionar que lo que se conoce como “la reconstrucción de Haití” posterior al terremoto no tuvo realmente lugar. Muchos de los luchadores sociales nos explicaron durante la visita, que si bien la cantidad oficial de dinero destinado a ayudar a la república caribeña fue alto, muy poco de este dinero efectivamente llegó. Por un lado, fue asignado a organismos no gubernamentales que en lugar de gastar en dinero en infraestructura en zonas afectadas, lo destinaron a comprar “ayudas” en sus países de origen y enviarlas a Haití. Por otro lado, otra parte importante del presupuesto permaneció en República Dominicana. Además de que el presupuesto que efectivamente llegó a la isla, fue acaparado por las élites políticas. En resumen, el país se encuentra en condiciones ya no de alarma, pero si viviendo bajo las ruinas, pobreza y precariedad que dejó el temblor tras de sí, que se suman a las que ya existían.
16.Fragmento tomado de una entrevista que se realizó al artista.
17.”Las cifras de africanos desembarcados en Santo Domingo eran considerables. Los 47,000 de 1720 se habían convertido en 80,000 en 1730. A partir de ese momento el crecimiento fue explosivo: 172,000 hacia 1754, para aumentar con mayor intensidad aun entre 1763 y 1789, de 206.000 a 465.429″. James Walvin, Los jacobinos negros, Ed. Alianza, Madrid, 1986, pp. 12
18.Ibíd. pp. 24
19.Cita tomada de aquí.

Foto: Agencia Autónoma de Comunicación Subversiones.