Arte

La conversación, una película de Francis Ford Coppola


Por Alejandro Murillo / @fugitivo5

 

 

La primera vez que Francis Ford Coppola (EU, 1939) recibió del jurado en Cannes la Palma de oro por La conversación (1974), una película que desde el título sugiere la importancia de la banda sonora tanto para la historia como para las formas audiovisuales que la representan. Una obra audiovisual que sí pondera el orden de los componentes de este término, enalteciendo el potencial dramático de las tecnologías que posibilitan al cine.

Silencio. La película cuenta una aventura en la vida de Harry Caul, un detective moderno, algo menos excéntrico si se lo compara con Sherlock Holmes, James Bond o Hercule Poirot; tan privado que, excepto por sus devotas creencias religiosas y la eminencia en su profesión, mantiene su vida entera en secreto hasta para su novia.

Micrófonos prendidos. La conversación del título se materializa, en la historia, mediante las cintas de audio donde se graba. De igual modo, influye en el esclarecimiento de un misterioso crimen latente. Así, las imágenes de la película son el registro de una invasión de la intimidad, es decir los deseos y secretos, la represión, estrategias y torpezas de convivencia y repliegue social de su protagonista. Un genio de la escucha parabólica atormentado por demoniacas visualizaciones internas.

Música de fondo. Además de unos músicos callejeros impiden que una parte de la conversación sea legible a simple escucha, Harry Caul solamente escucha, durante toda la película, un disco de jazz junto al cual entona de vez en cuando algunas improvisaciones en su saxofón, aparentemente el único pasatiempo del enigmático personaje.

Esa es la música que suena en la realidad de Harry. En la otra dimensión, un piano es toda la orquesta bajo la que se compone el tema principal. La mayoría de las variaciones que componen casi toda la música de fondo de la película, que no hacen sonar los personajes sino la película misma: la que cede su paso al diálogo con la misma capacidad con que sube de volumen hasta acallar un motor o un gesto, ambientar tanto una súbita fantasía terrorífica como una verdadera pesadilla, acompañar un coqueteo o fijar el recuerdo de un amor perdido. En total: hablar de los secretos mórbidos que el personaje necesita expiar. Melodía, instrumentación y variaciones suelen ser tres componentes tradicionales de la música para cine. Las notas de un tema se identifican con el género de una película y estilizan la dramaturgia.