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La botánica de Helen Fowler, por Daniel Garza-Usabiaga


Septiembre, 2017

Helen Fowler (EE. UU, 1904-1984) publicó en 1961 su libro Mexican Flowering Trees and Plants, un estudio sobre árboles, arbustos, enredaderas, epífitas, herbáceas y cactus florales que se pueden encontrar en el territorio nacional[1]. Como la misma autora escribió en su introducción, la publicación buscaba ser una alternativa ante la carencia de estudios de este tipo. De hecho, cuando Fowler empezó su investigación, alrededor de 1945, no existía un jardín botánico en el país que coleccionara y contuviera la enorme diversidad de árboles florales y plantas existente en México. Aunque para la fecha de publicación del libro, la Universidad Nacional Autónoma de México se encontraba en el proceso de constituir el suyo, es probable que la autora haya concebido inicialmente este proyecto editorial como una especie de jardín ilustrado a la vez que una guía para los interesados en conocer más sobre el tema.

El conocimiento sobre plantas con el que contaba Fowler fue puesto en práctica directamente en el diseño de jardines, principalmente en el de su propia casa, construida por su esposo Juan O’Gorman en Avenida San Jerónimo. En algunas de las fotografías que documentan esta destacada casa-manifiesto de la arquitectura moderna de México, se puede apreciar la exuberancia del jardín y la forma en la que parece relacionarse con la construcción, a manera de un complemento idóneo. En las fotografías a color, tomadas por Juan Guzmán (Hans Gutmann), se observa cómo el colorido de algunas flores respondía a la policromía que caracterizaba el recubrimiento pétreo de la casa. Fowler, como O’Gorman, también desarrolló una práctica dentro del campo de la pintura sólo que, en su caso, su producción se distinguió por soluciones no figurativas. Fue, de hecho, una notable artista “abstracta” aunque su obra es ampliamente desconocida. Para su libro, pintó una centena de acuarelas a la manera de ilustraciones científicas de las plantas que comenta en cada una de las páginas. Las ilustraciones son de una evidente calidad y fueron realizadas a partir de ejemplos reales que Fowler recolectó durante múltiples viajes por distintos puntos de la república mexicana.

La breve introducción escrita por Fowler para su libro comienza subrayando la particular exuberancia de la vida vegetal en México en comparación con otros países (muy probablemente teniendo en mente a su natal Estados Unidos). También describe la importancia de las plantas, las flores y la jardinería en la época prehispánica, citando las crónicas de Bernal Díaz del Castillo quien comparó los jardines mexicanos con los escenarios mágicos descritos en Amadís de Gaula. Del mismo modo, recalca el valor medicinal de las plantas y el uso simbólico o ritual de algunas flores que sobrevivió en ciertas prácticas y festejos hasta el siglo XX. En todo momento, Fowler parece enfatizar vínculos culturales ancestrales con las plantas que simplemente no existen en otros países en los que, por lo general, son vistas únicamente como ornato doméstico o una especie de mercancía que se da como regalo en ocasiones o festejos.

Este último punto es desarrollado por Fowler en cada una de las descripciones que escribe sobre las más de cien plantas y flores que cubren su investigación. En estos textos cumple los requisitos básicos de cualquier estudio botánico: descripción, clasificación, distribución, identificación, fisiología, morfología, entre otras cuestiones. No obstante, la autora va más allá de esto. Incluye, además, datos sobre la historia de las flores y plantas, usos medicinales o usos rituales.

El estudio detallado de cada una de las flores y plantas investigadas por Fowler revela datos poco conocidos de su historia. Por ejemplo, narra la historia de la noche buena (Euphorbia pulcherrima) y de la dalia (Dahlia coccinea) como dos flores mexicanas que se expandieron alrededor de mundo. En el primer caso, la propagación de la noche buena se debió al diplomático estadounidense Joel R. Poinsett quien empezó a enviar semillas a Carolina del Norte en 1828, después de haber quedado fascinado por esta flor. En lo que respecta a la dalia, su exportación a Europa comenzó desde el siglo XVIII, aunque fue hasta finales del siglo XIX cuando esta flor se popularizó en el viejo continente una vez que, en Holanda, el botánico Van der Verg logró desarrollar variedades más grandes y vistosas a partir de la flor mexicana. La duerme de noche (Cassia Laevigata) fue introducida a Filipinas y Hawái vía el puerto de Acapulco, factor que determinó que en algunos puntos del Pacífico asiático sea referida comúnmente como “capulco”.

Los usos simbólicos de las plantas también son tratados por Fowler. Quizá una de las descripciones más emblemáticas de esto sea su texto sobre el peyote (Lophophora lewinii / Lophophora williamsii), una de las entradas más extensas del libro. En este apartado describe su uso entre los Huicholes y Tarahumaras, principalmente, y la creencia de que su consumo tiene el poder de dar salud, longevidad, purificar el cuerpo y el alma, así como proteger de los enemigos y la brujería. Fowler menciona que al consumirlo produce una gran felicidad, quita el hambre, la sed, el sueño y el cansancio, además permite tener asombrosas visiones en una multiplicidad de colores.

De esta manera, Fowler articula una botánica que contempla aspectos culturales; una botánica donde las plantas y flores son presentadas como parte activa de la cultura. Se podría decir que Mexican Flowering Trees and Plants es una investigación en una botánica cultural.

Fowler también es sensible a las formas sugerentes de ciertas plantas y flores que, en ocasiones, determinan el nombre coloquial de algunas de estas, como el cuernito o torito (Martynia fragans) o la oreja de burro (Echeveria gibbiflora). En la ilustración de Martynia fragans, por ejemplo, pone particular atención al fruto de la planta con el fin de señalar su semejanza con “un animal o insecto fantástico con dos cuernos” (Fowler). En este sentido, el interés de la artista y científica por las formas vegetales coincide con un recurso utilizado por O’Gorman quien, a partir de imágenes de árboles o plantas sugerentes, creaba personajes fantásticos y monstruos en algunas de sus pinturas. De esta forma se puede apreciar la originalidad de las ilustraciones de Fowler al ir más allá del registro documental, exclusivamente.

Las ilustraciones científicas, en ocasiones, parecen guardar otros fines. Esto se puede apreciar en la imagen de la jacaranda (Jacaranda acutifolia) en la que se ilustra el proceso de diseminación de la semilla de una manera muy sutil, al aparecer flotando a la par de las flores del árbol. Otro ejemplo es la representación del tacopate o flor de pato (Aristolochia grandiflora), en la que la flor aparece en gran tamaño y con aspecto amenazante en referencia a la idea de que era una planta “carnívora”. En la ilustración de la vainilla (Vanilla planifolia), Fowler incluye, a la par de su trabajo, pequeños dibujos de esta planta provenientes del Thesaurus de Hernández (1651) contraponiendo, así, dos imágenes científicas realizadas con tres siglos de distancia y demostrando los cambios formales ocurridos en este tipo de trabajo a lo largo del tiempo.

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Fotos: Cortesía del autor.

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[1] Mexican Flowering Trees and Plants. México: Ammex Asociados, 1961. En 1963, la UNAM publicó este libro en español bajo el titulo Plantas y flores de México. En ambos casos, sólo hubo una edición y el libro de Fowler se agotó rápidamente.

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Daniel Garza-Usabiaga se ha desempeñado como curador en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y como curador en jefe del Museo Universitario del Chopo. Recientemente estuvo a cargo de la dirección artística de Zona Maco, además de ser curador independiente.