Arte

A LA FRANCESA


Por Andrés Reyes / @MrIntra

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

El pasado es interesante no sólo por la belleza que han sabido extraerle los artistas para quienes era el presente, sino también como pasado, por su valor histórico.

Charles Boudelaire, El pintor de la vida moderna, 1863.

Pocas veces tenemos la oportunidad de maravillarnos estéticamente frente a las grandes colecciones de pintura europea sin que sea a través de un libro de historia del arte; y sin embargo en este fin de año se nos presenta lo oportunidad de hacerlo por solo diez pesos, pues se encuentra en nuestro país parte de la colección Walter-Guillaume en la que encuentran artistas franceses de la talle de Cézanne, Gauguin, Matisse, Modigliani, Monet y Picasso entre otros. Esta colección, originaria del Musée de l’Orangerie en Paris, forma parte de la muestra que presenta el Museo Dolores Olmedo titulada Obras Maestras del Musée de l’Orangerie en donde se exhiben treinta obras impresionistas de al menos once artistas pertenecientes al movimiento modernista francés. La muestra nace tras cuatro años de gestión, a partir del intercambio temporal de obras entre ambas instituciones, para lo cual, el Dolores Olmedo prestó piezas de  Diego Rivera y Frida Kahlo para la conformación de la exposición Frida Kahlo / Diego Rivera
L’art en fusion presentándose actualmente en el museo parisino.

Como exposición, se trata de una muestra con una excelente museografía, el contraste cromático entre las obras y los colores seleccionados para las paredes me parece muy atinado; sin embargo la curaduría, además de haber ignorado completamente las piezas prehispánicas instaladas en las salas del Omedo, parece buscar que tanto las obras y los autores huéspedes, como su procedencia, hablen y se sostengan discursivamente por sí mismos. Si bien me parece que la relevancia histórica en cuanto a la novedad del préstamo entre ambas instituciones museísticas sostiene someramente la muestra, creo que es demasiado simplista limitarse a colgar las pinturas en grupos por autor en las paredes del museo. El discurso presentado sobre el origen de la colección Walter-Guillaume, desde su recopilación por Paul Guillaume (1891-1934) y hasta su trayecto al Musée de l’Orangerie, no le hace justicia a las obras que conforman la exposición, pues además de relegarlas a un segundo plano, la curaduría obvia sínicamente del valor histórico de estos artistas que tras ser rechazados por los salones academicistas de Paris, marcaron un parte aguas en la pintura que hoy entendemos como modernidad.

No obstante, para todos los amantes de la pintura impresionista, esta es la exposición que no pueden dejar pasar; estará presentándose hasta el 19 de enero del 2014.