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La danza como pesadilla


La danza contemporánea toma la forma del corazón de las violetas, pero se convierte, al fin, en una pesadilla. Esta es una metáfora escrita por Mario Bellatin en su novela Flores, Premio Xavier Villaurrutia 2001.

Por Silverio Orduña

 

Compuesta por 36 relatos cortos, esta obra dedica uno de ellos para describir un sueño recurrente que afecta a su personaje principal: un escritor que investiga sobre las “sexualidades alternativas” para construir su relato más reciente. Lo que sobresale de este capítulo es la propuesta escénica que Bellatin, el autor, logra elaborar por medio del lenguaje de la literatura.

El relato comienza cuando el escritor, uno de los protagonistas de la novela, en sueños, mira fijamente una maceta de violetas que pertenece a su madre. El corazón de esas flores lo transporta a un escenario donde suceden escenas pormenorizadas por Bellatin. Destaca que el personaje utiliza una pierna artificial y que varios bailarines de ballet se deshacen de sus trajes y zapatillas para cubrirse con leotardos muy ajustados, lo que implica el abandono de la danza clásica por la danza contemporánea.

 

 

El personaje del escritor es despojado inexplicablemente de su prótesis y él se encuentra en el borde del escenario. De pronto, dos mujeres disfrazadas de enfermeras se acercan al centro del teatro empujando a dos niños en sillas de ruedas. Los arrojan hacia el piso. El público ríe, disfruta con la crueldad de tal imagen de indefensión. Enseguida, las enfermeras se dirigen hacia el escritor con el fin de embestirlo. Él decide huir de ellas y entra al escenario dando pequeños saltos. La función de danza termina ahí, ¿inconclusa? El escritor vuelve a ver las violetas de su madre. La pesadilla finaliza.

Algunas obras de danza contemporánea parecen pesadillas, como la descrita por Bellatin. Desesperan, incomodan, tensan. Este género dancístico permite la experimentación corporal, temática y narrativa. El arte evoluciona cuando se derroca una corriente por otra, y este tipo de danza se define, se cuestiona y se redefine de forma constante. Tanto la producción como el consumo se hacen más complejos.

Las propuestas de danza contemporánea son infinitas, cada coreógrafo y cada bailarín aportan su individualidad. A veces resulta una pesadilla bien elaborada con un sustento estético definido; a veces falla y se transforma en pesadilla para el público que no entiende nada de lo que sucede en el escenario, donde se evidencia la falta de rigor coreográfico y la carencia de un hecho artístico.

 

Aquí, una de mis pesadillas favoritas: